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CORRUPCION
Se aceptan sobornos
Juan González Febles
LA HABANA, agosto (www.cubanet.org) - En la
barriada Lawton, los trabajadores sociales, en
convivencia con los llamados "factores"
de la comunidad, aceptaron sobornos para conceder
prioridades en la sustitución de refrigeradores.
La llamada revolución energética
confundió roles y manías con la
matriz de origen. La corrupción que lastra
al régimen marcó otra vez la pauta
en la repartición de refrigeradores chinos.
Los nuevos equipos marca Haier deben sustituir
a los viejos modelos de factura soviética
y norteamericana.
Al menos en mi barriada, tanto los factores
como los trabajadores sociales "hicieron
el pan".
Hacer el pan es, en el argot popular, realizar
un negocio ventajoso que arroje pingües ganancias
sin haber invertido nada.
En el caso de los llamados trabajadores sociales,
se comprende. Se trata de una fuerza de choque
contra el pueblo. Aunque en primera instancia
se les vinculó con las aparatosas campañas
contra el robo de combustible, el tiempo terminó
por ponerlo todo en su lugar.
Entre las listas trucadas, los que no aparecieron
y los que aparecieron previo pago de sobornos,
la repartición de los nuevos equipos chinos
también cayó en el saco sin fondo
de una corrupción que afecta todos los
niveles de la sociedad cubana.
En relación con los llamados "factores",
entre ellos se reclutan a los viles que realizan
los mítines de repudio. También
controlan o participan de alguna forma en la mayoría
de los negocios turbios que se mueven en el ambiente.
Para citar ejemplos al azar, algunos cercan
terrenos de propiedad estatal y los siembran para
obtener alguna ganancia extra. Otros sostienen
prósperos negocios de soldadura, para los
que se emplea oxígeno, acetileno y varillas,
sustraídas al mismo gobierno al que dicen
servir de forma desinteresada.
Una anciana de escasos recursos que tiene su
refrigerador fuera de servicio, no pudo acceder
a los equipos chinos en oferta. Me relató
la pobre mujer, que la trabajadora social se negó
a cambiarle su equipo "porque no estaba funcionando".
Esta misma trabajadora social aceptó
sobornos y cambió de equipos, en ocasiones
inexistentes. Lo hizo a personas que le pagaron
entre 15 y 20 pesos cuc, por la "atención".
El paso del tiempo decantó la verdadera
naturaleza de los llamados trabajadores sociales.
Como típicos elementos lumpen, muchos han
iniciado el regreso a sus orígenes. Ya
puede vérseles participar en cuanto negocio
prohibido y lucrativo aparece. Se mueven amparados
en la impunidad de las campañas mediáticas.
Actúan en franca complicidad con funcionarios
y personalidades de relieve de una sociedad cada
vez más corrupta.
jgonzafeb@yahoo.com
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