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OLA
REPRESIVA
La familia Moya frente al futuro
Shelyn Rojas
LA
HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) - Ángel
Moya Acosta se graduó en la escuela de
cadetes Antonio Maceo, en la provincia Villa Clara.
Combatió en la guerra de Angola. Regresó
a Cuba en el año 1991, concluida la misión.
Luego comenzó a trabajar como obrero calificado
en una empresa de fundición. Mas tarde
en un centro de acetileno, hasta que en el 1993,
cuando comenzó su vida como opositor pacífico,
fue expulsado del trabajo.
Berta Soler Fernández es técnica
en microbiología en el Ministerio de Salud
Pública. El matrimonio Moya-Soler tiene
dos hijos: Lienys y Luis Ángel.
A mediados del mes de marzo de 2003, el gobierno
desató una ola represiva por toda la isla.
Berta le comentó a su esposo que no debía
estar en la calle. Aunque pensaban que fuera algo
pasajero, debían estar alerta.
El día 19, a las cinco de la tarde, Ángel
corría en el parque, mientras su esposa
iba a recoger al niño a la escuela.
A petición de Berta, de regreso, su hijo
fue a buscar el pan. En ese tiempo, vio a su esposo
que regresaba del parque antes de lo acostumbrado,
esta vez acompañado por cinco agentes de
la Seguridad del Estado. Berta, con ironía,
preguntó que si esos eran los visitantes
que siempre venían a buscarlo.
Ángel pidió cambiarse la ropa antes
de ser oficialmente arrestado. Fue entonces cuando
supieron que serían víctimas de
un registro. Pero Ángel no estaría
presente; fue trasladado a Villa Maristas, sede
de la policía política.
A las 6 de la tarde comenzó el registro.
Berta se encontraba sola con los agentes, el presidente
del Comité de Defensa de la Revolución
(CDR) y la representante de la Federación
de Mujeres Cubanas (FMC). El registro duró
hasta las 12 de la noche. Una vecina les brindó
comida a sus hijos que permanecieron fuera del
hogar hasta esa hora.
Ocuparon algunos libros, los cuales contenían
la verdadera historia de Cuba; un radio portátil
con su cargador de baterías. También
una película de video alquilada de contenido
bélico. Moya fue acusado de traidor, de
colaborar y dar información falsa al gobierno
estadounidense, de mercenario y de tener el filme
bélico para preparar una guerra.
Durante 15 días estuvo detenido en Villa
Maristas. El día del juicio sumaban 75
los acusados. Los juicios sumarios se realizaron
al amparo de la Ley 88, conocida como Ley Mordaza.
Ángel fue sancionado a 20 años de
privación de libertad.
Cuando terminó el juicio, le dijeron a
Berta que le permitirían visitar al esposo
en Villa Maristas. La visita tenía el propósito
de informar a Ángel que esa tarde, mientras
era juzgado, su madre había fallecido de
un infarto en Matanzas, donde residía.
Berta regresó a su casa, recogió
algunas de sus pertenencias y se dirigió
a la terminal de ómnibus. Allí pasó
la madrugada. El dinero no le alcanzó para
coger un carro nocturno. Al llegar, quedó
muy poco tiempo para el sepelio.
Ángel fue llevado en horas de la madrugada
al velorio de su madre.
Pobladores de Matanzas, al saber que Ángel
estaba en la funeraria, fueron a verlo. Apenas
lo dejaron estar dos horas en la funeraria. Nuevamente
fue trasladado hacia Villa Maristas, y desde allí
a la prisión provincial de Holguín,
donde se negó a vestir el uniforme de preso.
Los guardias lo esposaron y lo pasearon por el
penal sin ropas ni zapatos, hasta llegar a una
celda de castigo.
El resto del Grupo de los 75 que se encontraban
junto a él en Holguín, al saber
la situación de Ángel, se plantaron
en huelga de hambre. Ángel se vistió
de preso cuando lo supo, no podía sacrificarlos.
Debían estar firmes y fuertes para presenciar
el fin.
Seis meses después fue trasladado a la
prisión Las Mangas en Bayazo, provincia
Granma.
Tiempo después las esposas de los prisioneros
se unieron para protegerlos, organizadas en el
movimiento que luego se conoció como Damas
de Blanco. Berta descubrió que no estaba
sola.
En el año 2004 a Ángel se le diagnosticó
hernia discal. Apenas podía moverse. Debía
ser intervenido quirúrgicamente. Berta,
apoyada por las Damas de Blanco, permaneció
durante 41 horas frente a la Plaza de la Revolución
José Martí, exigiendo que su esposo
fuera operado lo antes posible. En compañía
de Gisela Delgado denunció la situación
ante la prensa internacional. Y exigió
a los agentes y doctores que su esposo saliera
bien de la operación. Sabía que
en varias ocasiones personas con la misma situación
quedaban inválidas. "Ese padecimiento
era producto de la prisión, si algo salía
mal, lo hecho sería poco comparado con
lo que pensaba hacer", afirmó.
La operación fue un éxito. Berta
cuidó durante 8 meses a su esposo después
de la intervención quirúrgica en
el hospital Carlos J. Finlay.
Su hija ya cumplió 15 años. No
hubo fiesta. El varón tiene 11 años.
Aman a su madre y a su padre.
Ángel convive en una celda con reos comunes,
condenados algunos por asesinato y drogas. No
acepta beneficios del gobierno. Las visitas son
cada dos meses.
Berta aprendió a hacer de de madre y padre
en el hogar. Siempre ha vencido el miedo, cada
vez se hace más fuerte. Ángel es
la base de su esperanza. El amor la hace crecer.
Junto a las Damas de Blanco, Berta lucha por
la libertad de los integrantes del Grupo de los
75 que, incluyendo a su esposo, aún se
encuentran tras las rejas. También para
que sus hijos vivan en un país libre, de
igualdades para todos los cubanos. Añora
que en un futuro no muy lejano su familia se encuentre
unida en una Cuba libre y democrática.
Berta Soler Fernández fue invitada por
la Liga de Ciudadanos Latino-Americanos Unidos
(LULAC) para participar en un congreso sobre Derechos
Humanos que se realizó el pasado 12 de
julio, en Chicago, Illinois. El gobierno cubano
no le concedió el permiso para viajar.
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