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CULTURA
Cortesanos
Miguel Iturria Savón
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- Asistí a una sesión del proyecto
Libro a la carta, auspiciado por el Ateneo de
teoría y crítica literaria de Cuba,
en el Palacio del Segundo Cabo, donde, se presentó
el diplomático y poeta Rolando López
del Amo, quien leyó algunos de sus versos
y evocó sus viajes por China, Pakistán,
Sri Lanka, Myanmar, Maldivas y los Estados Unidos.
Salvando el tiempo y la distancia, la tertulia
y su disertante me hicieron recordar a los creadores
que leían sus poemas u ofrecían
sus esculturas a los mecenas renacentistas europeos.
Pensé en Miguel Ángel, Leonardo
y Rafael, cuyas obras llegan a nuestros días
gracias a su talento y al apoyo que recibieron
de mecenas con dinero y sensibilidad.
Escuchando los versos del cortesano habanero
pensé en otros intelectuales que alternan
su obra literaria, artística o cinematográfica
con las funciones burocráticas. Pensé
en algunos de ellos que viajan más que
Marco Polo a costa del presupuesto estatal, siempre
en "representación" de instituciones
que favorecen sus proyectos personales. Son hombres
felices que combinan las nostalgias del pasado
con las más lacerantes y triviales restricciones
burocráticas para mantener los favores
de los gobernantes.
Las cortes insulares son tropicales y posmodernas.
Actúan como espacios cerrados que encubren
las tensiones entre la política y las entidades
académicas y culturales. Giran en torno
al discurso oficial y aceptan la hegemonía
del Estado sobre la sociedad. Los cortesanos que
las integran toleran el silencio de la vida pública
y la economía del castigo impuesta por
la clase dirigente a quienes violan las normas
de la obediencia.
Los cortesanos son hombres cautelosos y entrenados
para ignorar las miradas que disienten del compromiso
político. Para ellos, el arte y la literatura
no es más que un punto de apoyo y eje de
la reflexión. Tal hipótesis justifica
la censura y admite la retórica panfletaria,
tan ajena a la realidad, siempre plural y nada
armónica.
La hegemonía institucional avala la plaga
de personajes que medran y sirven al diseño
político desde la cultura. La Casa de las
Américas, la Unión de Escritores
y Artistas de Cuba, el Instituto de Radio y Televisión,
el Fondo Cubano de Bienes Culturales y otros centros
normativos vinculados al ministerio de Cultura
y al Departamento Ideológico del Comité
central del Partido Comunista, han asumido el
rol de defensores de la ortodoxia oficial, empeñada
todavía en difundir lo epifánico
sin autocrítica.
Nuestras cortes y sus cortesanos gravitan en
la orbita revolucionaria sin importarle los giros.
Los que décadas atrás viajaban a
Moscú ahora lo hacen a Caracas, Beijín
y otras latitudes. Los contactos con el exterior
son la base de la subsistencia en un mundo que
se mueve por proyectos y cambia tan rápido
como la tecnología.
Aunque se han quebrado ciertas jerarquías,
y a pesar de las crisis de muchos rituales, los
cortesanos funcionarios conservan con timidez
el inolvidable y rancio lema "dentro de la
revolución todo, fuera de la revolución
nada", pronunciado por el caudillo que le
sirve de cortina y paradigma desde 1959. Tal vez
por esa manía de permanencia de un sistema
envejecido, sus cortesanos y sus instituciones
hieren la sensibilidad de los hombres libres que
escuchan los versos de los mercaderes de ensueños.
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