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CULTURA
Artistas plásticos se quejan de trabas para la
comercialización de sus obras
LA HABANA, Cuba - 15 de agosto (Leonel Alberto
Pérez Belette / www.cubanet.org) - Un considerable
y creciente número de jóvenes creadores
se quejan de las trabas estatales y de la ausencia
de mecanismos para la comercialización
de sus obras, dentro y fuera del país.
Incluso la simple exposición de estas va
lastrada por los conceptos políticos y
otros demonios. Todo esto ocurre en medio de un
contexto de relativa bonanza y estabilidad en
el mercado internacional de obras de arte.
Una parte de los jóvenes artistas cree
que la culpa recae en las personas que en los
niveles inferiores se encargan de acometer la
tarea, con el pleno desconocimiento de las altas
esferas del Ministerio de Cultura. Otros están
convencidos de que los responsables están
en la dirección del ministerio, incluyendo
la oficina del señor ministro, Abel Prieto.
Según dijeron los jóvenes, las trabas
tienen causales que van desde la corrupción
a la misma concepción del sistema.
Un ejemplo significativo es que las principales
galerías han sido dedicadas exclusivamente
a la obra de unos pocos artistas consagrados como
vacas sagradas del régimen, con la única
excepción, tal vez, de Villa Manuela, una
galería contigua a la Unión de Escritores
y Artistas de Cuba (UNEAC). En muy pocas oportunidades
les dan cabida a nuevos valores, y cuando lo hacen
es siempre por razones políticas o favoritismos.
Las galerías Habana, Servando Cabrera,
entre otras, son claves.
Con los locales de venta, situados en los más
lujosos hoteles cubanos, ocurre algo similar:
están ocupados y en ocasiones regenteados
por unos pocos personajes, algunos de los cuales
se dedican a la explotación del trabajo
de los jóvenes, en una permitida modalidad
de mercadeo esclavista no reconocida abiertamente
por las autoridades, que incluye un oscuro mecanismo
de pago. Nelson Domínguez, Zaida del Río,
entre otros nombres forman parte de este club.
La guerra gubernamental contra los sitios de
venta de artesanía en las ferias, ha hecho
colapsar uno de los principales modos de supervivencia
de los artistas cubanos - profesionales, o no-,
en aras de favorecer a los escogidos, quienes,
con la anuencia estatal, se han convertido poco
a poco en una especie de "mafia socialista".
Un ex profesor de la escuela de artes plásticas,
San Alejandro, comentó a este reportero:
"Este asunto no me resulta ajeno en lo más
mínimo. No solo afecta a los nuevos artistas,
sino a otras generaciones. Se trata de un cierre
paulatino que poco a poco se ha ido agudizando
hasta alcanzar los niveles actuales. Tengo que
confesar que para poder subsistir, me he visto
en la necesidad de vender mis pinceles, el aceite
de linaza y otros materiales que me proporcionaba
el mismo estado para trabajar. Es una contradicción
total del sistema".
Por otro lado, no se están aceptando
nuevas inscripciones en los registros de las artes
plásticas de varias asociaciones cubanas,
y los permisos de exportación de obras
de arte se han complicado y encarecido. Además
se han multiplicado los explotadores oportunistas
extranjeros, que se aprovechan de la situación
de desamparo de los jóvenes artistas nacionales.
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