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POLITICA
La pesadilla china
Luis Cino
LA HABANA, Cuba - 18 de noviembre (www.cubanet.org)
- Dicen que con la enfermedad de Fidel Castro
y la transferencia provisional de poderes al sucesor
designado, se iniciaron los cambios en Cuba. Reza
un proverbio chino que toda caminata se inicia
con un primer paso. La sabiduría oriental
aplazó a discreción de los caminantes
la importancia de saber hacia donde caminan.
El futuro de Cuba después del Comandante
ha disparado toda clase de hipótesis y
elucubraciones. Una de ellas, producto del paternalismo
estatal y la indefensión ciudadana, es
que los cambios los realizará, a su modo
y ritmo, la cúpula gobernante. Sólo
ella. Se afirma que el Número Dos, ya casi
convertido en el Número Uno, y sus generales
verde olivo insisten en apostar por el modelo
chino.
Algunos ingenuos, para los que los derechos humanos
y las libertades políticas no existen,
hasta se ilusionan con la esperanza de que el
país prosperará si el mandarinato
de acá sigue las recetas del socialismo
de mercado de los mandarines del Lejano Oriente.
Me gusta hablar de mis pesadillas para que no
se hagan realidad. Últimamente, me ha dado
la manía, para exorcizar mis temores, de
hablar de dictadura militar a largo plazo, de
intervención extranjera, de guerra civil.
Chorreantes de sangre todas las pesadillas. Quizás
algo de cada cosa y más ya hemos tenido
en estos 47 años.
La única pesadilla nueva, Tiananmen incluida,
sería el modelo chino, eternizando la dictadura
a cambio de unas cuantas reformas económicas,
tratos preferenciales con Estados Unidos, enseres
domésticos y un puñado de pacotillas
baratas. Los disidentes a prisión, el ciberespacio
bajo control y nada de reformas políticas.
Como lo recetaron los camaradas Deng Xiao Ping
y Hua Guo Feng.
Con tanto tecnócrata pragmático
y general convertido en empresario, la experiencia
del comunismo chino dará una buena oportunidad
para desideologizarse.
Equilibrando el Ying y el Yang con el marxismo
y la disciplina militar, bailando un son cruzaremos
un lago helado con la vista fija en el futuro
luminoso del comunismo. Confucio, Lao Tsé,
Mao y Von Klausewitz lo previeron todo. Menos
el son.
Así, siguiendo la metodología de
los pedagogos del Celeste Imperio en su fase de
comunismo de mercado, la historia de Cuba en los
manuales escolares podrá ser narrada en
pocos capítulos. Bastarán para narrar
las guerras independentistas, las luchas obreras
y campesinas y la revolución de Fidel Castro.
Sin mucha violencia ni demasiada intransigencia.
Más que la historia importarán
la economía, la tecnología, la ciencia
y el idioma inglés.
Lo principal, además de preservar el poder
absoluto y los dogmas del Partido Único,
será el crecimiento económico y
la inserción en el mercado mundial.
Será una sociedad más armónica
en la que enriquecerse ya no será pecado.
Jerarcas, nuevos ricos y macetas gozarán
sus lujos y privilegios con bendición partidista.
Los que no tengan, que aprieten el
cinturón
y le den a los pedales de sus bicicletas Forever.
Hasta los presos podrán hacer su aporte
a la nueva sociedad. Las cárceles estarán
más llenas que ahora. Los reos condenados
a muerte podrán, como en China, "donar"
sus órganos. Tal vez, los paredones cubanos
logren superar para entonces el record chino de
1770 ejecutados en el año 2005. También
aquí a los familiares de los fusilados
le pasarán la cuenta por las balas.
Por suerte, para no morir, uno siempre despierta
a tiempo de las pesadillas. Incluso, de las pesadillas
chinas.
uicino2004@yahoo.com
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