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SALUD
PUBLICA
Vuelve el dengue
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- Hasta hoy no hay noticia de las víctimas
que está ocasionando la epidemia de dengue
que nos azota este verano. Los hospitales habaneros
están abarrotados de enfermos, y el humo
de la fumigación, tanto en las calles como
en los inmuebles, no cesa. A juzgar por su frecuencia
pudiéramos decir que estamos ante otra
gravísima epidemia de dengue cuyos resultados
pueden ser peores que en ocasiones anteriores.
Todo parece indicar que entre los años
265 y 420 después de nuestra era, en China
se conocía el dengue de acuerdo a la descripción
de cuadros clínicos semejantes aparecidos
en una enciclopedia correspondiente a la dinastía
de esa época. En fecha tan remota ya los
sabios chinos tenían el criterio de que
la enfermedad provenía de insectos voladores
asociados al agua.
Durante el siglo XIX, varias décadas después
que el doctor Benjamín Rush, médico
de la ciudad norteamericana de Philadelphia, Pennsylvania,
describiera las características de esta
dolencia, La Habana se vio afectada por primera
vez con una epidemia de dengue. Fue precisamente
en el siglo XIX que el investigador cubano Carlos
J. Finlay dedicó sus conocimientos médicos
para descubrir que la transmisión de la
fiebre amarilla la provocaba el mosquito Aedes
aegypti, también vector del dengue.
Según datos científicos, el dengue
clásico se caracteriza por fiebre, decaimiento,
dolores de cabeza y articulaciones, pérdida
del apetito, y erupción con picazón,
y sus complicaciones derivan en un dengue hemorrágico
con vómitos frecuentes, a veces diarreas,
dolor abdominal sostenido, somnolencia o irritabilidad.
El 2l de enero de 2001, cuando los cubanos nos
enfrentamos a otra gran epidemia del dengue, el
profesor Gustavo Kourí, director general
del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí,
señaló a la prensa nacional que
era necesario, sobre todo en Ciudad Habana, la
asignación de recursos para la higiene
ambiental, destacando como algo primordial la
recogida de desechos sólidos y tarecos
-algo que degenera en micro vertederos-, el control
de los salideros y la fumigación sistemática.
Sin embargo, las orientaciones de esta autoridad
médica mundial no se pusieron en práctica,
por lo que continúan los cubanos sufriendo
de este mal de forma casi permanente desde hace
más de tres décadas. El 22 de enero
de 2002, el periódico Granma publicó
que solamente en Ciudad Habana se habían
detectado por esos días 4,726 salideros
de agua, de los cuales 583 estaban vinculados
a los focos del mosquito Aedes aegypti, 3, 971
afectaban el abasto de agua a la población,
incluidos hospitales y escuelas, y 172 se mantenían
por donde pasaban 88 rutas de ómnibus que
fueron desviadas a causa de los huecos de las
calles llenos de agua.
A lo largo de estos años la fumigación
continúa haciéndose cuando la epidemia
está en su apogeo y no como medida preventiva,
como lo aconsejó el Dr. Kourí. La
higienización de la capital deja mucho
que desear: no se recoge la basura y los escombros
diariamente y se mantienen los salideros en viviendas
y calles, algo que influye para que el agua no
sea suficiente, razón esta para que las
familias se vean obligadas a almacenarla en envases,
que es precisamente donde el mosquito también
deposita sus huevos, si no se tiene la precaución
de tener tapados dichos envases.
Agreguémosle a esto la falta de productos
para la higiene individual. La libreta de abastecimiento
no resuelve las necesidades de jabón de
baño, detergente y otros productos que
debe consumir una familia al mes para que su hogar
se mantenga limpio.
El término dengue tuvo su origen durante
la segunda década del siglo XIX a consecuencia
de una gran epidemia que azotó al Caribe.
Los esclavos provenientes de África llamaban
a la enfermedad dinga o dyenga, de la lengua swahili
y la atribuían a la presencia de un espíritu
malo en el cuerpo del enfermo.
No solamente el sabio chino Confucio (551-479
a. C.) explicó que la salud depende mucho
más de las condiciones higiénicas
de nuestro hábitat que de un sistema médico
en la población. También nuestro
Apóstol José Martí se refirió
al mismo tema cuando dijo que la verdadera medicina
que cura es la higiene.
Dengue
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