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HISTORIA
El primer libro científico cubano
Reinaldo Cosano Alén, Sindical Press
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
En el año 1887 se publicó en La
Habana el primer libro científico cubano
bajo el largo título Descripción
de diferentes piezas de historia natural, las
más del ramo marítimo, representadas
en setenta y cinco láminas, editado
por la Imprenta de la Capitanía General
de la Isla. El autor de la obra, Antonio Parra,
era un portugués aplatanado en Cuba, a
donde llegó como soldado en 1763.
Pudiera afirmarse que el libro de Parra fue
el primer best seller cubano, ya que fue tanto
el interés que despertó la obra
en el público, que se hicieron dos ediciones
en el mismo año de su publicación,
bajo las licencias del Capitán General
y la iglesia.
La relevancia científica principal del
libro radica en las magníficas ilustraciones
de peces diferentes: 62 de mar y 4 de agua dulce
propios de la Isla, aunque principalmente en su
mayoría sólo representa su aspecto
externo.
La obra fue muy elogiada por los dos grandes
naturistas y sabios franceses de su tiempo: Cuvier
y Valenciennes en su obra conjunta de ictiología,
Historia natural de los peces, considerada
como la mayor obra sobre el tema en idioma español.
El sabio cubano Felipe Poey, en su libro Ictiología
cubana, que permanece inédito, también
elogió el trabajo de Parra.
Lo más llamativo para la comunidad científica
internacional del trabajo de Parra resultó
la representación de la "palma animal",
equinodermo lejano miembro de la familia de los
estrellas de mar. Y también el singular
estudio sobre la ciguatera, intoxicación
causada por la ingestión de ciertos peces
que a su vez -se supo después- se intoxican
con cierto tipo de algas venenosas localizadas
principalmente entre las formaciones coralinas.
Hay que decir que Antonio Parra no estuvo muy
al corriente de los avances europeos en cuanto
a la clasificación de especies del reino
animal, suponemos fuera por no disponer de suficientes
recursos financieros para viajar y obtener las
obras en boga, aunque en la propia comunidad científica
existía también confusión
en cuanto a la clasificación.
Parra se guiaba por la clasificación
tradicional de Aristóteles, muy común
por entonces. Por ejemplo, consideraba a las esponjas
como plantas marinas y no entre los animales.
No se debe pasar por alto que Parra fue autodidacta,
sobre todo en su formación sobre zoología.
Primero desarrolló su interés como
coleccionista, y tuvo la temprana ocurrencia de
enviar semillas, plantas y animales disecados
a España, al Jardín Botánico
de Madrid, y al propio rey quien, impresionado,
le otorgó una pensión vitalicia.
En su hogar cubano, Parra instaló un
museo donde exponía desde piedras, corales,
animales disecados, erizos, hasta flores hechas
de pequeñas conchas, y un cerebro petrificado.
Otro hecho curiosísimo es que las 75
láminas impresas en la obra de Parra, fueron
pacientemente elaboradas por su hijo de 16 años,
trabajadas para la imprenta mediante cincelado
sobre planchas de cobre que, según se afirma,
fue la primera vez que en Cuba se utilizó
esta nueva técnica de impresión,
según puede apreciarse en el ejemplar expuesto
en el Museo Histórico de las Ciencias,
Carlos J. Finlay, en Habana Vieja.
Aunque el primer impreso de la isla conocido,
Tarifa de precios de la Medicina de la Havana,
se publicó en 1723, no le resta méritos
a la obra de Parra, porque fue el primero con
carácter científico publicado en
la Isla.
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