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CULTURA
Un heraldo negro en la poesía cubana
Marcelo Jiménez Jiménez, Jóvenes
sin Censura
HOLGUIN, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- Leer una poesía que conmueva se va convirtiendo
en un acto de rareza y descubrimiento. Esto lo
discutía con un amigo que se precia de
leer la mejor poesía que se escribe en
Cuba. Pero eso nunca se sabe. Primero porque no
es posible leer todo lo que sea publicado, y segundo,
porque cada quien se conmueve con lo que lo mueve,
que parece un trabalenguas, pero no lo es.
Hace poco encontré en Camagüey, en
una biblioteca independiente por supuesto, el
poemario titulado Confesiones ante el crepúsculo,
del prisionero de conciencia, y ahora en licencia
extrapenal, Jorge Olivera Castillo. El mismo está
editado en Miami por el sello de Bibliotecas Independientes
de Cuba y resulta un verdadero acto de alta literatura.
A este poeta no le interesa poetizar sobre la
realidad carcelaria, ni saca astillas del leño
caído de los derechos civiles en Cuba.
Dividido en dos partes, la primera resulta de
un lirismo comparado con los poetas del neoromanticismo
cubano, como Carilda Oliver Labra, Dulce Maria
Loynaz, y, el por fin rescatado, José Ángel
Buesa.
En el poema Promesa nos dice: "Te envolveré
en una sonrisa y/ tus soledades serán como
el polvo/ será el fin de este letargo condenándome/
a verlo en la tierra y en el cielo". Y es
así que un poeta que sufre el rigor de
la condena a no ver más las calles, los
pájaros, los niños y las playas,
por 18 años, decide no ocuparse de esos
designios de Dios y ocuparse de la poesía.
Ese instrumento que junta mejillas y hace que
los abrazos sean más calidos, es así,
que recordando lo mejor de Villena, Boti, o Poveda,
le dice a quien debe ser la inspiración
de su sujeto lírico. "La última
imagen fue un pantalón negro/ que resaltaba
tu figura/ y un beso que llegó justo/ antes
de quedarme ciego".
Según palabras de este poeta, todo mal
lo cura una canción. Y así debe
ser. Porque encontrar una voz sin resentimiento
ni odio, a la manera de Raúl Rivero, Manuel
Vázquez Portal, o con el poder de síntesis
y de la alegría de Regis Iglesias, ya dice
mucho de los poetas y narradores, que están
haciendo su obra, detrás de las sombras
de los barrotes.
Con estas confesiones de Jorge Olivera, como
"ciudadano del mundo,/ estoy a merced de
los dinosaurios". El mundo se reduce un poco,
pero se ensancha a la vez. Se renueva, alimenta
su memoria, vive, respira, cambia.
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