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ECONOMIA
INFORMAL
Piratas en La Habana
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
Nadie piense que el litoral cubano ha sido invadido
por seguidores de Jacques de Sores, Henry Morgan
y El Olonés. Se trata de piratas pacíficos.
Personas que sin permiso, esencialmente debido
a políticas oficiales absurdas, se arriesgan
a prestar diversos servicios, entre ellos transportar
a ciudadanos por la capital y el país.
Si son atrapados in fraganti, son multados con
cifras que alcanzan los mil 500 pesos. En caso
de reincidir pueden perder sus vehículos,
muchas veces vendidos por el Estado como premio
a anteriores méritos políticos,
laborales o militares. Corren esos riesgos, porque
el actual salario medio mensual no alcanza para
vivir (330 pesos en el 2005, equivalentes 16.50
US dólares), y mucho menos para mantener
un automóvil, sin tener familias generosas
en el exterior. En peores condiciones se encuentran
los pensionados con ingresos inferiores.
Muchas de los transportistas desearían
poseer licencias para trabajar legalmente, pero
desde hace años el gobierno casi no concede
autorizaciones. Sólo una parte de los choferes,
los llamados "boteros", cuentan con
la autorización oficial, mediante el pago
mensual de 450 ó 650 pesos, según
la dimensión del vehículo, a lo
que se suma un pago adicional en función
del ingreso bruto total al concluir el año.
Ese servicio ha ayudado a mantener funcionando
la transportación de pasajeros ante la
carencia de ómnibus urbanos. Por eso sorprende
que a comienzos de julio la televisión
cubana hiciera reportajes dedicados a la transportación
en La Habana, donde se realizaron fuertes críticas
a los precios de esos transportistas, sin tener
en consideración los problemas ocasionados
por el estado.
Ciertamente, los precios por persona se han incrementado
notablemente. Un viaje desde el Municipio La Lisa
hasta el centro de La Habana puede costar hasta
30 pesos por persona, con un precio mínimo
de 10 pesos para el menor tramo. Esto resulta
sumamente caro para los trabajadores, cuyos ingresos,
como fuera señalado, son muy bajos, pero
sin otro remedio que aceptarlos por la casi inexistencia
de transporte público.
En el reportaje se soslayó que hoy un
litro de Diesel cuesta el equivalente a 0.94 US
dólar al cambio, o 18.80 pesos cubanos,
y la gasolina de menor octanaje 0.81 US dólar
o 16.20 pesos. La inmensa mayoría de los
carros dedicados a estos menesteres son antiguos;
no pocos de los años 1940, en ocasiones
con elementos de vehículos del antiguo
bloque socialista. También se encuentra
un porcentaje de carros Lada y Moskvich de la
era soviética, altos consumidores de combustible.
A esto se añade que los insumos y piezas
de recambio se venden a precios exorbitantes en
las tiendas estatales en divisas. Un neumático
puede valer el equivalente de 2 mil pesos; un
acumulador mil 625, un juego de bujías
185 pesos, un carburador 3 mil 625 pesos y un
juego de pastillas de freno 273. La mano de obra
para realizar un engrase es de 25 pesos, un cambio
de filtro -sin la pieza- 25 pesos, un fregado
por arriba, debajo y del motor del auto 85 pesos.
Con ciertos riesgos pueden conseguirse algunas
rebajas en el mercado negro, pero sin garantías,
y si faltan en el mercado algunos aditamentos
o piezas, hecho frecuente, las respectivas cotizaciones
suelen ser superiores a las oficiales.
A este complicado escenario hay que agregar el
terrible estado de las vías por la continuada
carencia de reparaciones y mantenimiento, lo cual
contribuye al desajuste del escaso transporte
y de lamentables accidentes, además de
superiores consumos de combustibles y elementos
de recambio.
En las ciudades del interior estas dificultades
también están presentes, pero como
prácticamente ya no hay transporte público
automotor, y las disponibilidades de autos privados
son inferiores, las preocupaciones son relativamente
menores. Las soluciones en esos lugares han sido
encontradas a través del desplazamiento
de las personas a pie o por carretas con tracción
animal, métodos poco utilizables en la
capital por su enorme extensión, los 2.2
millones de residentes oficiales y una población
flotante posiblemente superior a la residente;
una urbe que para resolver adecuadamente los requerimientos
de transporte debería contar con un metro,
inversión nunca realizada.
Paradójicamente, en los reportajes sólo
se señalan los altos precios que cobran
los transportistas privados, y no se menciona
el enorme incremento de precios del servicio interprovincial
estatal desde mediados de 2006. Un viaje de La
Habana a Santiago de Cuba, de una tarifa anterior
con un máximo de 51 pesos ahora cuesta
169, o sea, 3.3 veces más. Cuando algún
ciudadano desea viajar por ómnibus en el
trayecto indicado, algo más placentero,
deberá pagar a la empresa estatal VIAZUL
51 pesos convertibles, equivalentes a mil 275
pesos, casi 4 veces el salario promedio mensual
de un trabajador cubano.
La solución a la problemática de
la transportación en modo alguno es fácil.
Requiere de multimillonarias inversiones, no sólo
de vehículos, sino también en infraestructura,
que están en estado ruinoso por los muchos
años de continuada descapitalización.
A todo esto debe agregarse la creación
de un sistema de talleres y otras obras inducidas
indispensables para el normal funcionamiento del
sistema; sin olvidar la creación de mecanismos
idóneos de gestión empresarial,
y en especial de los recursos humanos. Un programa
casi imposible de materializar con las depauperadas
finanzas y el infuncional modelo económico-
social vigente.
Sin embargo, los limitados recursos disponibles
podrían ser empleados con más racionalidad,
tanto los estatales como los privados, para paliar
algo la acuciante crisis del transporte. En la
capital se observan ómnibus asignados a
empresas y otras entidades públicas circular
vacíos o con espacios sin utilizar, fenómeno
tan notorio que en los propios reportajes televisivos
fue señalado. Con medidas organizativas
y estímulos a los conductores pudiera lograrse
un mejor uso del referido transporte.
En lo referido a los medios privados, una ayuda
sensible sería legalizar la situación
de todas las personas interesadas en transportar
pasajeros mediante la entrega de licencias, lo
cual alentaría a muchos a realizar este
trabajo con sus medios, a la vez que los piratas
seguramente en su gran mayoría dejarían
la riesgosa actividad "ilegal".
Con esta medida existe el peligro de que muchos
especialistas propietarios de autos, consideren
el trabajo de chofer más lucrativo en comparación
con su labor profesional y abandonen los puestos
de trabajo. Ello podría originar importantes
perjuicios dadas las incomprensibles incoherencias
presentes en la trastrocada sociedad cubana, donde
los ingresos de los especialistas son mayoritariamente
ridículos.
Este valladar podría ser superado con
el otorgamiento a estos especialistas de licencias
parciales para trabajar como taxistas en horarios
extra laborales y días de asueto; aunque
la verdadera solución estaría en
una sociedad normal donde profesionales y científicos
sean retribuidos adecuadamente con ingresos que
les permita a ellos y sus familias tener una vida
decente y digna, centrada en desarrollar sus potencialidades
técnicas en beneficio propio y de la nación.
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