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SOCIEDAD
BIR-04
Shelyn Rojas
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- Nora vive en el municipio del Vedado. Ya carga
con sesenta años. Las canas adornan una
melena corta. El descanso después de tantos
años de trabajo la hizo engordar. Le asignaron
el cargo de presidente de los CDR. Desde ese momento
tomó la tarea muy a pecho. Vigilaba la
vida de los vecinos, pero el dinero del retiro
apenas alcanzaba para comer.
Una permuta para un apartamento más pequeño
y dinero por arriba no venía mal. Su nuevo
apartamento es en una ciudadela cerca de su antiguo
apartamento. Ya la conocían en el solar.
La nombraron "Teté comité".
Una amiga le comentó sobre unos radiecitos
marca BIR-04 ensamblados en China. Le informó
que BIR eran las siglas de Batalla de Ideas Revolucionarias.
El precio de los radiecitos era de 10 CUC en moneda
libremente convertible. Si cortaban el fluido
eléctrico, los radiecitos tenían
cargas, se podía escuchar la emisora de
Radio Martí y lo más asombroso y
productivo para su labor de vigilancia, las llamadas
telefónicas de los vecinos más cercanos.
Tenía buen alcance, ya ella lo había
probado, no fallaban.
Claro, Nora no escucharía una radio subversiva,
como Radio Martí, donde todas las noticias
eran mentiras. Pero con un radio así, ya
no tenía que acercarse a las puertas, ni
estar pendiente de las paredes para escuchar los
comentarios de los vecinos. Desde su casa, cómodamente,
tendría a toda la ciudadela controlada.
Aunque no fuera presidente del CDR en esa cuadra.
Disfrutaba las infidelidades de Aída
a su esposo. Los días que Pedro decía
que iba a trabajar y acordaba donde esperaba en
el carro a Hortensia. Los negocios que se hacían.
Nora se sentía omnipresente como Dios.
La ciudadela estaba a merced de sus oídos.
Una noche, Aída cogió el inalámbrico
y salió de su casa. Por precaución,
no quería ser sorprendida, se escondió
en el portal de Nora. Se asustó al escuchar
su conversación en la casa de Nora. Se
asomó por la ventana y observó a
Nora, meciéndose en un sillón, sonriente
con el radiecito BIR-04 sobre la mesita.
Aída furiosa entró, la cojió
por los pelos y estrelló el radio contra
el piso -chivatona, descarada, le gritó.
En pocos segundos toda la ciudadela estaba mirando
el espectáculo. Aída no fue sorprendida
en su adulterio. Nora no se atrevió a hablar.
Tampoco se llamó a la PNR. Todo quedó
entre vecinos.
Nora tendrá que buscar otra permuta lo
más pronto posible. Los vecinos no la miran.
Cuando pasan por su lado, le dicen chivatona,
descarada. Todos vigilan que no entre con otro
BIR-04 a la ciudadela. Aída comenta que
si se atreve, la próxima vez la arrastra.
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