PRENSA INDEPENDIENTE
Septiembre 7, 2006

SALUD PUBLICA
Vuelve el dengue

Tania Díaz Castro

LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org) - Hasta hoy no hay noticia de las víctimas que está ocasionando la epidemia de dengue que nos azota este verano. Los hospitales habaneros están abarrotados de enfermos, y el humo de la fumigación, tanto en las calles como en los inmuebles, no cesa. A juzgar por su frecuencia pudiéramos decir que estamos ante otra gravísima epidemia de dengue cuyos resultados pueden ser peores que en ocasiones anteriores.

Todo parece indicar que entre los años 265 y 420 después de nuestra era, en China se conocía el dengue de acuerdo a la descripción de cuadros clínicos semejantes aparecidos en una enciclopedia correspondiente a la dinastía de esa época. En fecha tan remota ya los sabios chinos tenían el criterio de que la enfermedad provenía de insectos voladores asociados al agua.

Durante el siglo XIX, varias décadas después que el doctor Benjamín Rush, médico de la ciudad norteamericana de Philadelphia, Pennsylvania, describiera las características de esta dolencia, La Habana se vio afectada por primera vez con una epidemia de dengue. Fue precisamente en el siglo XIX que el investigador cubano Carlos J. Finlay dedicó sus conocimientos médicos para descubrir que la transmisión de la fiebre amarilla la provocaba el mosquito Aedes aegypti, también vector del dengue.

Según datos científicos, el dengue clásico se caracteriza por fiebre, decaimiento, dolores de cabeza y articulaciones, pérdida del apetito, y erupción con picazón, y sus complicaciones derivan en un dengue hemorrágico con vómitos frecuentes, a veces diarreas, dolor abdominal sostenido, somnolencia o irritabilidad.

El 2l de enero de 2001, cuando los cubanos nos enfrentamos a otra gran epidemia del dengue, el profesor Gustavo Kourí, director general del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí, señaló a la prensa nacional que era necesario, sobre todo en Ciudad Habana, la asignación de recursos para la higiene ambiental, destacando como algo primordial la recogida de desechos sólidos y tarecos -algo que degenera en micro vertederos-, el control de los salideros y la fumigación sistemática.

Sin embargo, las orientaciones de esta autoridad médica mundial no se pusieron en práctica, por lo que continúan los cubanos sufriendo de este mal de forma casi permanente desde hace más de tres décadas. El 22 de enero de 2002, el periódico Granma publicó que solamente en Ciudad Habana se habían detectado por esos días 4,726 salideros de agua, de los cuales 583 estaban vinculados a los focos del mosquito Aedes aegypti, 3, 971 afectaban el abasto de agua a la población, incluidos hospitales y escuelas, y 172 se mantenían por donde pasaban 88 rutas de ómnibus que fueron desviadas a causa de los huecos de las calles llenos de agua.

A lo largo de estos años la fumigación continúa haciéndose cuando la epidemia está en su apogeo y no como medida preventiva, como lo aconsejó el Dr. Kourí. La higienización de la capital deja mucho que desear: no se recoge la basura y los escombros diariamente y se mantienen los salideros en viviendas y calles, algo que influye para que el agua no sea suficiente, razón esta para que las familias se vean obligadas a almacenarla en envases, que es precisamente donde el mosquito también deposita sus huevos, si no se tiene la precaución de tener tapados dichos envases.

Agreguémosle a esto la falta de productos para la higiene individual. La libreta de abastecimiento no resuelve las necesidades de jabón de baño, detergente y otros productos que debe consumir una familia al mes para que su hogar se mantenga limpio.

El término dengue tuvo su origen durante la segunda década del siglo XIX a consecuencia de una gran epidemia que azotó al Caribe. Los esclavos provenientes de África llamaban a la enfermedad dinga o dyenga, de la lengua swahili y la atribuían a la presencia de un espíritu malo en el cuerpo del enfermo.

No solamente el sabio chino Confucio (551-479 a. C.) explicó que la salud depende mucho más de las condiciones higiénicas de nuestro hábitat que de un sistema médico en la población. También nuestro Apóstol José Martí se refirió al mismo tema cuando dijo que la verdadera medicina que cura es la higiene.

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