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CORRUPCION
Cazadores de nubes
Jorge Olivera Castillo
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- De no haber sido por la corrupción el
socialismo cubano no hubiera alcanzado tal longevidad.
No, no estoy divagando en los ámbitos del
disparate, no quiero establecer las coordenadas
para que los lectores caigan en los remolinos
de la confusión. Nada de eso. Simplemente
ha puesto en perspectiva la agudeza, sin el maquillaje
de la parcialidad y lejos del azogue de los espejismos.
Más que una falla en el diseño
político, prefiero verlo como una estrategia
con vistas a distorsionar los valores morales
y obtener dividendos a través de la humillación
y el chantaje, para de ésta manera conseguir
un nivel de compromiso ideológico necesario
para el mantenimiento del status quo. Es decir,
la capacidad de movilizar, la lealtad -en apariencias
rayana en el fundamentalismo- de la mayoría
de la población al liderazgo unipersonal.
¿Quién, en su sano juicio, puede
creer que en 47 años de gobierno el Partido
Comunista obtenga el mismo nivel de aceptación?
¿Es normal la existencia de un estado general
de pobreza por un lado y la incondicionalidad
popular masiva por otro?
Son dos interrogantes que deberían plantearse
los defensores a ultranza del proyecto que ha
transitado del espíritu revolucionario
de antaño hasta un totalitarismo que nada
tiene que ver con la idiosincrasia del cubano
y mucho menos con factores culturales e históricos,
ambos marcados por un estilo muy peculiar, ajeno
a las formulaciones del marxismo-leninismo.
La permisividad de cierto margen de ilegalidades,
junto al ejercicio de una represión selectiva
y científica, podrán considerarse
como dos baluartes a tener en cuenta cuando se
analiza la estabilidad del régimen, que
pese al efecto acumulativo de las dificultades
mantiene el nivel de control necesario para evitar
el caos en sus versiones más peligrosas.
Evidentemente el desorden es real, en ocasiones
alarmante, pero existen compensaciones que permiten
un balance dado en favorecer la ecuación
gubernamental. Es una cuestión de tácticas
muy bien calibradas que se fundamentan en estudios
tanto sociológicos como psicológicos
de la naturaleza del cubano y por extensión
de sus reacciones ante escenarios previamente
creados o admitidos en el rango de las eventualidades.
En Cuba hay un hecho insoslayable. El robo encierra
un valor, una distinción social que arrolla
todos los estigmas. Es un apéndice de la
cotidianidad a prueba de amputaciones. ¿Quién
puede vivir con un salario que promedia unos 16
pesos convertibles, es decir algo más de
20 dólares al mes? Dudo que alguien armado
de decencia y honestidad se atreva a afirmar que
les es posible sufragar sus necesidades básicas
con estos honorarios.
De éste árbol marchito, se desprenden
buena parte de los delatores que dotan de eficacia
el trabajo policial, la disponibilidad para las
tareas organizadas por el Partido, el personal
para los actos de repudio de las para-policiales
Brigadas de Respuesta Rápida, o los cientos
de "voluntarios" que se presentan ante
las convocatorias de los Comités de Defensa
de la Revolución. En múltiples casos
es el precio a pagar tras ser advertidos de alguna
implicación delictiva o simplemente es
el escudo para cubrir los hurtos convertidos en
el medio para potabilizar el amargo sabor de las
penurias.
Por cierto, los más eficientes ladrones
provienen de los altos puestos ministeriales o
administrativos que en un por ciento notable son
militantes del Partido o de la Juventud comunista.
Su ideología es el refrigerador desbordado
de provisiones, las juergas de toda índole
y el automóvil privado o de matrícula
estatal con su correspondiente stock de combustible.
La situación cobra matices surrealistas.
Por ejemplo un cajero de una cafetería
situada en la lujosa barriada de Miramar acopia
entre 80 y 100 pesos convertibles en días
alternos (entre 100 y 120 dólares), gracias
a sus habilidades para la extorsión y el
fraude. En cambio un científico, incluso
con una maestría, sólo percibe alrededor
de 26 pesos convertibles (32 dólares) mensualmente
y cada semestre cobra un estímulo de 50
pesos convertibles.
Según la postura del gobierno referente
a la corrupción, al asunto rebasa los límites
impuestos. Ahora se idean planes para disciplinar
a los millones de infractores. Anuncios de castigos,
amenazas, algún que otro incidente puesto
en la palestra pública para frenar la acción
de las huestes de pillos, pero pierden la perspectiva
al obviar que se encuentran en una selva de complicidades
y experiencias en el arte de burlar los controles.
Particularmente creo que se enfrascan en cerrar
entre las manos una cordillera de nubes. Pues
no hay que ser experto para vaticinar éxitos
marginales y casi seguro señales de descontento
de mayor magnitud. Lo han sostenido con palabras
muy claras. "La revolución puede autodestruirse".
La sentencia viene de las cumbres del poder. Ironías
del destino.
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