PRENSA INDEPENDIENTE
Septiembre 25, 2006

SALUD PUBLICA
La maldición de Robinson y la epidemia del Milagro

Juan González Febles

LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org) - Hace pocos años el Comandante informó al país las incidencias que se desataron cuando un mosquito picó "su querida pierna". Como la vida corre azarosa por las arterias de la Isla, pocos prestaron atención a los avatares de la real pierna, hay cosas más importantes.

Total, en Cuba hay mosquitos desde el siglo XVI. Ellos (los mosquitos) no hacen distingos entre BP (miembros del Buró Político) o CR (contrarrevolucionarios) he ahí su magia: son verdaderos demócratas a su manera, pican con pasión en barrios marginales o zonas congeladas.

Hoy queda demostrado que el Comandante no andaba muy descaminado cuando se preocupó tanto por su querida pierna, sólo se adelantó en el tiempo. Los mosquitos, especialmente los del tipo Aedes aegypti, se han convertido en noticia. La epidemia de fiebres hemorrágicas producidas por cepas virales amazónicas, lejos de ceder, se incrementa.

En círculos médicos se las llama indistintamente "la maldición de Robinson" o la "epidemia del Milagro". Esto en alusión directa a las promocionadas Operación Milagro y Misión Robinson. Producto de las citadas campañas se trajeron a la Isla a latinoamericanos, principalmente venezolanos y bolivianos en grandes cantidades. Se hizo sin correr los trámites migratorios de rigor, es decir, sin cuarentena, control epidemiológico y otros de ese estilo.

Estos latinoamericanos (algunos de ellos) resultaron ser portadores asintomáticos de cepas virales amazónicas. Tales cepas son exóticas en nuestro medio y altamente resistentes al nivel inmunológico promedio. Ante ellas, los dedicados y calificados galenos de la Isla se han visto impotentes y reducidos a la condición de curanderos a la espera de un "milagro" que les permita salvar las vidas confiadas a su cuidado.

Los médicos tienen prohibido diagnosticar dengue, para ello se argumenta que no se quiere desatar un pánico entre la población. Otra razón que aún no se dice y no puede asegurarse que se dirá, al menos mientras se mantenga el actual régimen, es que en este momento pueden cohabitar en la Isla diversos tipos de fiebres hemorrágicas infecciosas vinculadas al dengue y producidas por cepas virales amazónicas diversas.

Las autoridades sanitarias comienzan a ensayar todo un conjunto de medidas para paliar la epidemia. Estas, lamentablemente, son epidérmicas y no van a la raíz del problema. No se le informa a la población que se lidia con una epidemia de dengue. Ni las cuarentenas sectoriales, ni las limitaciones para el desplazamiento en zonas del interior del país resolverán la situación de modo satisfactorio.

Tampoco se informa que el abanico infeccioso abarca un espectro moderado de fiebres hemorrágicas virales, todas de orígenes sudamericanos y tipificados como cepas virales amazónicas. Entre las medidas tomadas, se destaca una desenfrenada campaña de fumigación, que usa mayoritariamente el parathion, con todos los efectos a largo plazo que esto puede ocasionar. Se declaró la guerra al mosquito, la fumigación es continua y constante, desde aviones, vehículos motorizados y a pie, casa por casa con bazookas.

Junto con el mosquito perecerán las abejas, los zunzunes, las lagartijas, las ranitas, los ratoncitos, las jicoteas y toda una serie de criaturas que vivieron en paz con los cubanos. Eso, hasta que llegó la horda verdeolivo con sus misiones y sus milagros. La situación epidemiológica de la Isla pudiera tener adicionalmente consecuencias ecológicas impredecibles. Recuerden al imbécil que se le ocurrió introducir la claria o pez gato en la Isla, hoy la claria reina en ríos, lagunas y estanques.

El pececito se comió a la fauna autóctona junto a valiosas especies importadas, el responsable del desastre, no está preso, es más, no ha sido molestado ¡cosas de mi país!

Mientras la gente muere de dengue, el gobierno calla y fumiga. Hoy es poco probable que otro mosquito pique al Comandante en alguna de sus queridas partes, deben haberse tomado todas las medidas. Hay que tener en cuenta la vocación democrática de estos insectos, su inveterada costumbre de no reconocer zonas congeladas y espacios restringidos.

La Pradera, el albergue privilegiado de los latinoamericanos agraciados de la Operación Milagro, está cerca, quizás demasiado de Punto Cero.


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