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SOCIEDAD
Fidelina
Shelyn Rojas
LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) -
Nació en Centro Habana, bajo el signo Leo.
Un 13 de agosto. El mismo día que el gobernante,
pero en 1959. En honor a éste, sus progenitores
la bautizaron Miriam Fidelina.
En el apartamento de sus padres, desde un cuadro
en la pared, dominaba la sala la figura del gobernante.
Se educó descalza, bajo el rojo y negro
del 26, las notas de la internacional.
Cuando tuvo la edad requerida para pertenecer
a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) se
alistó voluntariamente. Pasó su
preparatoria en las Milicias de Tropas Territoriales
(MTT). El día de su iniciación en
las FAR, junto a varias como ella, el ómnibus
donde eran trasladadas para el centro militar
La Cabaña, sufrió un accidente.
Tres fueron reportadas graves, entre ellas Fidelina.
Las lesiones a causa del accidente no le permitirían
realizar sus sueños. El dictamen médico
así lo notificaba.
Al verse en el hospital Calixto García,
abandonada por todos los instructores de las MTT,
insistió en que quería ser militar.
Alteró los papeles médicos para
incorporase en el servicio militar para mujeres.
"Había dado todo por la revolución".
Pero no pudo, el dictamen médico era válido
e inalterable.
Para independizarse de su familia se metió
en un cuarto, en un solar de
Atares, en el municipio Cerro.
La habitación apenas medía tres
metros cuadrados, sin baño ni cocina. La
puerta y las ventanas estaban desbaratadas, pero
ella era feliz.
Dos vecinas del solar no querían que Fidelina
viviera allí. Las razones que exponían
era que ella era una desafecta. Estas vecinas
tenían influencias en la reforma urbana
y nunca le legalizaron el cuarto a Fidelina.
Vendía viandas y frutas en una carretilla
por las avenidas y con eso resolvía algo
de dinero para malamente comer y vestir.
Cuenta Fidelina, llorando, que nunca fue a las
calles de prostitución de Monte y Cienfuegos.
Pero conoció a un canadiense, que más
tarde fue su hermano y amigo, le envió
más de dos mil dólares para que
pudiese comprarse, por la bolsa negra, un apartamento.
Una noche que Fidelina se ausentó del
cuarto, le robaron el dinero y todo lo poco que
tenía. Cuando apareció el dinero,
en la estación de la Policía Nacional
Revolucionaria (PNR), le devolvieron la mitad.
Hizo lo imposible por recuperar todo su dinero.
Incluso acusó a la propia PNR.
En los tribunales no ganó. El poder es
de ellos, de nadie más y la razón
también. Fue retenida en los calabozos
de la estación policíaca por una
semana. Una noche mientras dormía entre
la pestilencia y el calor, en el piso, la despertó
la mordida de una rata. Gritaba desesperada y
aterrada. Cuando apareció el guardia, le
suplicó sangrando que la llevaran al hospital.
Este se negó.
A los dos días, cuando fue puesta en libertad,
se personó en el hospital y fue inyectada
para prevenir la leptospirosis.
Nuevamente fue acusada y llevada a prisión.
Esta vez por dos años, bajo el supuesto
delito de peligrosidad.
Al salir de la prisión, aún tenía
esperanzas de un nuevo comienzo. Regresó
al cuarto donde había vivido por más
de ocho años. Estaba ocupado por un sobrino
de la vecina de al lado. Recurrió a la
delegada del Poder Popular.
La delegada al verla la reconoció por
Miriam, la presa. Omitió el Fidelina.
Le ratificó que al cuarto no podía
regresar. Fue a ver al jefe de sector y a otras
organizaciones pertinentes. Quería recuperar
su cuarto. Todo fue en vano.
Fidelina duerme en el parque central de la ciudad.
Vigilada por la luna y las estrellas. Escondida
de las autoridades, cose zapatos viejos que les
compra a los "buzos" de la ciudad. Los
vende a precios bajos y con eso subsiste.
Comenta Fidelina que no creía que a tantos
años de revolución, existiera el
desalojo. Mucho menos ir presa por falsos testimonios.
Al salir de prisión, las autoridades, le
prometieron que le darían oportunidades
de reintegrarse a la sociedad. Le han cerrado
las puertas.
Exige que la llamen por su primer nombre: Miriam.
Ya no quiere ser Fidelina. Ahora busca afanosamente
una forma de hacer oposición al gobierno.
Fidelina calza zapatos rotos y de su infancia
sólo queda el color negro. Ya no recuerda
la internacional. Cuando visita la casa de sus
padres, mira con desprecio el retrato desgastado
que aún domina la sala.
Shelyn2006@hotmail.com
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