PRENSA INDEPENDIENTE
Agosto 20, 2007

CULTURA
En el mercado de los libros

Luis Cino

LA HABANA, agosto (www.cubanet.org) "Madrid no nos entiende", se lamentó Borges hace más de seis décadas. Algunos autores cubanos se quejan hoy de lo mismo que el escritor bonaerense. Ante las dificultades para penetrar en el mercado editorial español, dicen que Madrid no los entiende y tampoco Barcelona.

Para los autores latinoamericanos, los meridianos editoriales siguen pasando inexorablemente por Madrid y Barcelona. Las editoriales españolas, para bien o para mal, obran como los filtros de la literatura que se hace al sur del Río Grande.

Varios autores residentes en Cuba triunfan en España: Pedro Juan Gutiérrez, Ena Lucía Portela, Leonardo Padura, Abilio Estévez, Senel Paz.

Sin embargo, un grupo de quejosos de la UNEAC adoptan poses de aldeanos acomplejados, paranoicos y resentidos. Pretenden que no les interesa el mercado editorial extranjero, para ellos fuente de todas las perversiones ideológicas y estéticas. Acusan de prostituir su arte a los que logran triunfar "afuera".

Se proclaman creadores elevados e incorruptibles, "ajenos a los premios pactados y a los intereses comerciales y políticos" que, según ellos, priman en las editoriales extranjeras.

Todavía a estas alturas, Iroel Sánchez, el presidente del Instituto Cubano del Libro, sigue repitiendo delirantes acusaciones contra Emir Rodríguez Monegal y Mundo Nuevo por "haber fabricado" a Cabrera Infante y Vargas Llosa.

En su artículo "De Valencia a Babelia: ¿un viaje en primera clase?" (Revista Casa de las Américas, número 246), el inefable Iroel habla de tenebrosos planes de la CIA respecto a los premios en 2006 de la editorial barcelonesa Anagrama a Rafael Rojas y el venezolano Alberto Herrera. De su suspicacia de comisario libresco respecto a "los encargos de la CIA" no escaparon ni autores de reconocida trayectoria en la izquierda mundial como Jean Paul Sartre, Carlos Fuentes o Manuel Vázquez Montalván.

De tales argumentos se nutrió, hace unos meses, en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, de La Habana, un panel sobre el mercado editorial en Iberoamérica. Lo que más se escuchó fue críticas a "la alfaguarización" y a "las historias de Centro Habana que se venden como pan caliente en el mercado ibérico".

Durante su intervención, la escritora Laidi Fernández de Juan expresó con amargura: "Me pregunto cuantos más de nosotros caeremos en la tentación de complacer a un mercado que nos desprecia, a fuerza de mentir o de exagerar en aras de un efímero éxito editorial, compitiendo a ver quién la pasó peor, quién sufrió más, quién fue más maltratado, quién vivía en peores condiciones".

Los quejosos dicen que se niegan a utilizar el uso de La Habana en los títulos de sus libros como "reclamo publicitario". No quieren dar la imagen de una ciudad en ruinas y un país en desbandada. Las historias de balseros, jineteras y alcohólicos les aburren y les resultan decadentes y de mal gusto.

Opinan que el realismo sucio pasó de moda. Prefieren los experimentos formales del postmodernismo, descontextualizar sus historias, bucear en la Queer Theory. Volver al banquete lezamiano ahora que no entrañan riesgos sus migas. Luego, se proclaman incomprendidos y discriminados.

Hoy, para los autores cubanos, abordar el sexo, la marginalidad y la sensación de desastre es inevitable. Tan inevitable como para un escritor brasileño escribir sobre las drogas, las favelas y la violencia callejera y parecerse a Rubem Fonseca o João Alberto Lins de Barros.

Ena Lucía Portela, Pedro Juan Gutiérrez y Leonardo Padura no escriben para complacer a sus lectores con lo que esperan leer sobre Cuba. Reflejan la realidad que viven. No hay otro paisaje posible que no incluya los escombros, las palabrotas y la asfixia.

Lo contrario sería escabullirse. Escribir cuentos de hadas tercer mundistas. Repetir los invariables personajes positivos, los finales optimistas y demás clichés del nefasto realismo socialista del Decenio Gris.

El lector en Cuba apenas tiene opciones dentro de la limitada oferta que le permiten. El mercado internacional tiene otras reglas de juego. El lector no es un cautivo, tiene derecho a elegir lo que lee. Los editores no pueden ser ajenos a ello. Determinadas adaptaciones no son concesiones al mercado, como pretenden en la UNEAC, sino a lectores pertenecientes a otra cultura.

Mientras los quejumbrosos encubren su mediocridad y su miedo tras el manto de la incorruptibilidad y las estrechas lealtades ideológicas, se pierden lo que pudiera ser el nuevo boom de la literatura latinoamericana. Se inició a fines de los años 90 en España. En él, hay varios autores cubanos (de la isla y de la diáspora).

Tal vez el criterio más sensato que se escuchó en el panel habanero sobre el marketing editorial en Iberoamérica fue el del escritor Senel Paz. Para Paz, "el mercado no es bueno ni malo, sino algo que existe, con lo que hay que trabajar. La solución no es darle la espalda, sino escribir buenos libros," dijo.

luicino2004@yahoo.com


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