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SALUD
PUBLICA
Vivir con el enemigo
Ana Leonor Díaz, Grupo de Trabajo Decoro
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- Un spot televisivo muestra a dos individuos
de civil, pero con inconfundible pinta policial
que, sin identificarse, entran en una vivienda,
toman muestras del agua acumulada en tanques,
vasijas, floreros y también en el pequeño
patio. Al final, con el ceño adusto, informan
al anciano y la joven de la casa que "están
viviendo con el enemigo".
En un país donde toda actividad civil
y social se rige por los códigos de la
vida militar, la dramaturgia del corto adquiere
un insoslayable tinte político, aunque
se trata de un mensaje más dentro de la
abrumadora campaña propagandística
para que la población adquiera conciencia
de la necesidad de erradicar al mosquito Aedes
aegypti, causante del dengue, epidemia extendida
por todo el país, aunque no reconocida
por las autoridades sanitarias, y criminalmente
ignorada por la prensa oficialista.
La propaganda, reiterativa y cansona, ha provocado
el efecto contrario, por saturación, a
los fines que persigue. La gente está harta
de los mismos códigos que año tras
año apelan al mismo tema, redoblado en
los últimos cuatro meses.
Paralelo a este bombardeo desinformativo, miles
de hombres y mujeres zapatean pueblos y ciudades,
casas, edificios y covachas; fábricas,
escuelas, oficinas, para descubrir, en la mayoría
de los casos, la existencia de focos de cría
del insecto que, según los especialistas
del Instituto de Medicina Tropical, está
extendido por todas las zonas cálidas de
los cinco continentes (mostraron mapas por televisión).
Pero nadie habla de la actual epidemia de dengue
que está afectando a miles de cubanos.
Por las medidas tomadas en hospitales y policlínicas
del país desde mayo pasado, donde se habilitaron
cientos de camas, se suspendieron las intervenciones
quirúrgicas programadas y las vacaciones
de verano del personal de salud, la secreta epidemia
de dengue ha adquirido proporciones de catástrofe.
Ello también se desprende de las intensas
medidas de fumigación e higienización,
en las que se han comprometido por la fuerza a
numerosos trabajadores, cuyos centros de trabajo
fueron cerrados, o trabajan algunas horas al día,
con el propósito de sumarse a las labores
de limpieza, visitas a domicilio y la creación
(como en toda campaña militar, aunque ésta
sea de tipo sanitario) de puestos de mando en
áreas, municipios y provincias.
Las acciones de fumigación semanal no
se han reducido a los locales. En ciudades con
más de 200 mil habitantes se han empleado
avionetas y helicópteros, y también
vehículos que a diario expelen un producto
químico utilizando el humo del petróleo,
lo cual provoca intoxicación en personas
alérgicas y asmáticas, y está
evaluándose el daño en los cultivos
de vegetales en los huertos urbanos.
La intensidad de la campaña contra el
mosquito arreció en agosto, en Ciudad de
La Habana, donde estudiantes de Medicina extranjeros
visitaban a diario las viviendas para preguntar
el número de moradores, y si alguno padecía
de fiebre. Las crisis asmáticas no entraban
en sus estadísticas.
Algunos de estos estudiantes, no familiarizados
con el secretismo oficial, que reduce las acciones
a la "lucha contra el mosquito", se
identificaron como miembros de la campaña
contra el dengue.
Ciertamente, la seriedad de las medidas sanitarias
ahora son mayores que durante la epidemia de principios
de 2002, la cual costó el cargo al entonces
ministro de Salud Pública y causó
la muerte a una veintena de personas. En esta
ocasión, las cifras fatales se obtienen
de fuentes independientes que no pueden comprobar
lo que dirán los certificados de defunción
que emiten las autoridades de salud.
La extensión e intensidad del cuadro epidémico,
ya a finales de septiembre, lejos de reducirse,
continúa en aumento, y se ha llegado al
caso (tan atestados están las policlínicas
y hospitales) de que el gobierno en las localidades
sólo ingresa a los pacientes por cinco
días, y en algunos casos provee a las familias
con mosquiteros, y mandan a los enfermos a sus
casas, en las cuales son visitados por alumnos
de Medicina, ya que no hay suficientes médicos
de familia
En un país que exhibe cifras de buena
salud poblacional, y envía a 40 mil médicos
a trabajar al extranjero, la epidemia de dengue
echa por tierra la propaganda.
Las medidas sanitarias de emergencia intensificadas
en los últimos cinco meses han caído
en saco roto, porque la disfunción de la
infraestructura urbana (acueductos, alcantarillados
y pavimentación vial) ha colaborado finalmente
a la propagación del dengue en todas las
ciudades y en la capital, principalmente.
En materia de útiles de aseo y limpieza,
sólo están disponibles para una
exigua minoría que puede pagarlos en las
tiendas en divisas, aunque el monopolio estatal
no vende en esos comercios los necesarios insecticidas
para liquidar no sólo al mosquito, sino
también a las garrapatas, hormigas, cucarachas
y ratones que ya se han incorporado a la fauna
doméstica en un círculo vicio que
nos lleva a vivir con el enemigo.
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