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SOCIEDAD
CIVIL
Las verdades de Oriana
Luis Cino
LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) -
Ha muerto Oriana Falacci. Muere con ella otro
pedazo del periodismo, del verdadero, el que se
escribe con mayúscula, sin medias tintas
ni dobles suelas.
Ha muerto Oriana Falacci, campeona absoluta de
la verdad, perdió la batalla contra el
cáncer. Espero que no le disguste demasiado
la idea de abandonar un mundo que se desvaloriza
por minutos para reunirse al fin con Panagulis,
el hombre que tanto amó.
Los que sí quedamos en desoladora orfandad
con su partida somos sus lectores. Incluso aquellos
a los que les chocaban sus duras verdades. Ellos
también admiten que, en este mundo, en
el que cada vez con mayor frecuencia nos pasan
gatos y hasta ratas por liebres, las verdades
de Oriana Falacci se van a echar de menos. Sin
ella y con tanto periodista preso, sobornado o
asesinado, tartufos, hipócritas y fariseos
tendrán más fácil la tarea
de engañarnos y confundirnos a escala planetaria.
El cáncer ahorró a los santones
chantajistas del terror islámico tener
que dictar la fatwa contra la infiel Falacci.
Los poderosos y hacedores de la historia, los
que tronchan vidas para sus empresas grandiosas
de cualquier signo cual si cascaran huevos, no
tendrán que resistir la riesgosa vanidad
de concederle una entrevista a Oriana Falacci.
Alguna vez, Fidel Castro estuvo a punto de sucumbir
a la tentación de ser entrevistado por
la Falacci. Lo pensó dos veces y no concedió
la entrevista. Prefirió que la hicieran
Barbara Walters, Frey Betto, Gianni Mina y más
recientemente el apologista que estimó
definitivo, Ignacio Ramonet. Sus razones tendría
el Comandante.
Oriana Falacci escribió en entrevistas
a varios de sus protagonistas- Yasser Arafat,
Henry Kissinger, Chou En Lai, Norodom Shihanouk-
una nada complaciente historia de la segunda mitad
del siglo XX. Era desafiante, agresiva, cruda,
honesta y valiente. Las mejores medallas a su
periodismo fueron los ataques más ruines
de sus detractores.
Oriana Falacci se marcha hastiada de un mundo
lleno de mentiras que acepta con resignación
e indiferencia la tortura, el chantaje, la ilegitimidad
y el uso de la fuerza. Ya no arrancará
máscaras ni estropeará panegíricos.
Tendremos que definitivamente adaptarnos a vivir
sin sus verdades.
La Falacci descansa en paz. Nos mostró
que la verdad, en cualquiera de las circunstancias,
es una sola y no tiene precio. Buena razón
para que dios sea benévolo con ella y le
permita completar siquiera uno de sus sueños.
El de un amor sin final. Ahora tiene toda la eternidad
para dedicarla a Panagulis.
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