PRENSA INDEPENDIENTE
Octubre 13, 2006

CULTURA
"Seguiré siendo un esclavo de las personas que amo": Luis Felipe Rojas Rosabal

Liannis Meriño Aguilera, Jóvenes sin Censura

HOLGUIN, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) - El poeta y narrador de San Germán se esconde en las noches para apartarse de los ruidos y de la imprudencia de lo cotidiano, de las llamadas a deshoras y las presiones de las llamadas indiscretas.

Luis Felipe Rojas Rosabal es un poeta que escribe en una vieja máquina de escribir Olivetti. Lo hace con cinta recuperada, porque ya no se venden cintas de máquina. Prefiere hacerlo en las altísimas horas de la noche, cuando duermen su hijo y los vecinos, sus dos grandes contratiempos, con diferencias bien notables, por su puesto. Hablar con él de poesía es una especie de aprendizaje, pero más humano que en un aula o una academia.

P: Desde tu primer libro, "Secretos del Monje Louis", hasta este último, "Anverso de la bestia amada", hay una especie de denuncia social, ¿qué hay de denuncia y qué hay de poesía?

R: Las fronteras de lo poético son más solubles de lo que uno piensa. Hay poesía en un texto cinematográfico, como en un tratado de botánica de nuestro sabio Juan Tomás Roig; hay poesía en el himno nacional y en el himno del desterrado de Heredia, por eso se diluye en lo político contra ciertas mordazas, en lo social, como lo es ser negro, donde se dice que hay igualdad de raza. Todo depende de cómo se haga esquivar a los ojos del editor, o de la censura, o de los coroneles de las editoriales, o de cómo anden los tiempos.

P: Pero un momento se agudiza el olfato y el oído y se crea con menos ingenuidad.

R: Es verdad, pero yo nunca fui muy ingenuo. Soy un hombre que en algún momento desconoció algunos peligros que encierra el acto de pretender hacer literatura. Lo descubrí con ese mito cubano que es José Martí, cuando de él leí: "Vuelvo a ti, pluma fiel, de la desdicha más que de la ventura nace el verso". No te engaño, puedes estar segura, que de ahí en adelante, por peligroso también, amé más el arte de escribir.

P: Los poetas a veces son personajes incómodos para alguna gente.

R: Sobre todo para los que se erigen dueños de algo. En este mundo, indudablemente regido por Dios, nadie es dueño de nada, ni de nadie. Nadie es dueño de las palabras habladas ni escritas. Los poetas siguen siendo rapsodas, brujos, adivinos. Y te aclaro, que esa idea no es mía, pero como está tan buena me apropio de ella. Somos seres que adivinamos con más claridad el estercolero del pasado, las trifulcas del presente y miramos con desgano el futuro, y eso molesta. Y si encima de eso el que molesta es un ser tan vulnerable, y aparentemente indefenso como un escritor, entonces mejor para caerle a insultos, trompadas y encerrarlo entre barrotes. Pero entonces vienen todos los amigos, incluso los que nunca leyeron poesía y arman el gran escándalo. Y los que lo amordazan ceden… y ésa es la gran molestia.

P: ¿Eres de los que opinan que se lee menos poesía hoy? Y ante el auge de la novela y el periodismo en el mercado, dime ¿A dónde va la poesía?

R: La poesía no va a sitio alguno, son los poetas los que la llevan de generación en generación e influyen en que hayan malos lectores y pésimos promotores literarios. Y más pésimos mercaderes. Eso no me preocupa. Mi mujer, que es la que más amo en el mundo, no lee poesía. Mis amigos, que son los mejores lectores que conozco, desbaratan mis libros con sus críticas, siempre bien acertadas. Los gobernantes de mi país dicen vivir en una isla bloqueada que hay que salvar a toda costa, y no van a perder el tiempo en eso. Para colmo, vivo en una casa donde mandan mi esposa y mi suegra, y también mi hijo, por su puesto. Desde que nació hace tres años es el dueño de mi vida, y cuidándolo me enseñó qué cosa es el miedo, por tanto, tengo que romperme la cabeza contra el muro infranqueable de las palabras. Soy el esclavo de toda esa gente que amo. Y tampoco puedo traicionar los ruidos, el mar, el polvo de las calles de San Germán, a Cuba, a los que me entienden, y a los que no. Sólo puedo quererlos hasta que un día me comprendan. Dios me hizo dueño de mis palabras y ya eso es bastante.


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