PRENSA INDEPENDIENTE
Noviembre 23, 2006

LABORALES
Ejército de arcilla

Tania Díaz Castro

LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org) - No puedo evitar que ciertos hechos que suceden en mi país me hagan recordar una extraña e insólita historia ocurrida al sudoeste de Beijing antes de Cristo, donde se descubrió en 1974 un ejército de arcilla a poca distancia de la tumba de Qin Shi Huangdi, primer emperador de China.

Numerosos investigadores afirman que se trata de acompañantes funerales, algo que formó parte de los preparativos para el deceso del Emperador.

Tanto se ha escrito sobre este enigmático ejército, compuesto de miles de hombres -todos diferentes-, caballos y carros de guerra, que hay quienes piensan que se trata de un ejército real, transformado en arcilla por medio de una tecnología desconocida proveniente de seres extraterrestres.

El gobierno del Emperador Huangdi se prolongó por espacio de 36 años y terminó con su muerte, en 210 antes de Cristo. Autodeclarado único señor de China, Huangdi dividió el país en 42 provincias y sometió la economía a un control centralizado. Reclutó a la fuerza a millones de hombres para trabajar en su vasto palacio y en grandes proyectos como la Gran Muralla, canales de riego y carreteras.

Para asegurar aún más su autoridad bajo su régimen revolucionario y burocrático, obligó a las familias ricas e importantes a trasladarse a la capital para tenerlas vigiladas en caso de que pensaran en la sedición. Conocido como un viajero incansable por su inquietud innata, este emperador chino recorría sus dominios para controlar mejor a sus funcionarios, esclavos y soldados con el fin de asegurar el orden. Puso en práctica severas leyes con el fin de suprimir las críticas a su gobierno y prescribió la pena de muerte para aquellos que se atrevían a cuestionar el presente y alabar a los antiguos reyes. Muchos fueron los que murieron por rebelarse al pesado yugo del Emperador.

Decretó que todos los libros contrarios a su política fueran quemados y cientos de intelectuales y sabios fueron encarcelados o asesinados por sus escritos históricos, discursos y crónicas de la época. Aquellos libros en forma de trozos de bambú que molestaban al Emperador fueron calificados de subversivos y a pesar de que algunos ejemplares se preservaban en la biblioteca imperial, los mismos no podían ser consultados sin el consentimiento de los funcionarios competentes. Los únicos que escaparon al holocausto del fuego trataban de medicina, adivinación, agricultura, etc.

De acuerdo a la autocracia absoluta que impuso este emperador trató de extender su sistema político no sólo al resto del país, sino a otros territorios no chinos. Sobrevivió a varios atentados de asesinato y como temía a la muerte se empeñó durante años en encontrar la droga de la inmortalidad. Murió a causa de un largo viaje que realizó fuera de su provincia y antes ordenó que su muerte se mantuviera en secreto hasta que el cadáver regresara salvo y seguro a Palacio.

Sólo me referiré a algo que me llama la atención y que quiero compartir con ustedes. Este año 2006, precisamente meses antes y meses después de encontrarse entre la vida y la muerte el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, quien ha gobernado a Cuba por espacio de casi 47 años, murieron numerosas e importantes personalidades políticas y militares de su régimen, entre los que pudiéramos mencionar a Armelio Ferrás, asaltante del Cuartel Moncada, Rafael Valdés, del Movimiento 26 de Julio, Alfredo Jordán, ministro de Agricultura, Miguel Angel Martínez, jefe artillero de las Milicias, Joaquín Oramas, de la dirección del periódico Granma, Raúl García Peláez, embajador en la ex URSS, Reinaldo Muñoz, de la jefatura del MINFAR, Ramón Opizo, participante de movilizaciones militares en el Escambray en 1961, Sergio Pérez, general de brigada, Rigoberto Fernández, viceministro de Comercio Interior, Bernabé Ordaz, comandante del Ejército Rebelde y director del Hospital Siquiátrico de La Habana, Ricardo Martínez, fundador de Radio Rebelde en la Sierra Maestra, Miguel Brugueras, embajador en diversos países, Eddy Martin, destacado comentarista deportivo, Oscar Azúa, teniente coronel, Nicodemus López, funcionario del Comité Central del Partido Comunista, Orlando Lorenzo Castro, general de brigada y Manuel Fernández Crespo, general de división del Ministerio del Interior.

Todos, o casi todos, fueron sepultados en el Panteón de las Fuerzas Armadas Revolucionarias -FAR-de la necrópolis de Colón.


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