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HISTORIA
Recuerdos del teatro América
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- El edificio América, situado en las calles
Galiano y Neptuno e inaugurado el 29 de marzo
de 1941, es uno de los rascacielos más
bellos de La Habana. Su estilo corresponde al
Art Deco, de líneas definidas, formas simétricas
y elegantes, muy similar a los edificios Radio
City Music Hall y Chrysler, de Nueva York.
Este edificio, para sorpresa de muchos, es uno
de los pocos que se conservan hasta el momento
en buen estado, aunque sus ascensores la mayor
del tiempo no funcionan y el servicio de agua
es deficiente. Comprende 67 apartamentos en sus
doce pisos de alto puntal, y en los bajos un teatro
que aún conserva su nombre, con una capacidad
para 1,800 espectadores. En su momento fue uno
de los edificios más altos de la capital
cubana.
Al igual que otros teatros habaneros, en el América
no sólo se proyectaban los filmes de estreno.
También se presentaban allí importantes
artistas extranjeros y nacionales. Pasó
a formar parte del América de la rica historia
artística de Cuba desde el día de
su inauguración, cuando exhibió
el filme norteamericano El cielo y tú,
con Bette Davis y Charles Boyer, y un espectáculo
artístico a cargo del cantante mexicano
Pedro Vargas, que brindaba su arte por primera
vez en Cuba.
A lo largo de casi veinte años de existencia
jamás el teatro América suspendió
sus funciones diarias. Por su majestuoso e impresionante
escenario desfilaron artistas de gran renombre
internacional como Libertad Lamarque, Olga Guillot,
Lola Flores, Bobby Capó, Alfredo Sadel,
Amanda Ledesma, el trío Los Panchos, Los
Chavales de España, Las Hermanas Lago,
además de orquestas de varios países
y compañías de baile como El Ballet
de la Ópera de París, el ballet
de Alberto Alonso y muchos otros.
Al ser intervenido en 1960 por el gobierno cubano,
el Teatro América se limitó a exhibir
películas de reposición, y se suspendieron
las variedades artísticas. Así permaneció
durante largos años, a medida que se deterioraba
poco a poco su interior.
A finales de 1991 se inició la restauración
del teatro, y se le denominó entonces Gran
Teatro de Variedades, precisamente lo que había
sido en sus años de esplendor, y a partir
de su restauración se presentan eventualmente
en su escenario grupos infantiles de canto y baile
y se celebran actos políticos.
Pero el Teatro América guarda también
entre sus bien decoradas paredes una historia
muy triste. Allí, el 3 de septiembre de
1957, murió una adolescente llamada Urselia
Díaz Báez, nacida en Guanabacoa
el 21 de febrero de 1939. Pertenecía a
los grupos de acción y sabotaje (léase
terroristas) del Movimiento 26 de julio. Su novio,
Antonio Briones Montoto, murió años
después en Venezuela junto a otros cubanos
insurgentes que luchaban contra el gobierno de
ese país.
Aquel día de septiembre, hace 49 años,
Urselia compró una entrada para el Teatro
América, se sentó en una luneta
del fondo, y sin pensar en el público compuesto
de niños y adultos, extrajo de su bolso
una bomba que explotó por accidente en
sus propias manos.
La función de aquél día
terminó con numerosos heridos y cientos
de personas presas de pánico tratando de
escapar del inmueble. En el piso, una muchacha
yacía muerta. Era Urselia. Sólo
tenía 18 años y deseos de seguir
viviendo, puesto que su propósito no era
morir. Fue la primera mujer mártir de aquella
lucha clandestina, y se le considera una heroína
en la prensa nacional, muerta en el cumplimiento
de su deber como miembro de aquel movimiento liderado
por el actual gobernante cubano.
Ese fue el único día que el bello
teatro América cerró sus puertas
antes de terminar la función.
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