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HUMOR
Carta de Nefasto a una mata de marabú
Víctor Manuel Domínguez, Sindical
Press
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
Mi muy enmarabuzada, espinosa y promiscua mata
de marabú: El fallo judicial de tu condena
a muerte por fumigación, a tiros o a machetazos,
ha llenado de luto los desiertos potreros de la
patria, las granjas frutales sin sus frutas, y
cada cuarta de tierra que envejeció soltera
en el país, sólo acompañados
por tu persistente condición de llama eterna.
Hasta los cocineros y los fogoneros condenados
a la hornilla eléctrica levantan un grito
de protesta por lo que será su trágico
final. Y aunque sé que llevan medio siglo
conmutando tu definitivo adiós, ahora dudo
seas perdonada debido a la existencia de un barril
de petróleo para la retroexcavadora que
te arrancará de raíz, una lima para
el machete chino desflorador, un refresco Tukola
y un pan con jamón para quienes te desespinarán.
Hay que ver cuánto dolor muestran los
hornos de carbón, las parcelas viudas de
viandas y hortalizas que supiste llenar con tus
espinas, y las ratas e insectos que junto a especies
débiles como el bejuco borococo, el guano
hediondo, las bienvestidas, el guao, entre otras
plantas típicas del país, crecieron
a la sombra de tu bondad.
Nunca imaginé que serías tomada
como chivo expiatorio de la vagancia de los hombres
y el robo de cerebros y semillas de malangas,
boniatos, pepinos y melones que desertaron del
país apenas asomó entre los cultivos
una de sus cincuenta ruedas la chapeadota revolucionaria.
Jamás podré entender cómo
a una planta convertida en ornato público
de la nación y en combustible alternativo
de primer nivel, se le condena a muerte después
de servir de colirio refrescante para quienes
viajen en autos por la autopista nacional, y de
ablanda gallos, hierve tilapias y salcocha frijoles
en los fogones del país, respectivamente.
A ti, que has sido tan persistente como la ausencia
de viandas y carnes en la nación, no se
te debe borrar de un solo discursazo.
Es preciso tomar en cuenta tus aportes a la gastronomía
y la salud de los cubanos durante el período
especial (que aún no termina), ya fuera
convertida en té de marabú, ensalada
de marabú en sus espinas, refresco de tronco
de marabú agridulce, estofado de hojas
de marabú, en el renglón alimentario;
o en pócima de tronco de marabú
en ruedas, expectorante de aserrín de marabú
con gotas de guano hediondo, y en antinflamatorio
de raíces de marabú mezclado con
linimento de pendenciera, para el cuidado y sanidad
de los habitantes de la nación.
Además, ¿en qué otra cosa
que cortar o sembrar marabú podríamos
entender y educar a los cientos de prisioneros
que honran con su presencia las cárceles
de la patria?
¿De qué forma cubrir sin tu presencia
las fértiles y ociosas tierras del país
que ocupan el limitado espacio desde cualquier
lugar donde uno se pare hasta donde la vista alcanza?
Sería bueno comprender estas cosas antes
de fumigarte o caerte a machetazos, pues si algo
no ha dejado de fallarle nunca al desarrollo de
nuestra sociedad es la palanca de retroceso, y
quién sabe si mañana la revolución
energética se desconecta, los insumos de
la salud colapsan, los alimentos siguen practicando
el éxodo masivo, y tenemos que reenviarle
al fogón, a las farmacias y a cubrir la
desnudez de los terrenos baldíos.
"Nunca es tarde para comer o enfermarse
si el marabú está bueno", dijo
el ilustre chef, galeno y medo ambientalista Sugfrido
Cocío del Marabuzal, y esta máxima
no ha dejado de estar junto al cubano en el seno
hogareño, los campos o las carreteras,
como símbolo inequívoco de que hay
matas que cansan, pero resuelven.
Mi modesta opinión es que por el bien
de la economía, la salud y las tradiciones
culturales del país, se debe perdonar tu
vida. No se puede confiar a plantas tan volubles,
exóticas y venales como el mango, el mamey,
el aguacate y el mamón, la garantía
del ornato, los jugos y las ensaladas de un pueblo
enmarabuzado hasta los sueños.
Mucho menos dejar en viandas y hortalizas como
el plátano, la yuca, el pepino y la col
(entre las más proclives al ilusionismo,
la desaparición, la subida de precios y
otros trastornos sociales y digestivos), el recubrimiento
de tierras y el poder calórico de nuestros
desmalangados y boniatificos ciudadanos.
Aguerrida mata de marabú: ¡Quienes
van a morir si el petróleo vuelve a desaparecer,
te saludan!
Eso lo aseguro yo, Nefasto "El marabucero".
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