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POLITICA
El general entre dos fuegos
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
Han transcurrido varios días luego del
discurso pronunciado por el General Raúl
Castro en el acto de conmemoración del
54 Aniversario del 26 de Julio. Las expectativas
se han incrementado con diversas opiniones y valoraciones
sobre sus crudas críticas respecto a la
situación económica y social nacional,
y muy especialmente sobre su señalamiento
de que "habrá que introducir los cambios
estructurales y de conceptos que resulten necesarios",
así como el llamamiento a "trabajar
con sentido crítico y creador, sin anquilosamiento
ni esquematismo".
Si algo está claro de las acciones y los
comentarios suscitados por la intervención,
caracterizada por reflexiones realistas y concretas,
es que este proceso seguramente enfrentará
seria oposición interna y externa, a lo
que se unen viejas y desgastadas formas de pensar
presentes durante casi cincuenta años.
Muestra de lo anterior pudo apreciarse en la
eliminación de la referencia crítica
en el discurso, a que en Cuba los niños
sólo pueden tomar leche hasta que cumplan
7 años y la imposibilidad de tener acceso
a ese vital alimento para el resto de los ciudadanos,
en la versión oficial de la prensa plana
y la televisión. Esta acción parece
indicar una censura, lo que ha causado mucho malestar
entre la población, que simpatizó
con que tan alto dirigente lo reconociera. Asimismo
han sido causa de preocupación señalamientos
aparecidos en la prensa oficial, que de manera
nítida contradicen la disposición
del General Raúl Castro a procurar el mejoramiento
de las relaciones con los Estados Unidos.
Estos hechos confirman que algunos sectores en
el gobierno se niegan a aceptar los urgentes e
imprescindibles cambios, y no quieren que bajo
ningún concepto haya solución al
diferendo que durante tantos años ha ensombrecido
las relaciones entre ambos países. Temen
que la liberación de las fuerzas productivas
y la desaparición de las ataduras económicas
a los ciudadanos pueda ser la antesala a una Cuba
democráticas, donde sean respetados los
derechos humanos. En modo alguno desean el mejoramiento
de las relaciones con el vecino del Norte, pues
les quitaría la coartada del enemigo externo,
utilizado por mucho tiempo para justificar el
desastre nacional y las políticas represivas.
Esos sectores conservadores piensan que con las
reformas económicas y el establecimiento
de un clima armónico y de respeto mutuo
ellos perderían legitimidad. Actitudes
que podrían explicar la ausencia de transformaciones
estructurales durante el año de mandato
"provisional" del General Raúl
Castro.
Quizás por diferentes motivos, sectores
conservadores en el exterior, hasta inconscientemente,
obran contra posibles cambios en Cuba. Son quienes
continúan con modos de pensar desfasados,
únicamente útiles para afianzar
el totalitarismo y un nacionalismo equívoco,
hábilmente cultivado por el régimen.
Recientemente hemos apreciado cómo en
la Cámara de Representantes de Estados
Unidos fue derrotada la sensata propuesta presentada
por el Presidente de la Comisión de Medios
y Arbitrios, Charles Rangel, la cual simplemente
pretendía que los pagos por las mercancías
compradas en esa nación se realizaran directamente
a bancos norteamericanos, sin la participación
de organizaciones financieras de terceros países,
así como que expertos cubanos pudieran
viajar a los sitios donde se preparan alimentos
para exportar a Cuba. Lo promovido por el Sr.
Rangel es sumamente normal en las relaciones comerciales,
pero para los sectores intolerantes ni siquiera
eso es permisible.
Por otra parte, transcurre el tiempo y continúa
vigente la absurda prohibición de que los
cubanos residentes en Estados Unidos puedan viajar
libremente a la Isla. Sólo está
permitido cada tres años, en momentos cuando
se requiere la unidad y los contactos personales.
Como puede apreciarse, en la práctica
se ha creado una "santa alianza" entre
los conservadores internos y externos. Lamentablemente,
en el caso de los que viven fuera debido, en gran
medida, a deficiente información sobre
lo que acontece internamente y a no poder desprenderse
de reales pasados agravios, lo cual impide un
pensamiento creativo y mirar hacía el futuro
La mejor contribución contra la ola conservadora
es la pronta definición y aplicación
de los cambios estructurales y conceptuales anunciados.
Resulta indispensable que esas transformaciones
vayan hasta la raíz de los problemas nacionales
y que el tema de la propiedad sea tenido en cuenta
como asunto prioritario. Las dificultades en la
agricultura no serán resueltas, si no se
entrega la tierra para que los campesinos la cultiven
con plena libertad y, si desean unirse en cooperativas,
lo hagan voluntariamente y sin presiones. Los
cubanos debemos tener derecho a desarrollar el
trabajo por cuenta propia y poseer pequeñas
y medianas empresas, concluyendo un sistema que
lo quiso abarcar todo y no controló nada;
para crear así las condiciones a posteriores
transformaciones en búsqueda de un modelo
donde la propiedad pública, privada y el
mercado funcionen armónicamente. Cambios,
además, dirigidos a que los trabajadores
tengan ingresos dignos, y no sean empujados al
delito para poder sobrevivir.
Por supuesto, hay esferas que no sólo
deben mantenerse, sino incluso mejorarse. Son
los casos de la educación y la salud, donde
los avances logrados con posterioridad a 1959
-sobre la base de esfuerzos realizados por generaciones
anteriores-, hoy en franco deterioro, sean perfeccionados
para beneficio de todos los cubanos.
Las transformaciones son el camino para el progreso
y el bienestar que todos los cubanos, de adentro
y de afuera, ansiamos y nos merecemos. Quienquiera
que lo apoye gozará del respeto y consideración
de la inmensa mayoría de los cubanos. Todo
aquel que lo obstaculice, oponiéndose al
desarrollo de la nación y a un destino
feliz para los cubanos, la historia lo juzgará
severamente.
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