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SALUD
PUBLICA
Odisea en el hospital Miguel Enrique
Shelyn Rojas
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- En la madrugada del día 2 de julio, Lourdes
sintió un dolor en el pecho. Ya tenía
experiencias, todo parecía el comienzo
de un infarto. Asustada, despertó a su
hijo Ricardo.
Lourdes, de 64 años de edad, fue con su
hijo y su nuera para el cuerpo de guardia del
hospital Miguel Enríquez. Ricardo le explicó
al doctor que hacia unos años su madre
había sufrido un infarto.
Le mandaron a hacer un electro. Inmediatamente
el doctor decidió ingresarla en terapia
intensiva. Por no haber camas disponibles en la
sala de terapia, la retuvieron en la sala del
cuerpo de guardia.
Lourdes, a pesar de tener un estado anímico
bueno, sufría un pre-infarto. El electro
cardiograma lo confirmó.
La sala donde fue ingresada momentáneamente
Lourdes es un salón de cuatro camas que
no reúne condiciones para una buena atención.
A medida que pasaban las horas, Lourdes se iba
agravando. Ricardo, asustado, se lo comunicó
a la doctora. Ella, muy groseramente, le exigió
a Richard salir del cuarto.
Ricardo le dijo a la doctora que ya habían
pasado varias horas. Necesitaba una cama disponible
para trasladar a su madre a terapia intensiva.
La doctora le respondió que tenía
que esperar a que se desocupara una cama.
A las 9 de la mañana, Ricardo, al ver
cómo empeoraba su mamá, le expresó
a la doctora que si antes de las 12 su madre no
estaba en terapia intensiva, fuera a llamar a
las Fuerzas Armadas, que no perdiera el tiempo
con policías, porque él mismo iba
a llevarla para terapia a como diera lugar. La
doctora lo tomó en cuenta.
Al llegar a terapia intensiva, Ricardo y su mamá
se asustaron. La mitad de los falsos techos no
existen. Los colchones de las camas están
en pésimo estado. Las cucarachas son las
eternas compañías de los pacientes.
Los cristales de las ventanas son suplantados
por cartones y no hay forma de calentar agua para
bañarse.
El doctor le ordenó, como parte del tratamiento,
una dieta blanda (purés, viandas y jugos).
La comida del hospital fue potaje de judías
y un boniato hervido.
Al tercer día, a causa de un torrencial
aguacero, tuvo que ser evacuada toda la sala.
Lourdes no sabía si habría sido
preferible quedarse en el cuerpo de guardia.
Lo que más sorprendió a la familia
fue que una mañana tropezaron con banderas,
himnos y ceremonia con discursos. La calle estaba
cerrada y custodiada por policías. En la
puerta del hospital, un cartel bien grande proclamaba
que éste era vanguardia nacional.
Lourdes rebasó su padecimiento y regresó
a su hogar. Afirma que si vuelve a enfermarse
no volverá al hospital vanguardia nacional
Miguel Enríquez.
celiatrg@gmail.com
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