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SOCIEDAD
Un triste chiste de Pandas
Luis Cino
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
Los cubanos, como último recurso ante la
desesperanza, seguimos haciendo chistes. Amargos,
casi de humor negro, pero chistes al fin y al
cabo.
No conseguir sepultar la risa de los cubanos
en otro recóndito archivo del Templo, luego
de medio siglo de melodrama totalitario, es uno
de los más grandes fracasos de la revolución
de Fidel Castro. Y otra muestra, ante tanta solemnidad
trágica, de nuestra supervivencia como
pueblo.
Les transcribo a mi modo "una carta"
que circula por La Habana.
Compañeros:
Provengo de una familia humilde, sin TV ni otro
efecto eléctrico. Tuve lactancia materna
pura hasta los 10 años porque no teníamos
donde calentar la leche. Fue una ventaja, porque
después que cumplí los siete años,
ya no me daban leche.
Tenía 10 años de edad cuando mi
padre resultó vanguardia nacional en la
emulación socialista. Lo estimularon con
una cocina de kerosén. La estuvimos utilizando
durante más de 40 años, hasta que
el Comandante nos otorgó las maravillosas
hornillas eléctricas chinas.
Mi padre trabajaba las 24 horas del día
por miedo a quedarse dormido para el trabajo,
pues no tenía despertador.
Con ese ritmo de trabajo constante, volvió
a salir vanguardia nacional y le vendieron por
el sindicato un gallo muy puntual. Cantaba a las
3 de la mañana, y por tanto, mi padre siguió
siendo el primero en llegar al trabajo. Acumuló
suficientes méritos para obtener un radio
soviético VEF-206 que alegró la
vida de toda la familia. Lo celebramos comiéndonos
el gallo.
Teníamos puesto todo el día Radio
Reloj para saber la hora de irnos a trabajar o
a la escuela.
A los 14 años, ingresé en los CDR
(Comités de Defensa de la Revolución).
Como cederistas, mi padre y yo donábamos
10 litros de sangre anuales y 500 horas de trabajo
voluntario. El sindicato, para estimular a los
trabajadores, verificaba en la cuadra su actitud
ante las tareas de la revolución.
Así, cuando cumplí los 32 años
logramos un TV Caribe a crédito y definitivamente
pude conocer los muñequitos rusos y a Elpidio
Valdés, aunque en blanco y negro.
El TV se rompía constantemente. Cuando
al fin terminamos de pagarlo, ya estábamos
en la cola para reposición y confeccionamos
nuestra primera autobiografía. Nos explicaron
que no era cosa de un día y que el proceso
podía demorar años.
Mientras, debíamos utilizar la técnica
del puñetazo para poder ver la televisión.
Tengo 2 fracturas de muñeca, trastornos
visuales de todo tipo y una escoliosis pronunciada
y agresiva como el imperialismo yankee, porque
el aparato sólo se ve desde un lateral.
Gané el premio al mayor ahorrador de energía
eléctrica al tratar de obtener mayor nitidez
de la imagen en la oscuridad.
El único inconveniente fue que en una
asamblea de análisis me plantearon la crítica
constructiva de que permanecía muy encerrado
todo el día y no me relacionaba con los
demás compañeros del CDR. En mi
autocrítica, me comprometí a disculparme
ante el responsable de vigilancia del comité.
Seis años después, nos entregaron
un monitor de computadora de 14 pulgadas, usado,
para aprovecharlo como tubo de pantalla. Así
nos mantenemos siguiendo atentamente las mesas
redondas, cada tarde alas 6 y 30 y luego su retrasmisión
nocturna por el Canal Educativo, para fomentar
nuestro espíritu revolucionario.
Además de leerlas en el Granma y coleccionarlas
en tabloides, disfrutamos la lectura de las Reflexiones
del Comandante a través de nuestro otro
programa favorito, el Noticiero Nacional de Televisión.
Por todo lo anterior, queremos optar por un televisor
Panda en colores. Será más bien
para el disfrute de mis hijos y nietos. A estas
alturas, yo me conformaré con los programas
con servicio de subtitulaje para débiles
visuales e hipo acústicos.
Así, solicito sean tenidos en cuenta mis
méritos políticos y trayectoria
laboral en la próxima bronca sindical por
los mencionados televisores. Quisiera que conste
esta solicitud como la última voluntad
de un moribundo. Luego de tanta generosidad, sé
que la revolución, como de costumbre, no
me fallará. Revolucionariamente,
Humildo Sinná de Antaño.
luicino2004@yahoo.com
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