|
HUMOR
Nefasto entrevista a madame Boutique (I)
Víctor Manuel Domínguez, Sindical
Press
LA HABANA, agosto (www.cubanet.org) - La emoción
que sentí al ver aterrizar su avioneta
en una pista-terraplén rodeada de campos
de arroz en San José de los Lagos, Mayajigua,
se quedó enana comparada con los erizamientos
que me provocaron el estilo, la majestuosidad
y el garbo de Madame Boutique al poner chancleta
en tierra.
Toda gangarrias, sin una partícula de
su cuerpo libre de anillos, brazaletes, tatuajes,
pulsos, gafas, lentes, pamelas, sombras, luces,
reloj, talcos, cremas, perfumes, aros y cadenas,
La boutique descendió como un ángel
cautivo del vuelo Paraíso-El Infierno.
Grabadora en mano, sillín en entrepierna
y pedaleando a todo vapor, salvé los 189
baches de la impecable pista y casi caigo a los
pies de la Boutique por fallas en el neumático
delantero de mi bicicleta china forever.
Recuperado del susto y el dolor allí donde
tú sabes, procedí a realizarle una
entrevista.
Nefasto Boza: Por favor, Madame, unas palabras
para La bola incendiaria.
Madame Boutique: Ui, ui, asere có. Lo
que me sobra es muela -respondió con una
voz de gorrión enchambado en aguardiente
Coronilla al más glamoroso estilo Piaff-Secada.
NB: ¿Qué sensaciones la embargan
al regresar a suelo patrio?
MB: ¿Honestamente, cherri? Pues
una peste a pantano que no hay agua de colonia
Siete Potencia que la espante, y algo así
como picadas de insectos a causa de las pajas
de arroz cayendo sobre mí, sin contar el
perro dolor en los tobillos que me provoca caminar
en tacones por un suelo más accidentado
que un paisaje lunar o la carretera Alto Cedro-Cueto-Marcané.
NB: Perdón, madame, pero me refería
a las emociones que
MB: Ui ui, ui, mi solariego Pierrot, entiendo.
Un nudo en la garganta y una apretazón
en mi pecho que
NB: ¿La ponen triste?
MB: No, de ninguna manera, mi arroz con pitipuá.
La culpa es del nudo en mi cadena de 180 kilates
y las seis tallas menos del sostén que
no me deja apenas respirar.
NB: Bien, Madame. ¿Por qué su regreso
al país por Mayajigua? ¿Es usted
oriunda de aquí?
MB: No, mesié. Yo soy de Vayanigua, allá
en la capital. Nacida y criada en medio de la
felicidad.
NB: Entonces, si durante su infancia y juventud
fue tan feliz, ¿Qué la indujo a
dejar la Isla?
MB: Usted parece que hoy tuvo acceso a un vaso
de leche, amigo, pues le resbalan las ideas como
gomas a camello en 23 con la calle mojada. Vayanigua
es un área del albergue La Felicidad, en
Párraga, donde crecí rascándome
y echando kerosén en mis pies ante el ataque
certero de esos insectos que no dejan uña
en dedo ni calcañal sin grietas. Fui conducida
a La Felicidad no más asomé la cabeza
y solté un grito en maternidad de Línea.
NB: Y si es de la capital, ¿cuál
es la razón de su regreso por San José
de los Lagos, aquí en Mayajigua? ¿Acaso
viene a darse unos baños de fangoterapia?
MB: No, cherri. Ya bastante fango batí
con mis pies cuando vivía en medio de La
Felicidad. Si hago mi entrada por aquí
es porque a mi esposo Jean Pier Jean Pier lo van
a hacer santo mañana.
NB: ¿Lo van a canonizar en vida?
MB: ¡Qué comemierdín a la
tontuelé me ha salido este escribidor,
Jesús mío! No, señor, no.
Él tiene hecha la mano de Orula y lo harán
hijo de Changó. ¿Entiende?
NB: ¿Y por qué aquí y no
en la capital, donde más duro se le mete
a la cazuela y a la cascarilla?
MB: porque los santeros de la capital ya no tienen
clientes, amigo. En La Habana todo el mundo es
santo.
NB: Cambiando de tema. ¿Cuáles
fueron las causas para abandonar el país,
los métodos que empleó y las razones
de su regreso?
MB: Bueno, le diré
NB: ¡Madame Boutique! ¡Madame Boutique!
¿Dónde se metió?
|