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POLITICA
Mirar al futuro
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
Hoy, cuando en Cuba se habla de posibles transformaciones
económicas (aún no especificadas)
resulta imprescindible considerar también
el indispensable debate interno, sin exclusiones,
sobre la gravedad de la situación nacional
y las medidas a aplicar para salir de la crisis.
Cuando alguien enferma, y es el caso de la sociedad
cubana, es insoslayable emitir un diagnóstico
real para diseñar las medidas efectivas
a tomar. En el caso de Cuba deberá realizarse
de forma respetuosa, responsable y civilizada,
con la participación activa de las personas
de buena voluntad, incluidos los compatriotas
residentes en el extranjero. Los cambios que urgentemente
necesita el país no pueden aplicarse impensadamente.
La gravedad del paciente no admite nuevos errores.
A la vez, la nación cubana en modo alguno
está preparada para cambios bruscos, que
puedan desembocar en un proceso de inestabilidad
social, del cual todos saldríamos perdedores.
En esta etapa, las puertas del debate deben estar
abiertas a todos los cubanos, sin exclusiones
por motivos ideológicos o de otro tipo,
que tanto daño han causado al espíritu
nacional en el pasado. Es más que evidente
que los odios prevalecientes durante tantos años,
y viejos conceptos absolutamente desfasados, constituyen
obstáculos que deberán ser superados.
Por otra parte, no existe contradicción
entre el diálogo abierto a todos los cubanos
y la negociación, sobre bases de respeto
mutuo, con el exterior, fundamentalmente con Europa
y Estados Unidos. El paulatino relajamiento de
las tensiones con el vecino del norte ayudaría
a eliminar, poco a poco, las absurdas políticas
seguidas respecto a Cuba; adicionalmente, aportaría
una contribución muy importante al fortalecimiento
del diálogo interno, así como a
la profundización y el desarrollo de las
transformaciones estructurales necesarias.
Al mismo tiempo, el inicio del diálogo
interno acrecentaría el crédito
de Cuba a nivel internacional y haría más
difícil mantener contraproducentes políticas
de aislamiento, únicamente útiles
para servir de coartadas y fortalecer las posiciones
de los sectores más duros e intransigentes.
Podría ayudar en tal sentido la inmediata
liberación de los presos de conciencia
y políticos pacíficos que luego
de las palabras del General Raúl Castro
el 26 de Julio pasado, más que nunca constituyen
una aberración jurídica que debe
repararse. A este proceso de entendimiento podría
apoyar de forma sustantiva la suscripción
de los documentos internacionales de derechos
humanos, abrumadoramente suscritos por la mayoría
de las naciones, entre ellas algunas que avanzan
por la senda de las transformaciones económicas
como China y Viet Nam.
Désele vía libre al entendimiento
entre los cubanos, sin prejuicios ni odios. Debe
mirarse hacia el futuro, como han hecho otros
pueblos, que incluso pasaron por situaciones mucho
más terribles, como Sudáfrica y
España. La grandeza política no
está en el resentimiento, sino en construir
un país próspero y feliz para las
nuevas generaciones. Existen condiciones para
ello. Los cubanos somos merecedores de ese destino.
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