PRENSA INDEPENDIENTE
Octubre 31, 2006

SOCIEDAD
Fidelina

Shelyn Rojas

LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) - Nació en Centro Habana, bajo el signo Leo. Un 13 de agosto. El mismo día que el gobernante, pero en 1959. En honor a éste, sus progenitores la bautizaron Miriam Fidelina.

En el apartamento de sus padres, desde un cuadro en la pared, dominaba la sala la figura del gobernante. Se educó descalza, bajo el rojo y negro del 26, las notas de la internacional.

Cuando tuvo la edad requerida para pertenecer a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) se alistó voluntariamente. Pasó su preparatoria en las Milicias de Tropas Territoriales (MTT). El día de su iniciación en las FAR, junto a varias como ella, el ómnibus donde eran trasladadas para el centro militar La Cabaña, sufrió un accidente. Tres fueron reportadas graves, entre ellas Fidelina. Las lesiones a causa del accidente no le permitirían realizar sus sueños. El dictamen médico así lo notificaba.

Al verse en el hospital Calixto García, abandonada por todos los instructores de las MTT, insistió en que quería ser militar.

Alteró los papeles médicos para incorporase en el servicio militar para mujeres. "Había dado todo por la revolución". Pero no pudo, el dictamen médico era válido e inalterable.

Para independizarse de su familia se metió en un cuarto, en un solar de
Atares, en el municipio Cerro.

La habitación apenas medía tres metros cuadrados, sin baño ni cocina. La puerta y las ventanas estaban desbaratadas, pero ella era feliz.

Dos vecinas del solar no querían que Fidelina viviera allí. Las razones que exponían era que ella era una desafecta. Estas vecinas tenían influencias en la reforma urbana y nunca le legalizaron el cuarto a Fidelina.

Vendía viandas y frutas en una carretilla por las avenidas y con eso resolvía algo de dinero para malamente comer y vestir.

Cuenta Fidelina, llorando, que nunca fue a las calles de prostitución de Monte y Cienfuegos. Pero conoció a un canadiense, que más tarde fue su hermano y amigo, le envió más de dos mil dólares para que pudiese comprarse, por la bolsa negra, un apartamento.

Una noche que Fidelina se ausentó del cuarto, le robaron el dinero y todo lo poco que tenía. Cuando apareció el dinero, en la estación de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), le devolvieron la mitad. Hizo lo imposible por recuperar todo su dinero. Incluso acusó a la propia PNR.

En los tribunales no ganó. El poder es de ellos, de nadie más y la razón también. Fue retenida en los calabozos de la estación policíaca por una semana. Una noche mientras dormía entre la pestilencia y el calor, en el piso, la despertó la mordida de una rata. Gritaba desesperada y aterrada. Cuando apareció el guardia, le suplicó sangrando que la llevaran al hospital. Este se negó.

A los dos días, cuando fue puesta en libertad, se personó en el hospital y fue inyectada para prevenir la leptospirosis.

Nuevamente fue acusada y llevada a prisión. Esta vez por dos años, bajo el supuesto delito de peligrosidad.

Al salir de la prisión, aún tenía esperanzas de un nuevo comienzo. Regresó al cuarto donde había vivido por más de ocho años. Estaba ocupado por un sobrino de la vecina de al lado. Recurrió a la delegada del Poder Popular.

La delegada al verla la reconoció por Miriam, la presa. Omitió el Fidelina.
Le ratificó que al cuarto no podía regresar. Fue a ver al jefe de sector y a otras organizaciones pertinentes. Quería recuperar su cuarto. Todo fue en vano.

Fidelina duerme en el parque central de la ciudad. Vigilada por la luna y las estrellas. Escondida de las autoridades, cose zapatos viejos que les compra a los "buzos" de la ciudad. Los vende a precios bajos y con eso subsiste.

Comenta Fidelina que no creía que a tantos años de revolución, existiera el desalojo. Mucho menos ir presa por falsos testimonios. Al salir de prisión, las autoridades, le prometieron que le darían oportunidades de reintegrarse a la sociedad. Le han cerrado las puertas.

Exige que la llamen por su primer nombre: Miriam. Ya no quiere ser Fidelina. Ahora busca afanosamente una forma de hacer oposición al gobierno.

Fidelina calza zapatos rotos y de su infancia sólo queda el color negro. Ya no recuerda la internacional. Cuando visita la casa de sus padres, mira con desprecio el retrato desgastado que aún domina la sala.

Shelyn2006@hotmail.com


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