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POLITICA
El derecho de emigrar
Miriam Leiva
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- Migraciones y Desarrollo fue el tema central
de la XVI Cumbre Iberoamericana efectuada en Montevideo,
Uruguay, del 3 al 5 de noviembre. Por el gobierno
de Cuba asistió Carlos Lage Dávila,
vicepresidente del Consejo de Estado.
El Dr. Lage, comenzó su discurso con
la aseveración de que emigrar es un derecho
que debe ser respetado. En Cuba, se requiere un
permiso de las autoridades para salir y regresar.
Miles de personas esperan el beneplácito
del totalitarismo, desde profesionales de la salud
y la educación hasta opositores políticos,
como la Dra. Hilda Molina y su enferma anciana
madre.
El vicepresidente continuó: "Tener
que emigrar, que abandonar la Patria y la familia
para garantizar la alimentación, la salud
y la educación de los hijos, es injusto
y cruel." De ello se desprende que ningún
cubano se encuentra en esas situaciones. Nada
más ajeno a la realidad. La mayor parte
de la población cubana se crió escuchando
que si no le gustaba el sistema, se tenía
que marchar; una forma práctica de garantizar
obediencia y doble moral hasta que se logren modos
de evadirse, así como deshacerse de la
oposición política.
En Cuba, se ha profundizado la crisis económica,
política y social en el curso de la última
década, debido al voluntarismo de las autoridades.
La población no puede alimentarse adecuadamente
porque los salarios y pensiones son muy bajos,
y los productos muy caros. Los sistemas de salud
y educación acusan un deterioro progresivo,
tanto por el movimiento del personal calificado
hacia el turismo y otras labores en búsqueda
de mejores salarios, el envío por el gobierno
al extranjero y la emigración voluntaria,
como por el ruinoso estado de los hospitales,
y la inexistencia de medicamentos y materiales
escolares.
Es realmente penoso que los cubanos participantes
en esas "misiones en el extranjero",
con su altruismo hacia los necesitados, sacrifiquen
la compañía de sus familias y reciban
míseros emolumentos, cuando usualmente
el gobierno cobra elevadas sumas por su labor.
El compromiso de Montevideo sobre Migraciones
y Desarrollo, suscrito por los dignatarios en
la Cumbre, en su Punto 5 señala que "la
migración guarda estrecha relación
con la falta de desarrollo, la afectación
de los derechos humanos, la pobreza, los desastres
naturales, la inestabilidad política, la
búsqueda de mejores condiciones de vida,
la inequidad en la distribución de la riqueza
y la falta de oportunidades para el desarrollo
humano, que son las causas que la provocan."
Esos problemas se dan en Cuba con gran crudeza,
solapada por la represión y el totalitarismo
político.
En el Punto 8 se reconoce la importancia de
la contribución del trabajo de los emigrantes
al crecimiento de las economías de los
países de acogida y de origen. En Cuba,
se difunde y critica la incentivación de
los países desarrollados a las personas
calificadas para que emigren, pero se esconde
que los cubanos de adentro no tienen estímulo
para crear y desarrollar sus potencialidades humanas
e intelectuales. Eso explica por qué la
misma persona languidece frustrada en este país
y de pronto florece en cualquier otra sociedad,
a pesar de lo competitiva que pueda ser.
"Remesar dinero a las familias es un noble
empeño que debe ser facilitado. Que una
nación tenga que vivir de las remesas es
una humillación", expresó el
Dr. Lage. En Cuba, las remesas constituyen la
fundamental entrada neta de divisas; un salvavidas
imprescindible de la economía hasta que
llegara Venezuela, permanente humillación.
Pero, más aún, la diáspora
cubana que se sacrifica por sus familias ve cercenados
sus esfuerzos arbitrariamente gracias al elevado
gravamen que el gobierno isleño impone
al canje por moneda libremente convertible (CUC),
fundamentalmente al dólar, mientras los
receptores deben pagar precios exorbitantes en
las tiendas estatales de venta en divisas.
"Procuraremos incentivar oportunidades que
motiven el mejor aprovechamiento de esos flujos
en actividades productivas y de inversión
que favorezcan a las familias y comunidades de
origen de los emigrantes", se señala
el punto 12 del Compromiso. Evidentemente los
cubanos no conocerán los compromisos contraídos
por sus gobernantes. En el Archipiélago,
ningún nacional puede tener negocios. Además,
quien emigra pierde sus pertenencias; si no entrega
todo al Estado, no recibe la tarjeta blanca
En el Compromiso se hacen muchas referencias
al respeto y promoción de los derechos
humanos, y se cita el contenido de la Declaración
de la Organización Internacional del Trabajo
(OIT) sobre los Principios y Derechos Fundamentales
en el Trabajo. Previsiblemente, los representantes
cubanos pensaban sólo en las obligaciones
de los países receptores. Los trabajadores
en el Archipiélago no tienen esos derechos,
y cuando procuran promoverlos, pueden ser enviados
a la cárcel, como son los casos de Pedro
Pablo Álvarez, condenado a 25 años
durante la Primavera Negra del 2003, y otros sindicalistas
independientes.
La reunificación familiar de los emigrantes,
contemplada en el Punto 25, inciso e) del Compromiso,
es muy difícil. El gobierno de La Habana
no permite el retorno del emigrante permanente,
y no le otorga autorización de visita si
considera que incumple los requisitos políticos
elementales, como criticar al gobierno, o vincularse
a organizaciones y familiares opositores
"Adoptar las medidas necesarias para la
pronta y adecuada puesta en vigor del Convenio
Interamericano de Seguridad Social y fomentar
acuerdos en esta materia, con el objetivo de que
los emigrantes puedan gozar, en sus países
de origen, de los beneficios generados con su
trabajo en los países receptores",
está contenido en el acápite k del
Punto 25. Las decenas de miles de cubanos dispersos
por Venezuela, Bolivia y otros países seguramente
no sabrán que el gobierno que los envía
ha suscrito este compromiso, mucho menos podrán
beneficiarse quienes "se marcharon".
Defrauda que los mandatarios de Ibero América
no hayan plasmado ninguno de los graves problemas
que afronta el pueblo cubano hoy. Se limitaron
a aprobar una declaración y muchos párrafos
impuestos por los representantes de Cuba, pero
resultaron incapaces de solidarizarse con el pueblo,
cuyos derechos humanos se violan sistemáticamente.
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