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ECONOMIA
INFORMAL
¡Agua, que viene la fiana!
Roberto Santana Rodríguez
LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) -
"¡Agua!". Así escuchó
decir Mercedes en el bulevar de su pueblo. Y acto
seguido, con gran asombro para ella, vio desaparecer
en fracción de segundos a todos los merolicos
(vendedores ambulantes), que pregonaban sus disímiles
mercancías como verdaderas quincallas humanas.
¡Agua! es la contraseña que avisa
a los merolicos de la inoportuna, para ellos,
presencia de uno o más agentes del orden
público, lo cual les compulsa a escabullirse,
como sea, a lugares seguros, so pena de ser multados
o arrestados.
Mercedes pretendía comprar una colcha
de trapear para la limpieza de su casa. Se había
acercado a un hombre de mediana edad que decía:
"¡Colcha de trapear, 25 pesos, o un
chavito!", cuando se escuchó la mencionada
alerta acuosa: "¡agua!", y el
vendedor desapareció ante los ojos atónitos
de Mercedes. "Nada, será en otra ocasión
-se dice la mujer-, ¡pero que no sea muy
lejana!", porque la colcha que tiene ya presenta
muchos huecos. Le duró menos de dos meses.
La había comprado en la 'shopin' por el
módico precio de un chavito, digo, un peso
convertible.
Esto de los vendedores ambulantes sin licencia
es lo de nunca acabar. A pesar de los muchos operativos
policiales, de los arrestos y de las multas que
ascienden a 1,500 pesos, los merolicos se mantienen,
siguen luchando y vendiendo de todo, desde micocilen,
relojes digitales, medias, camisetas, bisuterías
de todo tipo, hasta espagueti, queso y sazón
completo. Lo mismo sucede con las cadecas ambulantes,
o, vendedores de dólares, ahora los de
chavitos.
Como hemos visto, estos luchadores han creado
sus propios mecanismos de defensa. En su mundo
vale todo. Lo importante es vender y luchar para
poder sobrevivir en este país.
Sus filas están integradas por todo tipo
de cubanos, desde el 'bisnero' nato, que no le
gusta trabajar para otros, hasta el profesional,
que por no alcanzar de su salario para subsistir
y mantener la familia se ve obligado a realizar
esta actividad ilícita de la economía
informal. Así que, ¡corre!, ¡agua,
que viene la fiana!
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