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LABORALES
Ejército de arcilla
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- No puedo evitar que ciertos hechos que suceden
en mi país me hagan recordar una extraña
e insólita historia ocurrida al sudoeste
de Beijing antes de Cristo, donde se descubrió
en 1974 un ejército de arcilla a poca distancia
de la tumba de Qin Shi Huangdi, primer emperador
de China.
Numerosos investigadores afirman que se trata
de acompañantes funerales, algo que formó
parte de los preparativos para el deceso del Emperador.
Tanto se ha escrito sobre este enigmático
ejército, compuesto de miles de hombres
-todos diferentes-, caballos y carros de guerra,
que hay quienes piensan que se trata de un ejército
real, transformado en arcilla por medio de una
tecnología desconocida proveniente de seres
extraterrestres.
El gobierno del Emperador Huangdi se prolongó
por espacio de 36 años y terminó
con su muerte, en 210 antes de Cristo. Autodeclarado
único señor de China, Huangdi dividió
el país en 42 provincias y sometió
la economía a un control centralizado.
Reclutó a la fuerza a millones de hombres
para trabajar en su vasto palacio y en grandes
proyectos como la Gran Muralla, canales de riego
y carreteras.
Para asegurar aún más su autoridad
bajo su régimen revolucionario y burocrático,
obligó a las familias ricas e importantes
a trasladarse a la capital para tenerlas vigiladas
en caso de que pensaran en la sedición.
Conocido como un viajero incansable por su inquietud
innata, este emperador chino recorría sus
dominios para controlar mejor a sus funcionarios,
esclavos y soldados con el fin de asegurar el
orden. Puso en práctica severas leyes con
el fin de suprimir las críticas a su gobierno
y prescribió la pena de muerte para aquellos
que se atrevían a cuestionar el presente
y alabar a los antiguos reyes. Muchos fueron los
que murieron por rebelarse al pesado yugo del
Emperador.
Decretó que todos los libros contrarios
a su política fueran quemados y cientos
de intelectuales y sabios fueron encarcelados
o asesinados por sus escritos históricos,
discursos y crónicas de la época.
Aquellos libros en forma de trozos de bambú
que molestaban al Emperador fueron calificados
de subversivos y a pesar de que algunos ejemplares
se preservaban en la biblioteca imperial, los
mismos no podían ser consultados sin el
consentimiento de los funcionarios competentes.
Los únicos que escaparon al holocausto
del fuego trataban de medicina, adivinación,
agricultura, etc.
De acuerdo a la autocracia absoluta que impuso
este emperador trató de extender su sistema
político no sólo al resto del país,
sino a otros territorios no chinos. Sobrevivió
a varios atentados de asesinato y como temía
a la muerte se empeñó durante años
en encontrar la droga de la inmortalidad. Murió
a causa de un largo viaje que realizó fuera
de su provincia y antes ordenó que su muerte
se mantuviera en secreto hasta que el cadáver
regresara salvo y seguro a Palacio.
Sólo me referiré a algo que me
llama la atención y que quiero compartir
con ustedes. Este año 2006, precisamente
meses antes y meses después de encontrarse
entre la vida y la muerte el Comandante en Jefe
Fidel Castro Ruz, quien ha gobernado a Cuba por
espacio de casi 47 años, murieron numerosas
e importantes personalidades políticas
y militares de su régimen, entre los que
pudiéramos mencionar a Armelio Ferrás,
asaltante del Cuartel Moncada, Rafael Valdés,
del Movimiento 26 de Julio, Alfredo Jordán,
ministro de Agricultura, Miguel Angel Martínez,
jefe artillero de las Milicias, Joaquín
Oramas, de la dirección del periódico
Granma, Raúl García Peláez,
embajador en la ex URSS, Reinaldo Muñoz,
de la jefatura del MINFAR, Ramón Opizo,
participante de movilizaciones militares en el
Escambray en 1961, Sergio Pérez, general
de brigada, Rigoberto Fernández, viceministro
de Comercio Interior, Bernabé Ordaz, comandante
del Ejército Rebelde y director del Hospital
Siquiátrico de La Habana, Ricardo Martínez,
fundador de Radio Rebelde en la Sierra Maestra,
Miguel Brugueras, embajador en diversos países,
Eddy Martin, destacado comentarista deportivo,
Oscar Azúa, teniente coronel, Nicodemus
López, funcionario del Comité Central
del Partido Comunista, Orlando Lorenzo Castro,
general de brigada y Manuel Fernández Crespo,
general de división del Ministerio del
Interior.
Todos, o casi todos, fueron sepultados en el
Panteón de las Fuerzas Armadas Revolucionarias
-FAR-de la necrópolis de Colón.
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