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SOCIEDAD
Gran estatura humana
José Antonio Fornaris, Cuba-Verdad
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- Tres o cuatro días después de
haber cumplido Mario Chanes de Armas treinta años
de cárcel en 1991, algunas personas fuimos
a conocerlo a la casa de Julio Pitaluga, donde
se encontraba.
En más de medio siglo de existencia he
conocido a muchas personas, y durante veinticinco
años de activa participación en
la lucha por la democracia en Cuba he intercambiado
opiniones con muchos compatriotas. En nadie he
visto los valores humanos que a simple vista destacan
en Mario Chanes de Armas.
Después de treinta años en la
cárcel, acusado de un presunto delito político
que él siempre ha negado, hablaba, con
su característica voz pausada y dulce,
del amor entre los cubanos, de la reconciliación
y el perdón. Nada de rencor y venganza.
En aquella ocasión le dije que iba a
llevar a mis hijos a que lo conocieran. Y a mis
hijos les hablé de él. Tengo esa
deuda. Ojalá que mi hija que vive en Miami
vaya a visitarlo para que mi deuda se reduzca
un poco. Luego de aquella visita escribí
un artículo del cual entregué una
copia a Mario. Me agradeció humildemente
lo que había escrito sobre su persona,
pero me manifestó su desacuerdo por los
elogios que le prodigaba.
Coincidí dos veces con Chanes mientras
ambos caminábamos por la calle Acosta,
en la barrida de la Víbora. Previa coordinación
con él, una noche de 1992, lo visitamos
el periodista independiente Mario Viera, actualmente
exiliado en Miami; Wilfredo Vallín, abogado
y pastor amigo, y yo. Vallín quería
conocerlo; Viera y yo plantearle un asunto que
considerábamos de gran importancia.
Le propusimos que se pusiera al frente de la
oposición pacífica y la disidencia
en Cuba. Le dije que sabíamos que le estábamos
ofreciendo una corona de espinas, pero que estábamos
seguros de que la única persona que podía
asumir esa tarea era él. Respondió
que no, que los sacrificios no le importaban,
pero que no tenía la capacidad intelectual
necesaria para eso.
Argumenté más o menos con las
siguientes palabras: "Mira, aquí hay
un ingeniero, Viera; un abogado, Vallín,
y un periodista, yo, y ninguno puede hacer lo
que tú". Antes de marcharnos nos expresó
que haría todo lo que tuviera que hacer
por Cuba.
A partir de ese momento visitó a varias
personas de las que pacíficamente se oponían
al régimen, con el propósito de
plantearles la idea. Todas estuvieron de acuerdo,
entre ellas Elizardo Sánchez, quien en
ese momento era la figura más conocida
de la disidencia. Tal vez haya sido casualidad,
pero sucedió que el régimen, hasta
ese instante renuente a que Chanes de Armas abandonara
el país, le entregó el permiso de
salida.
Otra tarde nos encontramos en casa de Viera,
y Chanes nos dio la noticia de que el gobierno
había autorizado su salida definitiva de
Cuba, y nos explicó las razones que tenía
para marcharse. Hace unos días supimos
que Chanes padece del mal de Alzheimer, y que
desde hace un año está recluido
en un hospital.
A veces la vida juega esas malas pasadas. Está
en libertad y al mismo tiempo prisionero de su
mente, en un mundo sin recuerdos, y sin la posibilidad
de tomar decisiones. Él nunca lo sabrá,
pero continuaré diciendo que Mario Chanes
de Armas es un hombre de gran estatura humana.
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