| LABORALES
Nuevo decreto, nuevas dudas
Jorge Olivera Castillo LA HABANA, agosto (www.cubanet.org) - Raúl
Castro apuesta por disciplinar a la clase dirigente. Quiere, a toda costa, ir
modelando el país con estilo propio. Sabe que es el nuevo presidente y
busca poner en perspectiva el raulismo. Esa entelequia en la que no pocos analistas
citan como una manera de aplicar recetas semi-chinas o semi-vietnamitas.
En el caso cubano, la liberación en el ámbito económico se
presume sea limitada y sujeta a controles que eviten una aplicación intensiva
del capitalismo. En lo que atañe al poder político, ni hablar. El
Partido Comunista se resistirá a cualquier veleidad reformista. Si acaso,
algún cambio táctico que simule un ejercicio renovador, pero en
el fondo nada o muy poco más allá de las formas y el contenido actuales.
Se dice que el nuevo dueño de la república cuenta con capacidades
para insuflarle racionalidad al proyecto "revolucionario" que a casi
medio de siglo de existencia muestra un deterioro que la propaganda, por más
que lo intente, no puede ocultar. Castro II logró fundir la disciplina
militar con el pensamiento empresarial durante su larga trayectoria como ministro
de las Fuerzas Armadas. Según especialistas en el tema cubano, es el titular
de Defensa con más tiempo en el cargo. Un detalle que confirma la naturaleza
de una dictadura con ínfulas dinásticas y otros vicios derivados
del acaparamiento del poder. Hoy, los grandes empresarios son personas que
colgaron las charreteras y el fusil. Ahora gustan del traje de marca y los cócteles,
los viajes de negocios, las cuentas en dólares públicas y ocultas
y el roce con los pilares del capital extranjero. A la sombra de la ideología
que aún promulga el martirologio como un fin a cumplir unánimemente,
ellos han creado un mundo ajeno a tales postulados. En estos cónclaves
hay márgenes de eficiencia indiscutibles al compararlos con los conseguidos
en las industrias estatales. Los mejores niveles de organización, ahorro
y rentabilidad quedan a menudo por debajo del alto índice de corrupción,
una realidad que subsiste a discreción de jefes y subordinados. Al parecer
no hay manera de compaginar los constantes llamados al sacrificio y a la modestia
material con las tentaciones del mercado. Tengo la impresión que
el nuevo decreto para contener
las indisciplinas en los centros laborales tendrá pobres resultados. Las
medidas punitivas se centrarán en los cuadros profesionales del Partido,
dirigentes y funcionarios administrativos que no logren eliminar los robos y las
ausencias y llegadas tardes de los trabajadores. El escepticismo sobre tal
disposición no es gratuito. Es sabido que en la población laboralmente
activa prevalece la apatía y la intención de apropiarse de los recursos
del estado. Esto no va a variar sustancialmente con las presiones a los dirigentes.
De alguna manera ellos también deben formar parte del juego. Son personas
con aspiraciones y deseos enfrentados a exigencias no correspondidas con salarios
mediocres, pésimas condiciones de trabajo y una estela de contratiempos
que llegan a menoscabar la moral y la ética al ritmo del soborno, la malversación
y muchas otras prácticas perniciosas. Tan popular ha sido y es el
robo al estado que sus millones de practicantes llaman "resolver" al
arte de llevarse las cosas subrepticiamente. Sin un diseño estructural
de renovación que incluya temas claves como el derecho a ejercer el trabajo
particular sin absurdas restricciones, la solución del problema del transporte
urbano, la estimulación al desarrollo de una agricultura eficiente y diversificada
como garantía de acceso a productos alimenticios de calidad y bajos precios,
no se puede pensar en el éxito. Si estos son los primeros signos
de apertura del raulismo, pues se corroboran las sospechas de quienes piensan
que el destino del régimen, a corto plazo, es andar por las ramas y anteponer
más signos de interrogación a su desenvolvimiento. Habrá
dirigentes removidos de sus cargos por incumplimiento del deber, infractores sancionados,
pero la vida seguirá igual. Anárquica, a veces tragicómica,
por momentos aparentemente tranquila. Quizás el cambio venga de otra
manera. Rudo, violento, catastrófico. Anunciar más látigo
sin incentivos, es draconiano e insultante. Eso contribuirá a acumular
mayores cuotas de resentimientos, a que la gente observe con recelo al sucesor.
Por cierto, quisiera sugerir que el 1 de septiembre cuando entren en vigor las
medidas anunciadas, comiencen por las corporaciones dirigidas por personal castrense.
De allí salen hornadas de especuladores, ladrones y delincuentes de cuello
blanco. No me tomaría por sorpresa un escarmiento ejemplarizante
como cortina de humo y si la preferencia por imitar el modelo chino cobra fuerza,
no es descartable que fusilen a unos cuantos corruptos de alto nivel. Ya lo dije,
la hipotética apertura comienza mal y puede terminar peor. Documento
relacionado: Modificaciones
al sistema de trabajo con los cuadros, dirigentes y funcionarios del estado y
el gobierno / Decreto-Ley No. 251/07
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