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CULTURA
"Seguiré siendo un esclavo de las personas que
amo": Luis Felipe Rojas Rosabal
Liannis Meriño Aguilera, Jóvenes
sin Censura
HOLGUIN, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) - El
poeta y narrador de San Germán se esconde
en las noches para apartarse de los ruidos y de
la imprudencia de lo cotidiano, de las llamadas
a deshoras y las presiones de las llamadas indiscretas.
Luis Felipe Rojas Rosabal es un poeta que escribe
en una vieja máquina de escribir Olivetti.
Lo hace con cinta recuperada, porque ya no se
venden cintas de máquina. Prefiere hacerlo
en las altísimas horas de la noche, cuando
duermen su hijo y los vecinos, sus dos grandes
contratiempos, con diferencias bien notables,
por su puesto. Hablar con él de poesía
es una especie de aprendizaje, pero más
humano que en un aula o una academia.
P: Desde tu primer libro, "Secretos del
Monje Louis", hasta este último, "Anverso
de la bestia amada", hay una especie de denuncia
social, ¿qué hay de denuncia y qué
hay de poesía?
R: Las fronteras de lo poético son más
solubles de lo que uno piensa. Hay poesía
en un texto cinematográfico, como en un
tratado de botánica de nuestro sabio Juan
Tomás Roig; hay poesía en el himno
nacional y en el himno del desterrado de Heredia,
por eso se diluye en lo político contra
ciertas mordazas, en lo social, como lo es ser
negro, donde se dice que hay igualdad de raza.
Todo depende de cómo se haga esquivar a
los ojos del editor, o de la censura, o de los
coroneles de las editoriales, o de cómo
anden los tiempos.
P: Pero un momento se agudiza el olfato y el
oído y se crea con menos ingenuidad.
R: Es verdad, pero yo nunca fui muy ingenuo.
Soy un hombre que en algún momento desconoció
algunos peligros que encierra el acto de pretender
hacer literatura. Lo descubrí con ese mito
cubano que es José Martí, cuando
de él leí: "Vuelvo a ti, pluma
fiel, de la desdicha más que de la ventura
nace el verso". No te engaño, puedes
estar segura, que de ahí en adelante, por
peligroso también, amé más
el arte de escribir.
P: Los poetas a veces son personajes incómodos
para alguna gente.
R: Sobre todo para los que se erigen dueños
de algo. En este mundo, indudablemente regido
por Dios, nadie es dueño de nada, ni de
nadie. Nadie es dueño de las palabras habladas
ni escritas. Los poetas siguen siendo rapsodas,
brujos, adivinos. Y te aclaro, que esa idea no
es mía, pero como está tan buena
me apropio de ella. Somos seres que adivinamos
con más claridad el estercolero del pasado,
las trifulcas del presente y miramos con desgano
el futuro, y eso molesta. Y si encima de eso el
que molesta es un ser tan vulnerable, y aparentemente
indefenso como un escritor, entonces mejor para
caerle a insultos, trompadas y encerrarlo entre
barrotes. Pero entonces vienen todos los amigos,
incluso los que nunca leyeron poesía y
arman el gran escándalo. Y los que lo amordazan
ceden
y ésa es la gran molestia.
P: ¿Eres de los que opinan que se lee
menos poesía hoy? Y ante el auge de la
novela y el periodismo en el mercado, dime ¿A
dónde va la poesía?
R: La poesía no va a sitio alguno, son
los poetas los que la llevan de generación
en generación e influyen en que hayan malos
lectores y pésimos promotores literarios.
Y más pésimos mercaderes. Eso no
me preocupa. Mi mujer, que es la que más
amo en el mundo, no lee poesía. Mis amigos,
que son los mejores lectores que conozco, desbaratan
mis libros con sus críticas, siempre bien
acertadas. Los gobernantes de mi país dicen
vivir en una isla bloqueada que hay que salvar
a toda costa, y no van a perder el tiempo en eso.
Para colmo, vivo en una casa donde mandan mi esposa
y mi suegra, y también mi hijo, por su
puesto. Desde que nació hace tres años
es el dueño de mi vida, y cuidándolo
me enseñó qué cosa es el
miedo, por tanto, tengo que romperme la cabeza
contra el muro infranqueable de las palabras.
Soy el esclavo de toda esa gente que amo. Y tampoco
puedo traicionar los ruidos, el mar, el polvo
de las calles de San Germán, a Cuba, a
los que me entienden, y a los que no. Sólo
puedo quererlos hasta que un día me comprendan.
Dios me hizo dueño de mis palabras y ya
eso es bastante.
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