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RELIGION
Carnaval de mendigos
Aimée Cabrera
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- Se acerca el mes de diciembre con su celebración
especial que comienza desde días antes,
cuando los devotos de San Lázaro, van preparando
condiciones para agasajar al "viejo Lázaro"
el día 17.
Conocido es este santo por los muchos milagros
que concede a quienes con fe les suplican la solución
a casos de variada gravedad, los santeros le llaman
Babalú Ayé, y le confieren amplios
poderes por resguardar de la salud y las epidemias.
Aunque hay muchos seguidores de Santa Bárbara,
celebrada el 4 de diciembre, ya desde las primeras
jornadas del último mes del año
se congestiona todo el transporte urbano y máquinas
de alquiler particulares que llegan hasta el santuario
del Rincón, en las afueras de la capital.
Los que se caracterizan por realizar promesas
que conllevan grandes esfuerzos y dolores físicos,
como son los que se arrastran o caminan arrodillados
o descalzos largas distancias, muchas veces esperan
cerca de la iglesia la hora precisa para estar
junto al santo cuando comienza el 17. Por eso,
en la víspera, se desvía el tráfico
por todas las carreteras y caminos aledaños
al templo contiguo al leprosorio, y la policía
no puede con tantos cientos de personas que beben,
rezan, y cantan en su último recorrido.
Los menos bullangueros asisten a esta iglesia
otro día, teniendo en cuenta que sea antes
de que finalice el mes, ya que el transporte urbano
se alivia un poco y resulta más fácil
llegar allí. En estos días es usual
ver a personas usando ropas confeccionadas con
sacos de yute, y esa es una forma de señalarse
como hijos o devotos del Viejo; de más
está decir que en estos tiempos es muy
difícil conseguir este tejido que está
muy caro en el mercado negro.
Otros deciden llamar a la misericordia y la lástima
cuando se tiran con una cajuela en la que ponen
una imagen del santo en espera de la limosna de
los caminantes. Estos limosneros parecen más
bien mendigos y sus ropas y cuerpos están
faltos de un mínimo de higiene; algunos
son limosneros de día y buzos de noche,
y yacen en aceras, portales o parques pareciendo
a cierta distancia una masa irreconocible, tratando
de confundirse con los locos que se escapan del
hospital psiquiátrico.
Por la calle San Lázaro anda uno que ya
está más limpio porque los mismos
vecinos le han dado ropas limpias, zapatos y le
regalan alimentos; ese es un demente de mirada
perdida que no sabe de pedir limosnas. Antes era
usual que personas decentes y limpias salieran
a las calles o tocaran a las puertas de las casas
en varios vecindarios, pidiendo limosna, de esa
forma se humillaban y retribuían su devoción
por "el milagroso".
Recuerdo un señor que durante años
tocó a mi puerta un día en cada
diciembre. Tenía una hija aquejada de cáncer,
para él un centavo tenía un gran
valor, y su gran petición era que siguiera
con vida, nunca más lo he visto.
Ahora que estamos viviendo la epidemia de pedigüeños,
pícaros y de una aguda pobreza que ataca
en plena calle con frases cortas que saben a limosna
a punta de escopeta, es 17 cualquier día
del año, a los efectos de quienes tienen
tan poco para llenar sus vidas en todos sus ámbitos.
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