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REPRESION
En Cuba reprimen a los rockeros
Leonel Pérez Belette
LA HABANA, Cuba - 27 de noviembre (www.cubanet.org)
- Durante las últimas semanas se ha hecho
evidente la incoherencia del régimen de
la familia Castro. Por un lado dicen estar en
abierta lucha contra el flagelo de la corrupción
y por el otro la dirigen. En esta oportunidad
las víctimas son adolescentes, jóvenes
y ya no tan bisoños personajes, apasionados
de la música Rock.
La represión se refleja en los lugares
donde se reúnen. Grupos de más de
tres policías, paramilitares de los Comités
de Defensa de la Revolución (CDR) y otros
chivatos rodean la Avenida de los Presidentes
cada fin de semana. Justo en las intersecciones
de calle 23 y calle G y en Calle línea
y calle G. Detenciones, comprobación de
documentos, atropellos y la intimidante presencia
policial siempre presente.
Sucede que estas personas bohemias, de ideas
liberales y cabello largo, no le son de agrado
a la dictadura. No encajan en el modelo del hombre
nuevo. No son robots programables, que ejecutan
eufóricamente las órdenes del sumo
líder, tampoco son marionetas de organizaciones
políticas como la Unión de Jóvenes
Comunista (UJC), el brazo cultural hermanos Saíz,
o el Ministerio de Cultura.
El hostigamiento contra los que gustan de este
género musical, y toda la cultura que le
acompaña, data desde el momento en que
Fidel Castro llegó al poder. Hace poco
se vislumbraba una esperanza después que
el dictador y varios de sus seguidores develara
una estatua dedicada a John Lennon en uno de los
más céntricos parques de la capital.
Los Beattles habían sido catalogados de
propaganda enemiga por las autoridades de la Isla
y la intolerancia gubernamental condujo a centenares
de fans a campos de concentración conocidos
por Unidades Militares de Apoyo a la Producción
(UMAP).
El lugar donde los músicos del patio
hacían gala de su virtuosismo en este estilo,
fue clausurado desde hace un año. Aunque
se han permitido algunos conciertos, estos han
sido controlados por el estado y llevados de la
mano por sus comisarios políticos. Estos
incidentes desplazaron a los apasionados de la
música Rock hacia la calle. De parque en
parque.
Para asombro de los transeúntes, los
mismos efectivos policiales que reprimen a este
grupo social son los mismos que se dedican a servir
de proxenetas de travestís y jineteras,
entre otros turbios negocios, en la zona. Basta
salir un día Rampa arriba y Rampa abajo
para apreciar el fenómeno, que desde hace
mucho tiempo vienen denunciando varios vecinos
de la calle 23 y profesores de la Universidad
de La Habana.
Los rockeros en Cuba no son un grupo antisocial
y aunque en ocasiones han estado vinculados al
consumo de psicofármacos, la mayor parte
de ellos no consume ni siquiera alcohol. Proceden
de los más diversos estratos sociales,
estudiantes universitarios, obreros, profesionales.
No median en sus agrupaciones la opinión
política, ni las religiones, ni la preferencia
social, ni la solvencia económica, ni el
nivel cultural. Tan sólo son seres humanos
diferentes con un interés común:
la música.
Decenas de cubanos opinan que si el Gobierno
actual y el MINCULT quiere buscar a drogadictos,
proxenetas y corruptos, puede dirigirse a las
mismas instituciones que patrocinan. La orquesta
Van Van, la mega empresa CIMEX, o a la misma policía.
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