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CRIMEN
Enmascarados
Miguel Iturria Savón
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
A Miguel Martínez Ávila, el viejito
de la calle 222 y Primera, en Cruz Verde, Cotorro,
lo sorprendieron al anochecer. Uno de los tipos
le pidió una caja de cigarros. Los otros
entraron sigilosamente. Le dieron un empujón
y lo anestesiaron. Lo revisaron todo pero no hallaron
el dinero. Se marcharon sigilosamente.
Ahora el viejo tiene miedo. Ha colocado una reja
con candado en la puerta trasera de su casa. Atiende
a los clientes desde adentro, al lado de las mercancías.
Piensa que pueden volver sin máscaras y
sorprenderlo de otra manera. "Ellos no saben
que cada semana deposito la ganancia en el banco.
Será lo que Dios quiera".
Miguel fue bodeguero antes de la revolución.
En 1968 le confiscaron el negocio. Al cumplir
sesenta años dejó el puesto de obrero
en la fábrica de galletas. Desde entonces
compensa la chequera mediante la compraventa de
mercancías. No le han dado licencia pero
es tolerado por inspectores y vecinos, quienes
adquieren con él desde un caramelo hasta
una caja de muerto.
Algo similar le sucedió a Lázara
González, residente en Santa María
del Rosario que administró una bodega estatal.
A ella los ladrones la sorprendieron durmiendo.
"Inmovilizaron hasta el perro, pues se llevaron
un ventilador, un bolso con dinero, la grabadora
y el televisor". Los perros de los peritos
llegaron a una comunidad cercana donde marcaron
a un ex presidiario, pero lo soltaron a los tres
días.
Otros casos recientes de ladrones con máscaras
han sido reportados a la policía de El
Cotorro, Arroyo Naranjo, Guanabacoa y San Miguel
del Padrón. Los enmascarados no solo asaltan
domicilios de familias con recursos tentadores.
El problema debe ser tremendo, pues ha sido recreado
artísticamente en "Día y noche",
el programa de la televisión cubana que
mitifica a la policía y transmite un mensaje
de orden y confianza.
Un hombre de la calle 71, ex presidiario y ladrón
de motos, fue encarcelado hace poco al comprobarse
su participación en el asalto armado -
y con máscara- a una de las gasolineras
de la carretera central. "Lo cogieron porque
afectó los intereses del Estado, si no
hubiera seguido en sus fechorías",
dice una anciana de El Cotorro que vive en el
mismo pasillo del hombre.
Un abogado local que intervino en el juicio afirma:
"Es un caso, solo uno, de los cientos de
procesos atendidos semanalmente en las ocho salas
del Tribunal Provincial de Ciudad Habana; sin
contar la sala nueve, a cargo de los delitos contra
la Seguridad del Estado, en la que juzgan, además,
a homicidas y delincuentes de otro nivel.
Aunque el robo ya es un medio de ganarse la vida,
el uso de máscaras y el asalto con pistola
crece y gravita en el imaginario colectivo. El
miedo es compensado por la colocación de
rejas -como han hecho con urgencia Lázara
González y Miguel Martínez- y por
la creación de nuevas agencias estatales
de seguridad; pero los asaltantes no reparan en
la tenacidad de los vecinos ni en los "rangers"
parapoliciales que custodian las arcas del gobierno.
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