|
HISTORIA
Antiguas monedas cubanas del siglo XIX
Richard Roselló
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- Cuba careció durante el periodo colonial
de una casa para acuñar monedas. En cambio
dependió de las que se imprimían
en México u otras partes del continente
hispano o en España. De cualquier manera
nuestras monedas se dividieron en varios tipos
y formas. Las había metálica, de
cartón, en forma de cordoncillo o redondas,
e incluso las cuentas de vidrio, el cuero de res,
las telas y otros tesoros de la tierra, además
de los eslabones de grandes cadenas de oro sirvieron
un tiempo de canje dado la escasez de monedas
existentes en la América española.
Lo cierto es que cada una de estos primeros
tipos se componía de varias monedas así
como cada una tuvo sus fracciones correspondientes.
Veamos a un grupo de monedas que circularon durante
buena parte del siglo XIX cubano.
La onza: circuló por todo el continente
americano. Y se acuñaró desde la
época de Felipe III hasta Fernando VII
a un valor de 320 reales. En Cuba fue la más
nombrada por su abundancia. Muchos de los seducidos
que llegaron a La Habana pensando que allí
el dinero estaba botado por las calles dio pie
a una anécdota. Resulta que un hidalgo
forastero de esos que venían de España
al desembarcar en el puerto, tropezó por
casualidad y por primera vez con un peso fuerte,
y le dio un puntapié arrojándola
a una esquina de basura y dijo "¡Diablos
ya llegan a perseguirme!".
En la Habana se les tuvo mucho cariño
a las onzas, sobre todo desde que a la plata se
le quitó el valor ficticio que tenían
cuando se independizaban varios países
del dominio Español. Tiempo fue que las
onzas de oro escasearon mucho, prueba que se les
cuidó y trató con celo.
Las onzas pertenecieron a la aristocracia, sean
estas españolas, mexicanas, colombianas
o cubanas. Llamábanse también una
amarilla por ser herederas del escudo de oro.
Su valor era de 16 pesos fuertes. Pero la onza
también tuvo sus caprichos. En la aduana
al llegar las mercancías, era la primera
en adquirirlo. Si iba al café, toma lo
que quiere, y sale sin pagar porque no hubo cambio.
Y así, lo hace con los cigarros fiados,
solo con enseñar la onza. El tabaquero
le fía porque vio la onza, el librero le
vende porque vio la onza.
Media onza (8,50 o una entera de 16 pesos) valían
como el precio de un criado doméstico.
Una onza equivale a 8 doblones o 16 escudos. El
doblón (de 4,25 pesos) abundó mucho
y mucho más el medio doblón (de
2,12 ½ pesos). No así el escudo
que no corre en el mercado, a no ser para repartir
a los padrinos y a vecinos mas allegados. Su valor
era de 12 reales, y solo sirvió para regalo
en los bautismos y a la criatura una prenda más.
El peso: Era la moneda de plata mas universal
que conocieron los habaneros, a pesar de darse
mas crédito a la onza. Su unidad monetaria
estaba presente en diversos países de América
y tuvo algunos valores (1 peso u ocho reales fuertes).
Para saber cuánto ganaba alguien se decía
¿Qué sueldo tiene fulano? 6 onza,
y Esperancejo? 25 pesos y don Juan? 4000 pesos
anuales.
Antes de 1838 un peso valía 4 pesetas
y hacia 1844 su valor se estandarizó en
5. Existieron también otras clases de pesos.
Al peso además, se le llamó duro,
fuerte y a la vez peso duro y peso fuerte. Era
una moneda algo grande fabricada en cobre. Con
todo era muy útil para la casa. Con ella
pagabas al medico en lugar de pagarle en pesetas
que era de mal gusto. Fue también el peso
un recurso para casa de donativo, la construcción
de alguna iglesia, puente, camino etcétera.
En los beneficios de teatros, era casi indispensable
llevar un peso fuerte para pagarles a los artistas
que debutaban esa noche. El peso duro sirvió
en igual para jugar al tajo, tango, tangano o
tanguillo los días festivos por la tarde.
Además del peso existió el medio
peso pero este, se veía muy poco.
La bula o peseta: Tuvo sus días de gloria,
de abundancia y poder. Y cuando soberana daba
leyes al oro, al peso y a los subalternos. Fue
durante los siglos XVII, XVIII y XIX la señora
del comercio. La que alistaba naves que cruzaban
mares y era el armador de los barcos negreros.
Ella tuvo varios nombres: isabelinas, columnarias,
sevillanas e hispanoamericana. Pero dejó
de ser peseta cuando llegó a puerto americano
valiendo cinco monedas de a 0, 25 o dos reales
fuertes impuesto en Cuba por 100 más que
en ultramar. En España se cotizaba un peso
en cuatro monedas de 25 reales.
La peseta desterró a los pesos bienhechores
y deportó muchas infinitas onzas. Ella
por su abundancia y poder, y por la escasez de
su existencia en la Metrópolis, le declaró
la guerra al oro y fomentó el contrabando.
El valor de la peseta isabelina bajo de 0, 25
a real y medio (0,05 pesos). Con la peseta isabelina
se iba al café, gastaba un medio y le devolvían
un real fuerte del que iba al correo, compraba
una carta a 1 real, da una bula y le devolvían
medio fuerte.
La peseta o bula fue una moneda histórica
y altamente conocida aunque varió según
el tiempo. Acuñada en diversos países
de América española valían
2 reales fuertes, o 5 de vellón, mientras
que la provincial o llamada sevillana, las carolinas
de principios del siglo XVIII valían 2
reales sencillos o 4 de vellón.
Se ignora quién dio a las pesetas el
nombre de bula, talvez su nombre proviene de que
mucho tiempo atrás costaba una peseta la
bula de la Santa Cruzada. Se piensa, además,
que la bula de la Santa Cruzada costaba 2 reales
ante la guerra de España con Napoleón
a principios del siglo XIX, para la cual se le
aumentó el medio que se estuvo pagando
por muchos años ¡Mejor nos inclinemos
por la segunda opción!
El real: En Cuba no se valorizaban los sueldos
ni las fortunas por reales de plata como lo fue
en España y eso que 1 real en Cuba valía
entre 2 y 2 ½ de allá. Se cuenta
que esta pequeña moneda fue labrada en
secas de América y a principios se le llamó
Carlos III con un valor de 2 reales y medio de
vellón (más de 68 maravedíes).
En una de sus caras estaba el retrato del Rey.
De allí, viajó a Cádiz, recorrió
Sevilla, Galicia y después retornó
a Cádiz hasta 1837 en que se envió
por barco a La Habana acompañado de un
grupo de pesetas y reales Sevillanas que tuvieron
cierta aceptación.
Aunque su valor era muy poco (0,10 pesos) comparado
con el que tuvo en España, aquí
valía el lavado de una camisa y en Cádiz
el jornal de una buena lavandera. Allí
se pagaba 40 reales (5 pesos) el alquiler de una
casa que aquí gana 4 onzas, es decir 496
reales; allí se pagaba con el real (0,10
pesos) el afeitarse dos barbas y al llegar a La
Habana los barberos exigían una con dos
personas más.
En La Habana apenas con medio real (0,5 pesos)
se podía costear el carbón para
cocinar la comida. Se gastaba allí cualquier
cosa: una mesa de billar, en pagar un mandado,
en darle a un negrito para que le lleve una carta.
Aquí 2 medios son 1 real y con ella se
podía comprar dos plátanos o cinco
papas.
|