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SOCIEDAD
Limosna con escopeta
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- Por primera vez me solidarizo con los dirigentes
políticos intermedios de mi país
que no les da la gana de parar ante un tumulto
de personas, aún cuando están obligados
a subir a su auto a cuantos quepan en él,
sin derecho alguno a su privacidad.
Se trata de un invento del régimen castrista,
impotente ante el problema del transporte de los
cubanos de a pie. El invento consiste en situar
inspectores populares del transporte en determinadas
puntos, cuya función es detener los vehículos
con chapa estatal, obligando a dirigentes y choferes
a transportar gratis a los primeros de la cola,
la que siempre se compone de decenas de personas
que esperan por esta gestión durante horas,
bajo el sol, para ir al trabajo, a la escuela,
etc.
Según la prensa nacional, esta medida,
que se aplica desde hace algunos años en
todo el país, no resuelve la crisis del
transporte. Muchos de los que manejan vehículos
estatales, llamados negados e insensibles, hacen
caso omiso a la orden de los inspectores y componen
el 12,5 por ciento de los que no paran para recoger
personal.
Para tener una idea de lo absurdo del invento,
según datos ofrecidos por el periódico
de los jóvenes comunistas, baste saber
que hasta el pasado mes de octubre, solamente
en la capital, en más de medio millón
de ocasiones dirigentes o choferes de estos vehículos
desobedecieron la señal de pare.
Dice además la prensa que de ese más
de medio millón de insensibles, solamente
247 choferes fueron analizados en sus respectivos
centros laborales. Se ignora por qué el
resto de los notificados quedaron impunes. En
este punto cualquiera se pregunta: ¿Qué
ocurre con el llamado ¨ hombre nuevo ¨
? ¿Es que acaso un chofer dirigente que
no para ante la orden de un inspector es causa
de impunidad?
Las sanciones impuestas a aquellos que no obedecieron
la orden de pare están desde la separación
definitiva o temporal del centro de trabajo, hasta
amonestaciones públicas y privadas. Lo
que sí no se dice es cuáles organismos
hicieron cumplir la reglamentación gubernamental
y quiénes fueron los choferes estatales
que sufrieron la peor suerte.
La realidad es que la desobediencia ocurre en
todo el país y que el Estado no sabe qué
inventar con el fin de evitar una explosión
social ante la grave crisis del transporte.
Sin embargo, como dije al principio, por primera
vez debo ponerme de parte de aquellos que son
obligados a viajar con personas desconocidas y
en ocasiones de aspecto desagradable. Nada que
se impone a la fuerza da resultado. La situación
que afrontan estos dirigentes y choferes estatales
es bien difícil. Basta ponerse en su lugar
para comprender cuán pesado sería
viajar con personas que al hablar escandalizan
o lo que es peor, emanan pésimos olores.
Me pregunto si existe alguna sanción para
un alto dirigente político que no detiene
su auto ante una cola de cubanos de a pie, por
ejemplo, esas caravanas presidenciales compuestas
de negros Mercedes que transitan a millón.
Es cuando veo el panorama mucho más oscuro
que como lo ve la prensa oficialista.
Así andan las cosas bajo el sol de Cuba.
Nadie puede saber de qué forma puede resolverse
el problema del transporte puesto que el panorama
es bien oscuro: el ¨ hombre nuevo ¨ brilla
por su ausencia igual que los ómnibus urbanos.
Y el cubano de a pie, que anda mal vestido y peor
alimentado, camina todo lo que puede o se pone
en una cola kilométrica en espera de que
algún dirigente que pase en su auto se
compadezca y pare en seco para montarlo gratis.
La prensa oficialista lo dice por lo claro: ¨
La impunidad de que gozan los citados desobedientes
oscurece aún más el panorama. Alrededor
de un millón de personas dejaron de transportarse
en Ciudad Habana en lo que va de año, debido
al desacato de esos conductores. ¨
Ciertamente que el hombre es el hombre y no debemos
de idealizarlo.
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