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SALUD
PUBLICA
La maldición de Robinson y la epidemia del Milagro
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- Hace pocos años el Comandante informó
al país las incidencias que se desataron
cuando un mosquito picó "su querida
pierna". Como la vida corre azarosa por las
arterias de la Isla, pocos prestaron atención
a los avatares de la real pierna, hay cosas más
importantes.
Total, en Cuba hay mosquitos desde el siglo XVI.
Ellos (los mosquitos) no hacen distingos entre
BP (miembros del Buró Político)
o CR (contrarrevolucionarios) he ahí su
magia: son verdaderos demócratas a su manera,
pican con pasión en barrios marginales
o zonas congeladas.
Hoy queda demostrado que el Comandante no andaba
muy descaminado cuando se preocupó tanto
por su querida pierna, sólo se adelantó
en el tiempo. Los mosquitos, especialmente los
del tipo Aedes aegypti, se han convertido en noticia.
La epidemia de fiebres hemorrágicas producidas
por cepas virales amazónicas, lejos de
ceder, se incrementa.
En círculos médicos se las llama
indistintamente "la maldición de Robinson"
o la "epidemia del Milagro". Esto en
alusión directa a las promocionadas Operación
Milagro y Misión Robinson. Producto de
las citadas campañas se trajeron a la Isla
a latinoamericanos, principalmente venezolanos
y bolivianos en grandes cantidades. Se hizo sin
correr los trámites migratorios de rigor,
es decir, sin cuarentena, control epidemiológico
y otros de ese estilo.
Estos latinoamericanos (algunos de ellos) resultaron
ser portadores asintomáticos de cepas virales
amazónicas. Tales cepas son exóticas
en nuestro medio y altamente resistentes al nivel
inmunológico promedio. Ante ellas, los
dedicados y calificados galenos de la Isla se
han visto impotentes y reducidos a la condición
de curanderos a la espera de un "milagro"
que les permita salvar las vidas confiadas a su
cuidado.
Los médicos tienen prohibido diagnosticar
dengue, para ello se argumenta que no se quiere
desatar un pánico entre la población.
Otra razón que aún no se dice y
no puede asegurarse que se dirá, al menos
mientras se mantenga el actual régimen,
es que en este momento pueden cohabitar en la
Isla diversos tipos de fiebres hemorrágicas
infecciosas vinculadas al dengue y producidas
por cepas virales amazónicas diversas.
Las autoridades sanitarias comienzan a ensayar
todo un conjunto de medidas para paliar la epidemia.
Estas, lamentablemente, son epidérmicas
y no van a la raíz del problema. No se
le informa a la población que se lidia
con una epidemia de dengue. Ni las cuarentenas
sectoriales, ni las limitaciones para el desplazamiento
en zonas del interior del país resolverán
la situación de modo satisfactorio.
Tampoco se informa que el abanico infeccioso
abarca un espectro moderado de fiebres hemorrágicas
virales, todas de orígenes sudamericanos
y tipificados como cepas virales amazónicas.
Entre las medidas tomadas, se destaca una desenfrenada
campaña de fumigación, que usa mayoritariamente
el parathion, con todos los efectos a largo plazo
que esto puede ocasionar. Se declaró la
guerra al mosquito, la fumigación es continua
y constante, desde aviones, vehículos motorizados
y a pie, casa por casa con bazookas.
Junto con el mosquito perecerán las abejas,
los zunzunes, las lagartijas, las ranitas, los
ratoncitos, las jicoteas y toda una serie de criaturas
que vivieron en paz con los cubanos. Eso, hasta
que llegó la horda verdeolivo con sus misiones
y sus milagros. La situación epidemiológica
de la Isla pudiera tener adicionalmente consecuencias
ecológicas impredecibles. Recuerden al
imbécil que se le ocurrió introducir
la claria o pez gato en la Isla, hoy la claria
reina en ríos, lagunas y estanques.
El pececito se comió a la fauna autóctona
junto a valiosas especies importadas, el responsable
del desastre, no está preso, es más,
no ha sido molestado ¡cosas de mi país!
Mientras la gente muere de dengue, el gobierno
calla y fumiga. Hoy es poco probable que otro
mosquito pique al Comandante en alguna de sus
queridas partes, deben haberse tomado todas las
medidas. Hay que tener en cuenta la vocación
democrática de estos insectos, su inveterada
costumbre de no reconocer zonas congeladas y espacios
restringidos.
La Pradera, el albergue privilegiado de los latinoamericanos
agraciados de la Operación Milagro, está
cerca, quizás demasiado de Punto Cero.
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