PRENSA INDEPENDIENTE
Septiembre 28, 2006

CULTURA
Poeta nacional por decreto

Tania Díaz Castro

LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org) - Muchos son los poetas que a lo largo de la historia han sufrido prisión bajo gobiernos dictatoriales o han marchado al exilio. Es el caso del poeta Agustín Acosta, quién murió en Miami en 1979 a la edad de 93 años y fue despojado de su cargo oficial como Poeta Nacional de forma cruel y lamentable.

Marchó de Matanzas, donde nació, hacia Estados Unidos en 1973. Bastante tarde a juzgar por el injusto tratamiento que sufrió el poeta por parte de los organismos políticos que atendían la Cultura en Cuba. Hoy, al cabo de más de cuatro décadas, es que se publica su libro Última poesía, Ediciones Matanzas, 2005, que abarca una buena parte de su obra inédita, gracias a la licenciada Yolanda C. Brito Alvarez, compiladora y amante de la poesía de Agustín Acosta.

A su llegada a Estados Unidos se publicaron algunos libros suyos, pero en Cuba tuvieron que transcurrir 47 años, largos y turbulentos y llamados revolucionarios, para que en un prólogo -hecho para ese libro- se pudiera leer que… "un hombre que durante más de la mitad del convulso siglo XX llenó los más importantes espacios culturales e intelectuales de Cuba e Hispanoamérica, no puede ser ignorado."

Sin embargo, Agustín Acosta no sólo fue ignorado por el gobierno castrista a partir de 1959, sino tratado con desprecio. Fue el Poeta Nacional durante los años cincuenta, un título que se había ganado de forma oficial por su obra poética, donde exaltaba la cubanía y las ideas martianas. En 1961 supo que ya no lo era cuando un periodista, por iniciativa propia, nombró Poeta Nacional a Nicolás Guillén en una de sus crónicas y ratificada en el Primer Congreso de Escritores y Aristas de Cuba de ese año.

No voy a referirme a su poesía, fiel seguidora del pos modernismo, y desconocida por las actuales generaciones de cubanos de la Isla, sino al poeta, víctima de dogmatismos estalinistas y a quien sumaron a la lista de herejes, a pesar de haber sido siempre un intelectual de honor.

Gracias a sus gestiones oficiales le debemos que a partir de 1936 cada 28 de enero se celebre en todo el país el natalicio de nuestro apóstol José Martí. Escolares de toda Cuba se sabían de memoria sus poemas A la bandera, y 27 de noviembre, y no había cubano que no conociera aquellos versos suyos donde se escuchaba el rechinar de nuestras carretas campesinas, llamados La zafra.

Pero hubo un 1ro de enero de 1959 y muchas cosas cambiaron. Agustín Acosta, aquel poeta tan querido por su pueblo, fue despojado de su bien merecido título de Poeta Nacional -también lo fue Bonifacio Byrne hasta su muerte, en 1936- y se refugió en su casa, donde muchos lo visitaban para que no se sintiera solo y abandonado.

¿Hacía sombra acaso al poeta Nicolás Guillén? No lo creo, el autor de Sóngoro Cosongo ya contaba con una obra importante. Sin embargo, no es por su obra que el gobierno cubano le nombró Poeta Nacional, sino por su filiación comunista, y sin importar que Agustín Acosta ostentara ese título varios años antes gracias a sus versos y a su larga trayectoria como intelectual demócrata. Ni siquiera valió su condición indiscutible de hombre de honor patriótico para sacarlo del escenario cultural de un simple plumazo.

A su casa esquinada de su querida Matanzas fui llevada a finales de los años sesenta por amigos poetas que se consideraban alumnos del Maestro, Carilda Oliver Labra y Rafael Enrique Marrero. Mucho me impresionó aquel hombre tan delgado y pálido, de figura principesca y maneras finas y suaves, anciano presumido al que aún le brillaban los ojos. Me consta que gustaba de las relaciones epistolares. Nos enviamos cartas algunas cartas después de aquella inolvidable tarde invernal, un poco antes de su partida al exilio.

Era, como bien dice su prologuista e investigadora Yolanda C. Brito Alvarez, un gentil-hombre. Lo recuerdo todo un caballero educado, de pocas palabras, de rostro noble y bueno; uno de esos seres humanos que entran discretamente en el corazón de sus amigos para no salirse jamás. Agradecidos debemos de estar a la señora Brito por haber contribuido a la salvación de nuestra identidad nacional con la publicación de esta obra inédita de Agustín Acosta, una prueba irrefutable más de tantos actos aviesos que ha sufrido nuestro mundo intelectual en 47 años de castrosocialismo.

 


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