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CRIMEN
Los enmascarados de Párraga
Shelyn Rojas
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
La violencia en Cuba se incrementa cada día.
El reparto capitalino Párraga es uno de
los primeros en las estadísticas de robos
y asaltos. Barrio marginal donde imperan la pobreza
y la delincuencia. Durante el día, muchos
de sus pobladores juegan barajas, sentados en
las esquinas. Otros husmean en el aire dónde
buscarse la plata.
Si te sorprende la noche en una de sus calles
oscuras, corres el peligro de ser despojado de
lo poco que posees, incluyendo las prendas de
vestir. Si obedeces a los asaltantes puedes quedar
para contar la historia.
Maritza y Carlos vendieron su Chevrolet de 1956.
Este tipo de autos se conoce en la Isla como "almendrones".
El carro estaba en buenas condiciones. Era una
reliquia familiar. Pero la necesidad de una pronta
reparación en su vivienda no les dejó
otra alternativa que venderlo.
Apenas había transcurrido una semana de
la venta cuando fueron sorprendidos en la casa,
de madrugada, por los cacos, enmascarados con
medias negras. Maritza y Carlos fueron amordazados,
y ella, ante la agresión, sufrió
un ataque de asma. Uno de los ladrones le quitó
la mordaza. Después de advertirle a punta
de pistola que no gritara, le dio el spray de
salbutamol para aliviar la falta de aire.
Otro de los enmascarados se sentó en una
esquina de la cama y le preguntó a Carlos
dónde estaba el dinero. Maritza le señaló
una mesa de noche. Cuando el enmascarado abrió
la gaveta encontró cinco mil pesos. Sonrió
mientras guardaba el dinero, y dijo que ese no
era el que querían. Sabían que habían
vendido su carro y ese era el dinero que les interesaba.
Uno de los delincuentes amenazó a Carlos,
quien entregó el dinero.
La policía no encontró a los delincuentes.
No había pistas. Antes de retirarse, los
ladrones regaron detergente para que los perros
no pudieran olfatearlos. Lo aprendieron de los
seriales policíacos americanos que pasan
por la televisión.
Estas historias son cotidianas en Párraga.
Los enmascarados volverán a aparecer. La
vecindad, cuando anochece vive en la incertidumbre
de quién será el próximo
asaltado. La policía hará lo que
pueda, pero tiene otras prioridades: multar a
ancianos vendedores ilegales y acosar a los disidentes.
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