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HUMOR
Nefasto entrevista a Madame Boutique (II)
Víctor Manuel Domínguez, Sindical
Press
LA HABANA, agosto (www.cubanet.org) - Como la
súbita desaparición de Madame Boutique
no fue a causa de un acto de brujería,
sino por el mal uso y empleo del detector de baches
con más de un metro de profundidad, reanudamos
la entrevista ahora con la diva sentada en silla
de ruedas, canilla entorchada en gasa, y un equipo
médico a su alrededor, todo gracias a los
euros desfigurados en CUC.
NB: Madame Boutique, según tengo entendido
usted realiza en la actualidad una exitosa carrera
como empresaria en la ciudad de París.
¿Tenía antecedentes de familiares
en el giro? ¿Cómo logró llegar
a la Ciudad Luz, y quiénes han contribuido
a esos triunfos?
MB: Sí, cómo no. Mi abuelo, abogado
en retiro, montó una empresa de reciclaje
en la calle Zanja, desde Infanta hasta Galiano,
y le fue muy bien.
NB: ¿Tenía muchos trabajadores?
MB: ¡No! Eran él y mi abuela, maestra
normalista retirada, metidos de cabeza en los
tambuchos de basura para recoger latas de cerveza
y refrescos, botellas, cartones y otros materiales
de alta demanda en el país.
NB: ¿Y los llevaban a la fábrica
para reciclar?
MB: ¿De dónde se habrá caído
este tipo? ¡Mi Dios! ¡En la acera,
tolete! Ahí mismo los aplastaban a taconazo
limpio y ¡fuácata!, para la casa
de cambio estatal donde los canjeaban por una
caja de refrescos, malta, un paquete de caramelos,
un mosquitero, un destornillador, entre otros
productos de primera necesidad que luego vendían
a granel en la calle Reina.
NB: ¿Las ganancias de ese negocio le permitieron
llegar a la Ciudad Luz?
MB: ¡Qué va, mi negro! Fue un apagón.
NB: ¿Cómo que un apagón?
MB: Claro, asere có, porque gracias a
que ese apagón puso a sudar dentro del
cuarto a sus doce inquilinos fue que salimos a
la acera y encontramos el milagro.
NB: ¿Un dirigente noble con una beca,
una propuesta de trabajo, o deseos de ayudar al
prójimo?
MB: ¡Y vuelve el hombre a delirar como
si se hubiera tomado un vaso de leche! No, señor
mío. Encontramos a Jean Pier Jean Pier
tirado en la acerca en calzoncillos, quejándose
de dolor y cantando aquello que dice así:
"Cuba, qué linda es Cuba, quien la
defiende la quiere más".
NB: ¿Y qué hicieron?
MB: Lo llevamos dentro, prendimos la vela asignada
para el ciclón, e invertimos el último
sobrecito de refresco instantáneo, el pan
que nos correspondía comernos al siguiente
día ante el anuncio de ciclón, y
rasgamos el célebre mosquitero que acompañó
a mi abuelo desde la zafra del 70 para vender
a Jean Pier Jean Pier.
NB: Entonces, ¿qué pasó?
MB: Nada, lo que tenía que pasar. Como
muestra de gratitud y premio por los servicios
prestados a su espalda Jean Jean Pier Pier decidió
significar sus 75 años de soltero y casarse
con una inocente como yo, de 18, quien tenía
amargas experiencias por el uso excesivo del movimiento
de mi cintura.
NB: ¿Era bailarina?
MB: No, mon petit, ¡jinetera de círculo
turístico! Pero ni con mi noveno grado
y este cuerpo que pone de pie y en atención
a un muerto había pasado más allá
de un joven alemán de 84 años, un
maduro pepe de 92 y hasta un adolescente chino
de 73, pero ninguno dispuesto a casarse, sólo
a retozar.
NB: ¿Y sus padres aceptaron el matrimonio?
MB: Cómo no. Si no me caso me matan. ¿O
es que usted piensa que el reciclaje da más
allá de un pomo de aceite y un ventilador?
Nos casamos y así fue como llegué
a la Ciudad Luz.
NB: ¿Y quiénes le han ayudado al
éxito de su carrera?
MB: Aparte de mi amiga Omara Ladi Yon, otras
personas que ahora le diré.
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