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SOCIEDAD
Proyecto 23
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - septiembre (www.cubanet.org).
Para escribir esta crónica no voy a utilizar
estadísticas económicas como esas
que nos dicen que el Producto Interno Bruto más
bajo de América Latina corresponde a Cuba,
la isla del Caribe que enarbola el socialismo
como el sistema económico que ofrece mejor
calidad de vida. Prefiero escribir esta crónica
bajo los efectos de nuestro pasado y de nuestro
presente. El futuro se lo dejo a Dios y a quienes
lo predicen.
El problema es que estamos ante otro gran proyecto
del socialismo cubano: crear una cadena de instalaciones
gastronómicas estatales a lo largo de la
calle 23, del Vedado capitalino. La misma prensa
oficialista, Trabajadores, del pasado 4 de septiembre
nos informa que la mayoría de los clientes
entrevistados dudaba de la durabilidad de dichas
instalaciones.
Los que vivimos en Cuba sabemos muy bien que
cualquier proyecto estatal establecido para brindar
algún servicio a la población, dura
lo que un merengue en la puerta de una escuela.
Al igual que los periodistas de Trabajadores,
también pensamos que el escepticismo es
justificado, porque bajo el socialismo, donde
todo pertenece al Estado, nada se mantiene funcionando
en óptimas condiciones.
Inspiran pena esas cafeterías administradas
por el Estado que empiezan bien y al poco tiempo,
junto a la mala calidad de sus productos, el deterioro
paulatino que sufre la instalación hace
que los mismos inspectores estatales que la supervisaban
ordenen su clausura.
Aún así, el gobierno insiste en
tratar de obtener para la ciudad lo que fácilmente
se logra bajo un régimen de economía
libre: remoza sus cafeterías, pizzerías,
bares y restaurantes, aunque al poco tiempo se
vea obligado a cerrarlos, sin querer darse cuenta
de que el caballo no prospera porque no tiene
amo. Los administradores, tan asalariados como
el resto de los trabajadores, no poseen ese ojo
que le es tan necesario al caballo.
Pero el gobierno socialista no se da por vencido.
No importa que hayan transcurrido 47 años
de experiencias y sufrimientos para el pueblo.
Ahora se habla del "Proyecto 23", aunque
dentro de unos meses sus 32 unidades gastronómicas
comiencen a cerrarse, las que, vale la aclaración,
no son de nueva creación, sino las mismas
que se han restaurado en otros tiempos y que también
fueron cerradas.
O sea, para aquellos que tienen buena memoria,
digamos que se ha abierto de nuevo el restaurante
El Cochinito de 23, las pizzerías Buona
Sera, Milán y El Recreo, la cafetería
La Pelota, de 12 y 23, La Cuevita, de 23 y 26
y muchas otras, instalaciones que varias veces
y durante años se han mantenido cerradas
por falta de mantenimiento.
Claro que bajo el socialismo puede abrirse de
nuevo cualquier comercio. Lo que no puede el socialismo
es ofertar productos de primera calidad ni una
buena atención al cliente, mucho menos
mantener abiertas las instalaciones para que funcionen
todo el tiempo, sobre todo si nos referimos a
instalaciones comerciales cuya venta se realiza
en moneda nacional.
Es mucha la experiencia acumulada para pensar
que "Proyecto 23" pueda ser un éxito.
No olvidemos ese sabio y viejo proverbio que dice:
"El ojo del amo engorda el caballo".
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