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Las
culpas de Benes
Alejandro Armengol, El Nuevo Herald,
13 de agosto de 2007.
Es ''culpable'' de lograr la liberación
de 3,600 presos políticos en Cuba, intentar
un entendimiento entre Washington y La Habana,
contribuir decisivamente a un cambio total en
el perfil de la comunidad exiliada en Miami y
la creación de diversas instituciones --algunas
con mejor suerte que otras-- de ayuda y entendimiento
entre cubanos, norteamericanos, latinoamericanos,
judíos y cristianos. Por estos ''delitos''
ha sufrido humillaciones, ostracismo y ataques
de diversa naturaleza. Nadie ejemplifica mejor
que él una importante época en esta
ciudad. Es historia, política y humanismo.
No se puede hablar de lo mejor y lo peor del exilio
histórico, sin mencionar al abogado y ex
banquero Bernardo Benes.
El hombre que llegó a Miami en 1960 y
se convirtió en un empresario de éxito
e importante líder comunitario y político
--al punto de estar considerado ''entre los nombres
más importantes en los medios empresariales
de Miami'' y ser llamado ''el Henry Kissinger
cubano''-- fue posteriormente insultado y convertido
en un apestado. El que hubiera conseguido la liberación
de tantos presos políticos no fue tan importante
como el hecho de reunirse con Fidel Castro. Por
muchos años, en parte aún hoy, la
palabra "diálogo'' inspiró
temor y ser catalogado de ''dialoguero'' se convirtió
en un insulto.
Benes ha contado su historia en un libro, Misiones
Secretas a Cuba, de Robert M. Levine y el propio
Benes, que primero salió en inglés
y ahora aparece en español. Es su versión
de lo ocurrido. Una mezcla de saga familiar e
historia, el libro no pretende ser análisis
sino testimonio.
Parte de la tenacidad de Benes --su enfrentamiento
por momentos sosegado y otros dinámico--
frente a las adversidades tiene una explicación
familiar. Nacido en Cuba a la sombra de un padre
taciturno que perdió a su familia en el
Holocausto, se enfrentó a la dictadura
de Fulgencio Batista y luego al régimen
de Castro, para conocer el dolor del exilio en
su expresión más depurada. Quien
se graduó de derecho a los 21 años,
prefirió contribuir a una mayor justicia
social antes que dedicarse exclusivamente a ganar
dinero.
Fue este ideal, que primero persiguió
en Cuba, el que trajo Benes al exilio. En octubre
de 1966, la revista Fortune decía: ''Bernardo
Benes es un joven incansable y enérgico
de 31 años que, en su breve carrera, ya
ha conseguido contribuir al derrocamiento de Batista,
fungir como asesor legal del Ministerio de Hacienda
de Castro y, en nueve meses, llegar de empleado
en una máquina ponchadora a vicepresidente
del Banco de Ahorros y Préstamos de Miami''.
Le hubiera sido muy fácil proseguir esa
vía exitosa, pero nunca estuvo entre sus
objetivos el limitarse al enriquecimiento. Misiones
Secretas a Cuba cuenta que en 1962 Benes ayudó
a ''obtener el financiamiento para el hospital
Pan American con la ayuda de un grupo de 22 médicos
cubanos y sus esposas, encabezados por Modesto
Mora''. El Pan American fue el primer hospital
en el sur de la Florida concebido para atender
a la comunidad cubana. Oficialmente, se suponía
que los médicos, las enfermeras y todo
el personal fuera bilingüe, pero desde el
principio se impuso el español y el hospital
formó parte importante de un conjunto de
instituciones que creció rápidamente
y se convirtió en la red encargada de satisfacer
las necesidades de los inmigrantes.
''Bernardo hizo de todo en la comunidad hispana'',
dijo Monseñor Bryan D. Walsh, quien fuera
responsable de los servicios sociales católicos
de Miami durante más de 40 años,
en un reportaje de Meg Laughlin publicado en The
Miami Herald en 1994. "Fue uno de los primeros
en darles la bienvenida a los hispanos, y también
en darles una voz''.
En la década de los años 70, fue
director de un programa de préstamos para
viviendas en América Central, del Sur y
el Caribe que logró que millones de personas
consiguieran casas. Fue presidente del consejo
de salud que creó el fideicomiso de Salud
Pública, una junta de 15 líderes
cívicos que transformó el Hospital
Jackson de ser uno de los hospitales peor administrados
del país a situarlo entre los 25 mejores.
Inició la rama hispana de Big Brothers
and Big Sisters of America, especializándose
en mentores para niños refugiados recién
llegados y comenzó un programa que ofrecía
a las familias de Liberty City casas con pagos
accesibles a cambio de su ayuda para construirlas,
de acuerdo al reportaje de Laughlin.
La mala fortuna de Benes en Miami comenzó
cuando fue nombrado coordinador latino de la campaña
presidencial de Jimmy Carter en la Florida. Su
actuación pública 'como promotor
y recaudador de fondos para un candidato que los
cubanos consideraban excesivamente liberal despertó
el resentimiento de muchos exiliados. A su vez
algunos dirigentes demócratas nacionales
desconfiaban de los demócratas floridanos.
Sospechaban que no compartían los objetivos
del partido nacional: muchos eran, en las palabras
de Claude Pepper, racistas y 'republicanos sureños
disfrazados' '', de acuerdo a Misiones Secretas.
La historia de los encuentros de Benes y Castro,
así como las negociaciones que condujeron
a la liberación de los presos y las diversas
etapas del ''Diálogo'' aparecen narradas
en el libro. No es la única versión
de lo ocurrido. Hay otros documentos y diversas
interpretaciones de los hechos. Pero si bien puede
afirmarse que Misiones Secretas no es una obra
única, también hay que decir que
resulta imprescindible para conocer el proceso.
En Miami no ha podido imponerse una verdad por
encima de los ataques, las infamias y las pasiones
que ha desatado Benes durante tanto tiempo. Se
trata de un hombre honesto que puede haberse equivocado
en algunas ocasiones, pero que ha actuado siempre
con desinterés y dedicación. No
creo que en sus negociaciones con La Habana cometiera
error alguno de principio y sí que hizo
más de un juicio erróneo, por inocencia
y por ser un hombre decente. La única culpa
que me atrevo a achacarle es que no es un buen
conspirador. Pero eso sólo es un defecto
donde no se aprecia la virtud.
aarmengol@herald.com
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