|
SALUD
PUBLICA
Guerra avisada
Jorge Olivera Castillo
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- Parece un desfile de nubes. La fiesta de la
neblina en tiempo real. Vapores que asaltan solares
y otros vecindarios, centros de trabajo y locales
mugrientos. Es una constante en La Habana que
gusta emular con la decadencia.
Humos esparcidos por aparatos con nombre bélico:
bazookas. Sí, es una guerra entre soldados
vestidos de gris y sudorosos que disparan a matar
y unos adversarios que se escurren en los prolíficos
cráteres con aguas de todos los tiempos,
en los basurales erigidos como recias estatuas
en cada esquina, en los maltrechos inodoros de
casas y tugurios y en la red amplia y destartalada
de chirimbolos listos para llenar con el agua
que llega a cuentagotas o de vez en cuando como
lo suele hacer algún pensamiento extraviado
en la memoria.
El Aedes aegypti, ese el culpable de las humaredas
y del dengue con sus fiebres y sobresaltos. Está
aquí nuevamente sobrevolando la isla en
busca de protagonizar una epidemia. Se dice que
ha tenido éxito. Hay infectados por doquier
debatiéndose entre la vida y la muerte.
También se habla de mutaciones del virus
y de una gama de variantes en las sintomatologías.
Todo transcurre en el misterio. Las informaciones
oficiales denotan ciertas fallas. Llegan mutiladas,
con una capa de sombras y un sombrero de ambigüedades.
La crispación comparte espacio con la indiferencia,
en un matrimonio raro, sólo posible en
los ámbitos donde la enajenación
fluye, se despliega con un caudal insospechado.
Unos tiemblan ante el aleteo de un mosquito en
las cercanías del tímpano. Otros
siguen en su rutina dominada por los trajines
de la subsistencia. No les importa nada que no
sea soñar con un futuro a distancia prudencial
de sus catástrofes. Versiones extraoficiales
indican cifras de afectados que alcanzan los cinco
dígitos. Es probable. Las deficiencias
higiénico-sanitarias son de carácter
permanente. La indisciplina social junto a una
fallida política gubernamental en este
sentido es la química perfecta para producir
virus y bacterias.
El tercer mundo se distingue sin prismáticos
desde cualquier ángulo de la geografía
insular. Tal categoría impera, se expande
como un reino desde Pinar del Río a Guantánamo.
Haití, se nota más cerca que Morón
y Jagüey Grande. No, no es ninguna aberración
visual, es que la inmundicia es una hidra de mil
cabezas, la indolencia una mordida de tiburón
blanco y el caos un aullido con partitura de himno.
Los mosquitos no se extinguen, sin lugar a dudas
han ideado tácticas de evasión;
de noche salen a buscar sangre en las ciudades
y los campos. Apenas nos queda rezar para que
no sea un Aedes con el germen del dengue en sus
entrañas. Acabar con los focos es una tarea
de difícil erradicación. Los miles
de salideros seguirán regando las avenidas
como es ya costumbre. Los desechos persistirán
como parte indivisible del ornato.
Puedo proclamarme profeta en estos asuntos. Sencillamente
el orden se ha perdido en un mar de decretos y
discursos. La ética es un recuerdo cada
día más empañado por un sálvese
quien pueda y la razón una sustancia diluida
en las tragedias cotidianas. Esta es una guerra
avisada, no obstante la victoria puede ser de
los mosquitos.
Dengue
en Cuba (noticias relacionadas)
|