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CULTURA
"Aunque te maten, ¡no vayas!"
Rafael Alcides responde ocho preguntas siniestras
Luis Cino
LA HABANA, Cuba, septiembre (www.cubanet.org)
- Laborioso y testarudo, Rafael Alcides (Barrancas,
1933) tiene un almacén doméstico
de poemas y novelas inéditas, en espera
de tiempos mejores. Entre el pasado y el porvenir,
advertido y advirtiendo "que nada es como
suponíamos", espera con su terca paciencia
de poeta. No tiene prisa porque se sabe dueño
absoluto del tiempo y las palabras.
Me cargó de optimismo tener el placer
inmenso de oír sus respuestas a mi cuestionario.
Esa tarde de finales de agosto, acompañado
por Regina y su hijo, en su pequeño apartamento
de Nuevo Vedado, el poeta eludía "la
hecatombe de otro día negro"
P: Más de 22 años después
de "Agradecido como un perro", ¿podemos
abrigar la esperanza de ver publicado en Cuba
un nuevo libro de Rafael Alcides?
R: Por supuesto, ni que dieras por terminada
la historia de este país. Claro que un
día volveré a publicar en Cuba,
no digo yo si un día volveré a publicar
en Cuba. Ha sido una pregunta siniestra, pero
sólo me sorprendió.
P: Usted ha afirmado estar editorialmente muerto
en Cuba. Antes, porque no lo publicaban, ahora,
por su propia voluntad. ¿No siente nunca
frustración o desánimo?
R: No, todo lo contrario. Frustrado me sentiría
publicando fuera del día que me he fijado
para hacerlo. Un día muy especial. Con
mis libros, estarán en los estanquillos
de ese día los libros de Padilla, Arenas,
Manuel Díaz Martínez, Cabrera Infante,
Álvarez Bravo, Benítez Rojo, Raúl
Rivero, Jesús Díaz, Moreno Fraginals,
Rafael Rojas, Eliseo Alberto, los del propio Antonio
José Ponte que ha seguido residiendo aquí
en La Habana aunque en la UNEAC no lo quieran,
estarán los libros de Carmelo Mesa Lago,
de Roberto González Echevarria y de tantos
otros autores cubanos cuyos nombres el mundo pronuncia
con respeto y aquí, en su patria, vaya
paradoja, ni los mencionan.
P: ¿A qué atribuye usted que, a
pesar del ostracismo, el modo de hacer de Rafael
Alcides haya perdurado en las más recientes
generaciones de poetas cubanos?
R: No sé, misterio al fin, sobre esas
cosas no hay nada escrito.
P: Es proverbial su fama como prolífico
autor de novelas, sin embargo, la mayoría
están inéditas. ¿No tiene
planes de publicarlas en el exterior?
R: Los tengo, los tengo. Pero es en Cuba donde
desearía ver publicadas mis novelas. Que
te publiquen en el extranjero da gusto, pero verte
obligado a publicar en el extranjero es malo para
la salud. En ambos casos, estarías engrandeciendo
el patrimonio cultural de tu patria, pero, ¿y
tu salud?
P: La "generación del 50", pese
a mucha buena poesía y a su influencia
en generaciones posteriores, sigue generando polémicas.
Usted que es uno de sus más importantes
sobrevivientes, ¿Cómo la definiría?
R: Todas las grandes generaciones han sido polémicas.
En eso, si existen excepciones, no las recuerdo.
Y la nuestra ha hecho una poesía que por
su calidad y la aventura que significó,
parece estar destinada a sobrevivir. Claro, sus
ideas no han sido estéticas solamente.
Dado los días de su debut, no podrían
haberlo sido. Tampoco podrían serlo las
de sus detractores. Hoy que el tiempo ha pasado
dejándolo ver todo más claro, lo
que en el fondo se sataniza en ella, aunque el
interesado crítico se lo calle, es su alineación
política. Dicho en otras palabras, el haber
sido emblema (que lo fue) de un proyecto social
hoy envejecido. Por eso, según la mano
capciosa que reparta, si esta, si la otra, la
verás en unos casos agarrar más
honores de los que tal vez le toquen, y en otros,
faltarle hasta la última migajita.
P: Usted ha dicho que "no puede dejar de
ser de Barrancas", ¿qué sigue
significando Barrancas para Rafael Alcides? ¿Acaso
una suerte de paraíso perdido?
R: Tú lo has dicho. Barrancas es mi paraíso
perdido. Todavía yo todas las noches sobre
las ocho, al entrar los taburetes para acostarnos
porque está muy oscuro para seguir en el
portal y no podemos malbaratar un centavo comprando
luz brillante (keroseno), le digo a mi abuelo:
"Écheme la bendición, papá",
y él me dice: "Santico, hijo",
y le digo a mi abuela: "Écheme la
bendición, mamá", y ella, con
el olor a albahacas y a colonias puesta a serenar
que le dejara el baño de las cinco de la
tarde, se agacha a abrazarme y a besarme como
si estuviéramos en un muelle, despidiéndonos
para un viaje muy largo, como en efecto pronto
sucedería, y con mucha ternura me dice
al oído: "Dios te haga un santo".
Esto es, por cierto, cuanto queda de Barrancas
y su nombre en el mapa. Todo lo otro, el cine,
la farmacia, la funeraria, no existe, desapareció,
y lo nuevo no ha llegado, ni siquiera tiene una
videoteca, una biblioteca, un parque infantil,
un círculo social. Cuando a medianoche
le da a alguien un dolor de barriga o un infarto,
tienen que emparrillarlo en una bicicleta para
llevarlo al entronque que está a varios
kilómetros. Las guaguas que viajan entre
Bayamo y Manzanillo van llenas al pasar por allí,
los graduados de los tecnológicos trabajan
en la agricultura y condenados como están
los barranqueños a no poder seguir estudios
en la universidad de Peralejo o encontrar trabajo
en las fábricas de Bayamo por falta de
transporte, el ocio que le dejan los avatares
extras para sobrevivir, lo ocupan en beber alcohol
de reverbero colado con algodones, jugar dados,
pelear gallos, perros, y apuntar números
en la bolita, que de hecho, allí es pública.
Y no vayas. Si pasas por allí, no llegues,
si te mandan, no vayas. Olvida un poema mentiroso
que sin saber que mentía publiqué
en 1984 elogiando la supuesta nueva vida que,
viendo los milagros que en otras partes del país
ocurrían, inclusive muy cerca de Barrancas,
le atribuí a aquel espacio donde nací
y he seguido viviendo con el pensamiento. Aunque
te maten, ¡no vayas!
Pensaba escribir un artículo para allá
afuera sobre este asunto que me ha venido martirizando
desde que lo descubrí hace 20 años.
Pero aunque no te he dicho ni la mitad, si lo
publicas, tal vez ya no valga la pena
P: ¿Qué siente cuando escribe
para Encuentro en la Red crónicas sobre
la Cuba de ahora mismo
R: En principio, tristeza. Eso siento. ¿Por
qué tener que ir tan lejos a decir lo que
deberíamos haber debatido aquí en
familia? Pero me sobrepongo. El deseo de ser útil
te vence. Esto mismo de Barrancas de que te hablaba:
denunciarlo a las autoridades provinciales de
Granma no tendría sentido porque ellas
lo saben. ¿Irles con el cuento a un periódico,
llegar incluso con lagrimitas en los ojos al Comité
Central? En esos lugares están muy ocupados,
no les gusta trasladar malas noticias y no podrían
asegurar que el pescado en mal estado que les
estás sirviendo no sea el efecto colateral
no previsto emanado de alguna orientación
general bajada de allá arriba. Ah, pero
tal vez cuando sepan a la gente allá afuera
tapándose la nariz, entonces corran a enterrar
el pescado y a lavar plato y mesa y todo lo demás
con jabón y creolina. Es una esperanza
que no borraría lo que empezó siendo
frustración, pero alivia. Al menos durante
un rato te sientes persona.
P: ¿Cómo sueña el futuro
Rafael Alcides?
R: "Sueña" ¿has dicho?
de la invención de la rueda a la carrera
espacial que está teniendo lugar entre
los actuales dueños del mundo, tal vez
la humanidad no ha sido más feliz pero
ha conseguido alargar su vida y hacerla más
confortable y segura, excepto cuando llegan las
guerras, sea la guerra de morirse enseguida o
la otra guerra, la menos civilizada y por ahora
empantanada: la de la pobreza. En todo caso, si
existen respuestas, están en el futuro.
En cuanto al inmediato, al futuro cubano, que
por conocérmelo de memoria no necesito
soñarlo, puedo resumírtelo diciendo
que aquí en Cuba se publicarán mis
libros, poesías y novelas bajo las condiciones
de que te hablaba al comienzo de esta charla.
No sé si esto responderá tu pregunta.
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