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POLITICA
Vale todo
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- A lo largo de cuarenta y siete años la
policía de Seguridad del Estado ha desarrollado
su propio manual. Este ya no es el manual de la
KGB o la Stassi, es por así decirlo, su
versión tropicalizada. Una parte nada desdeñable
de este manual trata el método para mantener
las calles bajo control.
Que las calles sean para los revolucionarios es
la meta que debe mantener a todo costo la policía
de Seguridad del Estado. Para ello, y con ayuda
de la dictadura china, existe un sofisticado sistema
de control electrónico. Además del
seguimiento y la vigilancia ejercida tanto a pie,
como desde vehículos de todo tipo, cada
periodista, cada opositor, cada disidente político
es espiado electrónicamente en todas las
formas imaginables.
Es a partir de este espionaje sin tregua y sin
pausa que la Seguridad conoce de antemano cada
asonada y cada actividad opositora, aun y cuando
esta no haya sido previamente anunciada.
Para la obtención de esta información
tanto sirven los espías infiltrados como
los indiscretos de buena fe. El lema de la policía
de Seguridad es, sin dudas, "vale todo".
Cuando la policía de Seguridad tiene conocimiento
previo de una actividad opositora, estudia el
terreno y lo ocupa. Esto quiere decir que proceden
a preparar el escenario. Lo hacen cuando no pueden
frustrarla con arrestos o advertencias preventivas.
Si deben actuar sobre el terreno, convocan a su
gente en proporción de 10 a 1. Por cada
opositor o disidente, habrá diez miembros
o colaboradores de la policía. Si se trata
de la calle, colocaran puestos de venta de comidas
o bebidas. Se inventará una actividad cultural
o recreativa. Un audio atronador servirá
para asordinar la actuación -en ocasiones
violenta- de la policía. La Seguridad del
Estado no respeta para nada derecho ciudadano
alguno.
Otro método consiste en manipular elemento
lumpen que invariablemente disfrazarán
como pueblo. Usan con harta frecuencia a los cinco
o seis incondicionales con que cuentan en cada
barriada. Estos son los llamados "factores".
Así se organiza la supuesta "espontaneidad".
Esta se desplaza en camiones, ómnibus u
otros medios propiedad del estado. Son los protagonistas
de los "mítines de repudio".
Como los policías de Seguridad no se caracterizan
por sus escrúpulos o frenos morales, disponen
de una amplia gama de recursos. La recopilación
de información sobre "el enemigo"
abarca parcelas de la vida privada.
Se violentará la privacidad y no quedará
a salvo nada: valen las infidelidades conyugales
o las opciones de la esfera sexual no reconocidas.
Trabajan tanto con la verdad íntima como
con la verdad prefabricada o trucada, con mayor
o menor habilidad. En el primer caso como elemento
de chantaje, en el segundo para simplemente desacreditar.
Los chantajes o el simple cohecho son elementos
regulares de trabajo de estos señores.
Sus sicólogos trabajan arduamente en preparar
perfiles sicológicos. Buscan los puntos
débiles o los puntos ciegos de cada personalidad.
La policía de Seguridad, llegado el caso,
recurrirá a la simple golpiza como recurso
persuasivo. Pero de forma regular buscan elementos
ajenos a su institución para realizar este
trabajo sucio. No les resulta ajeno el falso testimonio
en las puestas en escena judiciales, a que son
tan afines.
El miedo no se sostiene por sí sólo.
Existe toda una estructura bien aceitada para
mantenerlo, para hacerlo crecer, o para revitalizarlo
cuando decrece.
Las personas adecuadas para realizar estas tareas
las realizan sin escrúpulo alguno. Odiados
y temidos mantienen las calles en poder de la
dictadura. Su incondicionalidad está tramitada
con una combinación equilibrada de prebendas
y amenazas. No están liberados del miedo,
lo sufren en la misma medida que lo infunden.
Para esta pobre gente, verdaderamente, vale todo.
jgonzafeb@yahoo.com
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