PRENSA INDEPENDIENTE
Septiembre 19, 2006

CULTURA
"Aunque te maten, ¡no vayas!"

Rafael Alcides responde ocho preguntas siniestras

Luis Cino

LA HABANA, Cuba, septiembre (www.cubanet.org) - Laborioso y testarudo, Rafael Alcides (Barrancas, 1933) tiene un almacén doméstico de poemas y novelas inéditas, en espera de tiempos mejores. Entre el pasado y el porvenir, advertido y advirtiendo "que nada es como suponíamos", espera con su terca paciencia de poeta. No tiene prisa porque se sabe dueño absoluto del tiempo y las palabras.

Me cargó de optimismo tener el placer inmenso de oír sus respuestas a mi cuestionario. Esa tarde de finales de agosto, acompañado por Regina y su hijo, en su pequeño apartamento de Nuevo Vedado, el poeta eludía "la hecatombe de otro día negro"

P: Más de 22 años después de "Agradecido como un perro", ¿podemos abrigar la esperanza de ver publicado en Cuba un nuevo libro de Rafael Alcides?

R: Por supuesto, ni que dieras por terminada la historia de este país. Claro que un día volveré a publicar en Cuba, no digo yo si un día volveré a publicar en Cuba. Ha sido una pregunta siniestra, pero sólo me sorprendió.

P: Usted ha afirmado estar editorialmente muerto en Cuba. Antes, porque no lo publicaban, ahora, por su propia voluntad. ¿No siente nunca frustración o desánimo?

R: No, todo lo contrario. Frustrado me sentiría publicando fuera del día que me he fijado para hacerlo. Un día muy especial. Con mis libros, estarán en los estanquillos de ese día los libros de Padilla, Arenas, Manuel Díaz Martínez, Cabrera Infante, Álvarez Bravo, Benítez Rojo, Raúl Rivero, Jesús Díaz, Moreno Fraginals, Rafael Rojas, Eliseo Alberto, los del propio Antonio José Ponte que ha seguido residiendo aquí en La Habana aunque en la UNEAC no lo quieran, estarán los libros de Carmelo Mesa Lago, de Roberto González Echevarria y de tantos otros autores cubanos cuyos nombres el mundo pronuncia con respeto y aquí, en su patria, vaya paradoja, ni los mencionan.

P: ¿A qué atribuye usted que, a pesar del ostracismo, el modo de hacer de Rafael Alcides haya perdurado en las más recientes generaciones de poetas cubanos?

R: No sé, misterio al fin, sobre esas cosas no hay nada escrito.

P: Es proverbial su fama como prolífico autor de novelas, sin embargo, la mayoría están inéditas. ¿No tiene planes de publicarlas en el exterior?

R: Los tengo, los tengo. Pero es en Cuba donde desearía ver publicadas mis novelas. Que te publiquen en el extranjero da gusto, pero verte obligado a publicar en el extranjero es malo para la salud. En ambos casos, estarías engrandeciendo el patrimonio cultural de tu patria, pero, ¿y tu salud?

P: La "generación del 50", pese a mucha buena poesía y a su influencia en generaciones posteriores, sigue generando polémicas. Usted que es uno de sus más importantes sobrevivientes, ¿Cómo la definiría?

R: Todas las grandes generaciones han sido polémicas. En eso, si existen excepciones, no las recuerdo. Y la nuestra ha hecho una poesía que por su calidad y la aventura que significó, parece estar destinada a sobrevivir. Claro, sus ideas no han sido estéticas solamente. Dado los días de su debut, no podrían haberlo sido. Tampoco podrían serlo las de sus detractores. Hoy que el tiempo ha pasado dejándolo ver todo más claro, lo que en el fondo se sataniza en ella, aunque el interesado crítico se lo calle, es su alineación política. Dicho en otras palabras, el haber sido emblema (que lo fue) de un proyecto social hoy envejecido. Por eso, según la mano capciosa que reparta, si esta, si la otra, la verás en unos casos agarrar más honores de los que tal vez le toquen, y en otros, faltarle hasta la última migajita.

P: Usted ha dicho que "no puede dejar de ser de Barrancas", ¿qué sigue significando Barrancas para Rafael Alcides? ¿Acaso una suerte de paraíso perdido?

R: Tú lo has dicho. Barrancas es mi paraíso perdido. Todavía yo todas las noches sobre las ocho, al entrar los taburetes para acostarnos porque está muy oscuro para seguir en el portal y no podemos malbaratar un centavo comprando luz brillante (keroseno), le digo a mi abuelo: "Écheme la bendición, papá", y él me dice: "Santico, hijo", y le digo a mi abuela: "Écheme la bendición, mamá", y ella, con el olor a albahacas y a colonias puesta a serenar que le dejara el baño de las cinco de la tarde, se agacha a abrazarme y a besarme como si estuviéramos en un muelle, despidiéndonos para un viaje muy largo, como en efecto pronto sucedería, y con mucha ternura me dice al oído: "Dios te haga un santo".

Esto es, por cierto, cuanto queda de Barrancas y su nombre en el mapa. Todo lo otro, el cine, la farmacia, la funeraria, no existe, desapareció, y lo nuevo no ha llegado, ni siquiera tiene una videoteca, una biblioteca, un parque infantil, un círculo social. Cuando a medianoche le da a alguien un dolor de barriga o un infarto, tienen que emparrillarlo en una bicicleta para llevarlo al entronque que está a varios kilómetros. Las guaguas que viajan entre Bayamo y Manzanillo van llenas al pasar por allí, los graduados de los tecnológicos trabajan en la agricultura y condenados como están los barranqueños a no poder seguir estudios en la universidad de Peralejo o encontrar trabajo en las fábricas de Bayamo por falta de transporte, el ocio que le dejan los avatares extras para sobrevivir, lo ocupan en beber alcohol de reverbero colado con algodones, jugar dados, pelear gallos, perros, y apuntar números en la bolita, que de hecho, allí es pública.

Y no vayas. Si pasas por allí, no llegues, si te mandan, no vayas. Olvida un poema mentiroso que sin saber que mentía publiqué en 1984 elogiando la supuesta nueva vida que, viendo los milagros que en otras partes del país ocurrían, inclusive muy cerca de Barrancas, le atribuí a aquel espacio donde nací y he seguido viviendo con el pensamiento. Aunque te maten, ¡no vayas!

Pensaba escribir un artículo para allá afuera sobre este asunto que me ha venido martirizando desde que lo descubrí hace 20 años. Pero aunque no te he dicho ni la mitad, si lo publicas, tal vez ya no valga la pena

P: ¿Qué siente cuando escribe para Encuentro en la Red crónicas sobre la Cuba de ahora mismo

R: En principio, tristeza. Eso siento. ¿Por qué tener que ir tan lejos a decir lo que deberíamos haber debatido aquí en familia? Pero me sobrepongo. El deseo de ser útil te vence. Esto mismo de Barrancas de que te hablaba: denunciarlo a las autoridades provinciales de Granma no tendría sentido porque ellas lo saben. ¿Irles con el cuento a un periódico, llegar incluso con lagrimitas en los ojos al Comité Central? En esos lugares están muy ocupados, no les gusta trasladar malas noticias y no podrían asegurar que el pescado en mal estado que les estás sirviendo no sea el efecto colateral no previsto emanado de alguna orientación general bajada de allá arriba. Ah, pero tal vez cuando sepan a la gente allá afuera tapándose la nariz, entonces corran a enterrar el pescado y a lavar plato y mesa y todo lo demás con jabón y creolina. Es una esperanza que no borraría lo que empezó siendo frustración, pero alivia. Al menos durante un rato te sientes persona.

P: ¿Cómo sueña el futuro Rafael Alcides?

R: "Sueña" ¿has dicho? de la invención de la rueda a la carrera espacial que está teniendo lugar entre los actuales dueños del mundo, tal vez la humanidad no ha sido más feliz pero ha conseguido alargar su vida y hacerla más confortable y segura, excepto cuando llegan las guerras, sea la guerra de morirse enseguida o la otra guerra, la menos civilizada y por ahora empantanada: la de la pobreza. En todo caso, si existen respuestas, están en el futuro. En cuanto al inmediato, al futuro cubano, que por conocérmelo de memoria no necesito soñarlo, puedo resumírtelo diciendo que aquí en Cuba se publicarán mis libros, poesías y novelas bajo las condiciones de que te hablaba al comienzo de esta charla. No sé si esto responderá tu pregunta.


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