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CORRUPCION
Incomunicaciones cubanas
Leonel Alberto Pérez Belette
LA HABANA, agosto (www.cubanet.org) - Fuentes
dentro de la empresa ETECSA (perteneciente al
Ministerio de Comunicaciones) y clientes de la
misma, revelaron la tediosa odisea de los mecanismos
implementados en la Isla para la simple instalación
de un teléfono de línea fija. Además,
las trabas artificialmente impuestas por el gobierno
a un proyecto liberalizador de los contratos para
la obtención directa por nacionales del
servicio de teléfonos móviles.
Según los propios trabajadores y clientes,
el proceso para otorgar el simple permiso de instalación
del servicio telefónico de línea
fija a un ciudadano común, o una reciente
variante radial de 400 minutos, es maquiavélico.
El camino está plagado de favoritismos,
ineficiencia y corrupción.
Hay casos específicos de trabajadores
del Ministerio de Cultura (MINCULT) que se quejan
del tiempo que hace que están esperando
por la autorización. Las demoras van desde
un año en la secretaría de Abel
Prieto, ministro de Cultura, seis meses en la
presidencia de ETECSA y tiempo indefinido en las
distintas dependencias del MICOM. Esta cadena
burocrática es prácticamente la
misma para otras entidades y se torna más
intransitable para el ama de casa, trabajadores
por cuenta propia y otros ciudadanos de a pie.
Nadie sabe cuáles son los cánones
para clasificar la prioridad de cada caso, pero
resulta asombroso que los beneficiados sean militares,
comisarios políticos, elementos de alto
poder adquisitivo, concubinas, familiares y otros
demonios. Por otro lado, personas que dedican
su vida a la enseñanza artística,
o al trabajo con niños permanecen en el
peloteo entre secretarias ineficientes, oficinas
oscuras, directores sin autoridad, papeles apiñados
y reuniones fantasmas.
El presidente de la empresa de comunicaciones
ETECSA no posee autoridad más que para
meras cuestiones técnicas. Son el ministro
y otros funcionarios quienes personalmente asignan
las líneas; sobre todo en lo referente
a solicitudes de otros ministerios, en favor de
los mismos trabajadores estatales.
Sobre esto último, un trabajador comentó:
"El sistema es tan patético que casi
sería lo mismo que si el presidente francés
o el de Haití, tuvieran entre sus funciones
otorgar el permiso de instalación de cada
teléfono del país".
En lo que respecta a la telefonía celular,
muchos cubanos disponen de un teléfono
móvil. Para que funciones han de valerse
de un ciudadano extranjero. El nacional queda
sólo con un permiso para utilizarlo. Se
trata de ciudadanos sin derechos y de tercera
clase en el propio país, dentro de una
realidad económica de suma complejidad.
Esto ha propiciado que muchos cubanos hayan
sido blanco de estafa por parte de algunos extranjeros
que lucran a costa de la precaria situación
de la población, y también de compatriotas
inescrupulosos y de integrantes de las mismas
empresas de telefonía móvil (las
sociedades anónimas Cubacel y CECOM, hoy
fusionadas en una sola entidad estatal). Otros
dependen del capricho del extranjero firmante
que, a voluntad, puede cerrar la cuenta que el
cubano pagó sin derecho a reclamación.
Estas absurdas regulaciones resultan ridículas
para cubanos y extranjeros que no logran entender
el motivo por la cual existen.
Un proyecto de ley que permitiría que
el ciudadano accediera directamente al servicio
fue aprobado por parte del MICOM, pero al llegar
a la oficina del ministro Ramiro Valdés
fue vetado.
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