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LABORALES
Rebeldes con causa
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- Cuba es uno de los países con mayor índice
de desempleo. Dos de los once millones con que
cuenta la población están vinculados
a los centros laborales estatales.
De acuerdo a declaraciones del gobierno, expuestas
en días recientes en la prensa nacional,
se ha producido en los últimos tiempos
un resquebrajamiento de la disciplina entre los
trabajadores del país. Dicho en otras palabras:
los asalariados del Estado se insubordinan cada
vez más y no cumplen con las normas de
trabajo establecidas.
Autoridades del ramo alegan que esta desobediencia
se debe, fundamentalmente, a la falta de exigencia
y de control de las administraciones, las que
por lógica, deben responder a los intereses
del Estado. ¿Quiere esto decir que las
administraciones no responden a los intereses
del Estado, sino a los trabajadores, permitiéndoles
que se ausenten de su centro laboral cada vez
que lo necesiten sus asuntos personales?
Le pregunto a un amigo que trabaja en el Instituto
del Libro cuáles son esos asuntos personales
y me dice que los trabajadores carecen de dinero
para la alimentación y todo lo demás,
que desesperados se ausentan fundamentalmente
por el hambre. Viven en una lucha tenaz para poner
los alimentos necesarios en la mesa familiar.
Esto lo logran, por lo general, fuera del centro
de trabajo y se ausentan porque la mayoría
de las veces no tienen contenido de trabajo. Está
claro que los trabajadores cubanos son muy mal
pagados.
Es tan grave la situación de la indisciplina
laboral que el patrón Estado aplicará
nuevas resoluciones a partir del próximo
2 de enero, con el fin sobre todo de intentar
controlar el ausentismo: una resolución
sobre la jornada y el horario de trabajo y un
reglamento interno para la disciplina, como si
las resoluciones puestas en un papel contribuyeran
a que el hombre ame su trabajo. ¿Es que
el trabajador cubano está deformado? Si
lo está, ¿de quién es la
culpa?
La ausencia de un trabajador de su empresa, centro
de producción y de servicios es igual al
soldado que deserta de las filas de su ejército.
El soldado lo hace porque no quiere ser soldado.
El trabajador porque no tiene motivaciones. ¿Estamos
pues ante una conspiración silenciosa,
obra de una fuerza popular, donde nadie empuña
un arma, pero sí manifiesta su descontento
a través de la desobediencia laboral? ¿Estamos
ante una huelga de brazos ausentes?
No creo que haya solución posible por
muchas resoluciones amenazantes que se apliquen.
Son muchos los años con los mismos problemas
y las mismas resoluciones. El mensaje que envían
los trabajadores cubanos al régimen castrista
está bien claro: quieren no sólo
mejoras, sino algo más: reformas y cambio.
Los cubanos no quieren lanzarse a los campos
de la lucha armada como guerrilleros, ni andar
poniendo bombas que van casi siempre contra los
civiles. Esas prácticas de lucha corresponden
a un lúgubre y luctuoso pasado. Son ahora
sencillamente cientos de miles los trabajadores
ausentes, los más rebeldes de nuestra cansada
sociedad castrista. Tienen en jaque a la nomenclatura,
la que lleva 47 años inventando resoluciones,
cambiando ministros del trabajo cuando el régimen
se siente más herido de muerte siempre
en busca de soluciones ante un modelo económico
que nunca ha contribuido a elevar la calidad de
vida de la población.
Los sordos de conveniencia no comprenden que
los cubanos quieren una economía libre,
una política sin odios ni rencores, sin
discordias, sin enemistades ni amenazas. Sólo
así el pueblo podrá sentir un verdadero
amor por el trabajo, pero un trabajo humanamente
remunerado.
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