|
SOCIEDAD
Echando un pie
Aimée Cabrera
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- Esta primera década del milenio parece
ser la temporada ideal para que la mayor cantidad
posible de cubanos emigre.
Las personas que residen en la Isla están
a la caza de ver cómo pueden lograr el
sueño ideal de partir, con vistas a lograr,
por sobre todas las cosas, una estabilidad material.
No importa en qué nación tendrá
lugar la fortuna, o haciendo qué cosa,
todos piensan que será preferible a la
pesadilla que están malviviendo. Es impresionante
ver a familias que tienen un buen nivel de vida-
el cual temen perder- como no se contentan con
contratos de trabajo en el exterior, o estudios
en los mejores colegios europeos para sus descendientes.
Por si las moscas, es mejor ir echando, total
ya es normal quedarse afuera, así piensan
en la actualidad muchos que hasta hace poco veían
esta alternativa como algo sin sentido.
La cantidad de cubanos en el exterior es tan
alta y compacta como la gran ola del tsunami.
Ellos están en los parajes más intrincados,
diseminados por cualquier continente, desarraigados
de su patria, lejos de sus seres queridos.
No todos están felices, pero prefieren
no regresar, al escuchar que todo está
peor que cuando se fueron. Ellos ya están
adaptados a la higiene del entorno, a la modernidad,
al orden.
Otros, sin embargo, de vez en vez recuerdan con
nostalgia muchas cosas que cuando estaban aquí
criticaban, la locura azul que sólo puede
ser vivida en Cuba.
Sin posibilidades de un reencuentro familiar
se hallan muchos, apenas pueden enviar una mesada,
o algún obsequio con un conocido, pero
todos aseguran no haberse arrepentido de haber
emigrado.
A pesar de los pesares, un buen número
vive bastante bien o ha logrado lo que nunca habría
tenido en su país, esos tienen la posibilidad
de venir de visita, y ser tratados como gente
especial. Algunos tratan de esconderse de familiares,
amigos y vecinos, para evadir ayudas y más
ayudas, que los necesitados piden o dejan entrever.
Por eso, la prostituta llega como la gran dama.
Lo mismo sucede con otros que recibieron tratos
injuriosos, como los que se fueron, o "los
fueron" en el 1980, ahora han sido recibidos
con reverencias por los que se ensañaron
en su contra.
Esta nación, acostumbrada a recibir emigrantes
de disímiles naciones en otros tiempos,
no concibe que la amen más desde afuera;
la Cuba de hoy parece un gran árbol, del
que desaparecen sus hijos cual hojas que caen.
|