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HISTORIA
Tras el recuerdo de la vida
Lucas Garve, Fundación por la Libertad
de Expresión
LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) -
No hay algo mejor que rectificar el error cometido.
La equivocación la cometí en el
artículo Presencia hebrea en Cuba, donde
situé el cementerio judío al oeste
de La Habana, cuando realmente se encuentra en
Guanabacoa, una población al este de la
capital. Y además, no es uno, sino dos
los cementerios existentes.
Para subsanar el lapsus, decidí investigar
más sobre el asunto y me fui a Guanabacoa,
a pesar de las dificultades de transporte. Pero
no fue difícil llegar, me acompañó
la suerte.
Subí a un taxi particular que sale de
la esquina de Amistad y Estrella, justo enfrente
del Palacio Aldama, un inmueble del siglo XIX
que hoy alberga al Instituto de Historia, con
destino a Guanabacoa. El chofer me respondió,
al indagar cómo llegar a mi destino, que
él me dejaría precisamente en la
puerta del cementerio.
El conductor me dijo que hay dos cementerios:
el judío, junto a la carretera y otro,
el hebreo, unas cuadras más atrás.
Le dije que debían ser el askenazí
y el sefardí, debido a la denominación
de los dos grandes grupos de judíos.
Los askenazis pertenecen a las comunidades medievales
del norte, el centro y el este europeos; mientras
que los sefardíes eran originarios del
norte de África, de la península
ibérica y de Europa Occidental. Cada grupo
posee costumbres, leyes, liturgia y lengua diferentes.
Por ejemplo, los asquenazis hablan el yidish (judeo-alemán),
en tanto los sefardíes emplean el ladino
(judeo-español).
Al cementerio asquenazí no entré
porque estaba cerrado, aunque pude hacer fotos
de la puerta de entrada, donde en relieve se pueden
leer las fechas de fundado, 1906, y erigido, en
1910. De inmediato encaminé mis pasos hacia
el cementerio sefardí, construido en 1942.
Allí encontré al señor que
cuida el lugar, llamado Roberto, quien amablemente
me ofreció las informaciones necesarias.
Me llamó la atención, sobre el
monumento a las víctimas del Holocausto
levantado en marzo de 1947 por el Consejo Central
de Sociedades Hebreas de Cuba, una columna de
forma cónica de unos siete metros de altura
sobre un pedestal redondo, y que según
mi informante guarda restos de grasa de las víctimas
del horror nazi fascista.
También me mostró con mucho respeto
las tumbas de Gastón Maya y de Jaime Nieman,
dos rabinos, figuras importantes de la comunidad
sefardí, y me indicó el panteón
que guarda los restos de Yejaskel Mitrani, fallecido
en 1942, primer judío enterrado allí.
Luego pasamos a ver la Gueniza, especie de monumento
donde, según las informaciones recogidas,
se guardan las pertenencias que traen los difuntos
después de lavados los cuerpos y efectuados
los ritos funerarios correspondientes. Y para
terminar me mostró el cuarto donde realizan
esas ceremonias.
Roberto afirmó que la importancia cultural
del lugar es grande y que ambos cementerios deberían
formar parte del patrimonio nacional, pero están
bajo la tutela de la Sinagoga, por la parte religiosa,
y del Departamento de Comunales del Poder Popular
de Guanabacoa.
El cementerio está dividido por géneros;
en una parte sepultan a los hombres, en otro a
las mujeres, y en otra sección a los niños.
Allí no se realizan exhumaciones. Hace
años, una realizadora estadounidense filmó
en el lugar para una película: Adiós
a la vida, según me contó Roberto.
Algunos panteones y bóvedas de mármol
y granito están abandonados por el tiempo
y la falta de mantenimiento. El silencio y el
viento, unidos a lo alejado del lugar invitan
al recuerdo y a la reflexión sobre los
miembros de esa comunidad, venidos desde lejos,
y cuyos restos quedaron aquí para siempre.
Descansen en paz.
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