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SALUD
PUBLICA
Una batalla silente
Miguel Iturria Savón
LA HABANA, septiembre (www.cubanet.org) - Es
una batalla tremenda y relativamente silenciosa.
El escenario de la contienda son las casas, las
calles y algunos hospitales. El enemigo es un
mosquito de nombre singular que desencadena los
fantasmas de la muerte y pone en guardia a un
ejercito de funcionarios. Los habitantes de la
capital -y de otras ciudades del país-
son sospechosos de colaboración. El dengue
renace en las aguas estancadas y en los vasos
espirituales. Los amuletos de la esperanza traicionan
a sus ingenuos depositarios.
Las ambulancias recorren las calles. Las postas
médicas y las policlínicas reportan
los casos. La recogida es a domicilio durante
las 24 horas del día. Un chofer y una enfermera
trasladan a los pacientes a los hospitales designados,
donde son aislados y atendidos como seres peligrosos.
Las cifras se mantienen en silencio. Las bajas
son secreto de Estado. A un mes de propagada la
contienda sólo existen rumores y hechos
puntuales a nivel de barrio y hospitales. Se dice
que enterraron recientemente al ex director de
la policlínica capitalina "Luis de
la Puente Uceda". Un periodista de La Víbora
habla de otros casos mortales en Párraga,
Boyeros y El Cerro. Un chofer de ambulancia de
El Cotorro asegura haber trasladado hasta 25 personas
contaminadas en su jornada de trabajo.
Gana espacio la ley rumor. El problema es evidente
pero la gente mantiene la calma. Son tantas las
angustias existenciales que ni la muerte logra
sacarnos de la rutina. Sólo las víctimas
del dengue y sus afligidos familiares piensan
en la magnitud de la tragedia.
Los vecinos se quejan del asedio sanitario a
los hogares. Llega primero el que revisa los patios
en busca de depósitos de agua. Dos horas
después toca a la puerta otro inspector
para fiscalizar el trabajo del primero. Le sigue
el que fumiga. Casi al anochecer viene un obrero
enviado por el Partido. La escena se repite al
día siguiente con alguna variante. Te sorprende
entonces una estudiante de enfermería que
interroga al morador acerca de los síntomas
de la enfermedad entre los miembros de la familia.
El sábado le corresponde a los estudiantes
de la secundaria básica más próxima,
y el domingo a los de la escuela de Economía
o del Politécnico de la construcción.
A tan peculiar manera de enfrentar la enfermedad
se suman los cederistas, los delegados del Poder
Popular y otros combativos funcionarios que miran
con recelo cada rincón.
El teque es el mismo: "El mosquito esta
agazapado. Usted puede ser su víctima.
No los proteja". Nada dicen de otros problemas
que inciden en la salud y en la vida de las personas.
La prensa oficial sabe guardar los secretos epidemiológicos.
Mientras tanto, el rumor crece en las esquinas
de pueblos y ciudades. El mosquito cabalga como
un duende travieso que pone en jaque a un ejercito
de fantasmas.
Dengue
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