PRENSA INDEPENDIENTE
Noviembre 14, 2006

SOCIEDAD
BIR-04

Shelyn Rojas

LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org) - Nora vive en el municipio del Vedado. Ya carga con sesenta años. Las canas adornan una melena corta. El descanso después de tantos años de trabajo la hizo engordar. Le asignaron el cargo de presidente de los CDR. Desde ese momento tomó la tarea muy a pecho. Vigilaba la vida de los vecinos, pero el dinero del retiro apenas alcanzaba para comer.

Una permuta para un apartamento más pequeño y dinero por arriba no venía mal. Su nuevo apartamento es en una ciudadela cerca de su antiguo apartamento. Ya la conocían en el solar. La nombraron "Teté comité".

Una amiga le comentó sobre unos radiecitos marca BIR-04 ensamblados en China. Le informó que BIR eran las siglas de Batalla de Ideas Revolucionarias. El precio de los radiecitos era de 10 CUC en moneda libremente convertible. Si cortaban el fluido eléctrico, los radiecitos tenían cargas, se podía escuchar la emisora de Radio Martí y lo más asombroso y productivo para su labor de vigilancia, las llamadas telefónicas de los vecinos más cercanos. Tenía buen alcance, ya ella lo había probado, no fallaban.

Claro, Nora no escucharía una radio subversiva, como Radio Martí, donde todas las noticias eran mentiras. Pero con un radio así, ya no tenía que acercarse a las puertas, ni estar pendiente de las paredes para escuchar los comentarios de los vecinos. Desde su casa, cómodamente, tendría a toda la ciudadela controlada. Aunque no fuera presidente del CDR en esa cuadra.

Disfrutaba las infidelidades de Aída a su esposo. Los días que Pedro decía que iba a trabajar y acordaba donde esperaba en el carro a Hortensia. Los negocios que se hacían. Nora se sentía omnipresente como Dios. La ciudadela estaba a merced de sus oídos.

Una noche, Aída cogió el inalámbrico y salió de su casa. Por precaución, no quería ser sorprendida, se escondió en el portal de Nora. Se asustó al escuchar su conversación en la casa de Nora. Se asomó por la ventana y observó a Nora, meciéndose en un sillón, sonriente con el radiecito BIR-04 sobre la mesita.

Aída furiosa entró, la cojió por los pelos y estrelló el radio contra el piso -chivatona, descarada, le gritó. En pocos segundos toda la ciudadela estaba mirando el espectáculo. Aída no fue sorprendida en su adulterio. Nora no se atrevió a hablar. Tampoco se llamó a la PNR. Todo quedó entre vecinos.

Nora tendrá que buscar otra permuta lo más pronto posible. Los vecinos no la miran. Cuando pasan por su lado, le dicen chivatona, descarada. Todos vigilan que no entre con otro BIR-04 a la ciudadela. Aída comenta que si se atreve, la próxima vez la arrastra.


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