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RELIGION
Escuelita de desarrollo espiritual
Shelyn Rojas
LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) -
Hacía varios días Vadín me
había invitado a una escuelita espiritual
que visita. Me expresó que allí
se reúne junto a sus hermanos de fe con
el objetivo de traer a parientes fallecidos, y
que sus cuerpos servían de canal para esos
espíritus. Una forma de desarrollo espiritual.
Cuando lo lograban, estos espíritus hablaban,
decían predicciones y se quedaban al lado
de ellos para protegerlos. Que eran experiencias
únicas, también debatían
temas. A lo mejor me resultaría interesante.
Todos los que van a la escuelita practican religiones
sincréticas. Santeros, paleros y espiritistas
se encuentran los viernes a las nueve de la noche.
El lugar es una casa pequeña, pero la
sala tiene el espacio necesario para reunirse
más de diez personas. La puerta y las ventanas
estaban cerradas, todo muy discreto.
A la derecha de la sala estaba montado un altar
blanco de tres pisos, que cubría toda la
pared y llegaba al techo. Adornado con flores;
imágenes de santos africanos; muñecas
vestidas de azul, rojo, blanco y amarillo. Había
un vaso de agua con una cruz cristiana dentro,
tabacos, una vela. Delante del altar, en el piso,
había una palangana con agua, perfume y
cascarilla. A ambos lados del altar, bien ordenadas,
estaban las sillas para los invitados.
La anfitriona era una señora negra de
edad avanzada, vestida de blanco. Estaba sentada
en el extremo derecho del altar. Éramos
nueve en el ritual. Se inició con las oraciones
del Padre Nuestro y el Ave Maria.
Se pidió porque en nuestro país
mejoraran las condiciones, porque las "plagas"
y enfermedades como el dengue desaparecieran y
por la libertad de todos los prisioneros políticos.
Muchos de sus hermanos sienten la necesidad de
emigrar y piden que sus sueños sean cumplidos
lo más pronto posible. A otros la situación
de la vivienda los atormenta.
A mitad de la ceremonia cada uno de ellos se
iba parando delante del altar, para que las corrientes
de los difuntos pudiesen hacer su voluntad y manifestarse.
Un hombre alto y fuerte "bajó"
una entidad femenina llamada, según ellos,
Doña Francisca. A aquel hombre le mortificaba
el pantalón que llevaba puesto. Pedía
una saya y un abanico. Seguido vino un indio y
al parecer un musulmán, que repetía
Alá, Alá. Terminó tirado
en el piso, mojado por el agua de la palangana
que estaba delante del altar.
Me impresioné cuando vi a otro muchacho
que se paró delante del altar, se daba
golpes en la cabeza contra el piso y botaba espuma
por la boca. Todo indicaba el principio de un
ataque epiléptico. Vadín me miró
y sonrió. Me expresó que eso era
normal.
Así, cada uno fue pasando por la experiencia
que van a buscar allá. Vadín me
había dicho que siempre iba un viejito
que bajaba a Benny Moré y a José
Martí, pero ese día no fue. Aunque
me especificó que quizás fueran
más los delirios de aquel señor
que la verdad.
Me explicó que el gobernante es religioso
y tiene un "cementerio aparte", donde
los muertos como Antonio Maceo, el Ernesto "Che"
Guevara y otros tantos, también estaban
controlados por él.
Las canciones afrocubanas armonizaban el lugar
y alentaban a los allí presentes. Al terminar
la ceremonia se cantó a la virgen de Regla,
para ellos Yemayá, una canción que
en los tiempos de los balseros fue censurada y
tenían que cantarla bajito. Todos se toman
de las manos y como si tuvieran remos, van susurrando
"a remar, a remar, a remar
"
La anfitriona, emocionada por la sesión
tan buena de aquella noche, recordó su
pedido del inicio una vez más a los ancestros
que algún día le concederían
ese deseo. Ella, todos sus hermanos, Vadín
y yo, sabemos que ahora sí está
más próximo de la realidad.
Shelyn@hotmail.com
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