PRENSA INDEPENDIENTE
Septiembre 7, 2006

SALUD PUBLICA
Odisea en el hospital Miguel Enrique

Shelyn Rojas

LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org) - En la madrugada del día 2 de julio, Lourdes sintió un dolor en el pecho. Ya tenía experiencias, todo parecía el comienzo de un infarto. Asustada, despertó a su hijo Ricardo.

Lourdes, de 64 años de edad, fue con su hijo y su nuera para el cuerpo de guardia del hospital Miguel Enríquez. Ricardo le explicó al doctor que hacia unos años su madre había sufrido un infarto.

Le mandaron a hacer un electro. Inmediatamente el doctor decidió ingresarla en terapia intensiva. Por no haber camas disponibles en la sala de terapia, la retuvieron en la sala del cuerpo de guardia.

Lourdes, a pesar de tener un estado anímico bueno, sufría un pre-infarto. El electro cardiograma lo confirmó.

La sala donde fue ingresada momentáneamente Lourdes es un salón de cuatro camas que no reúne condiciones para una buena atención.

A medida que pasaban las horas, Lourdes se iba agravando. Ricardo, asustado, se lo comunicó a la doctora. Ella, muy groseramente, le exigió a Richard salir del cuarto.

Ricardo le dijo a la doctora que ya habían pasado varias horas. Necesitaba una cama disponible para trasladar a su madre a terapia intensiva. La doctora le respondió que tenía que esperar a que se desocupara una cama.

A las 9 de la mañana, Ricardo, al ver cómo empeoraba su mamá, le expresó a la doctora que si antes de las 12 su madre no estaba en terapia intensiva, fuera a llamar a las Fuerzas Armadas, que no perdiera el tiempo con policías, porque él mismo iba a llevarla para terapia a como diera lugar. La doctora lo tomó en cuenta.

Al llegar a terapia intensiva, Ricardo y su mamá se asustaron. La mitad de los falsos techos no existen. Los colchones de las camas están en pésimo estado. Las cucarachas son las eternas compañías de los pacientes. Los cristales de las ventanas son suplantados por cartones y no hay forma de calentar agua para bañarse.

El doctor le ordenó, como parte del tratamiento, una dieta blanda (purés, viandas y jugos). La comida del hospital fue potaje de judías y un boniato hervido.

Al tercer día, a causa de un torrencial aguacero, tuvo que ser evacuada toda la sala. Lourdes no sabía si habría sido preferible quedarse en el cuerpo de guardia.

Lo que más sorprendió a la familia fue que una mañana tropezaron con banderas, himnos y ceremonia con discursos. La calle estaba cerrada y custodiada por policías. En la puerta del hospital, un cartel bien grande proclamaba que éste era vanguardia nacional.

Lourdes rebasó su padecimiento y regresó a su hogar. Afirma que si vuelve a enfermarse no volverá al hospital vanguardia nacional Miguel Enríquez.

celiatrg@gmail.com


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