PRENSA INDEPENDIENTE
Noviembre 10, 2006

CULTURA
Golpeando la memoria

Tania Díaz Castro

LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org) - "Golpeando la memoria", Ediciones UNION, 2005, es un libro testimonio escrito por Daisy Rubiera Castillo, investigadora y ensayista cubana que narra la vida de la poetisa y escritora de novelas radiales Georgina Herrera (1936), una mujer, que, como dice el prólogo, es además "una pequeña llamita ardiendo desde hace setenta años".

Conocí a la poetisa en aquella famosa Casa de los Poetas, situada en Cuarteles 52, en la Habana Vieja, a pocos pasos de La Loma del Angel, donde Cirilo Villaverde inmortalizó en 1839 a su Cecilia Valdés. Allí, pero en 1958, escuché a Georgina leyendo con miedo y timidez sus poemas, mientras Francisco Riverón Hernández, Carilda Oliver Labra, Luis Angel Casas, Manuel Díaz Martínez, Raúl Ferrer, Rafael Enrique Marrero, el periodista de Bohemia Bernardo Viera, Angeles Caíñas, dueña de aquella casa colonial y muchos otros, nos reuníamos cada sábado a las ocho de la noche para leer versos y hablar de literatura.

Luego continuó nuestra amistad sin tropiezo alguno durante largos años, porque Georgina es uno de esos seres -así lo recuerdo-, que no habla en voz alta, solitaria, equilibrada, silenciosa, lenta e inspiradora de confianza. Fue una amiga, lo confieso cerca del final de nuestras vidas, a quien nunca llegué a conocerle su universo interior. En una ocasión, cuando me confesó que amaba secretamente a su amante, un pintor mucho mayor que ella, no dejó de sorprenderme, acostumbrada a ver imperturbable su corazón.

Alberto Rocasolano, uno de nuestros mejores poetas e investigadores literarios, destaca que la poesía de Georgina "…veraz y auténtica, transcurre como en silencio, pero situada en sitio perdurable."

Si ha podido mantenerse en ese mundo convulso de la intelectualidad cubana por espacio de 47 años, menospreciado por la nomenclatura y saturado de policías políticos que espían sobre todo al que tiene criterios propios, ha sido porque mi amiga Georgina es también una de esas personas que aguantan carretas y carretones sin chistar, de las que se sientan en la última fila de una reunión para no llamar la atención de nadie.

En su libro "Golpeando la memoria", no deja de confesar lo mucho que se ha sentido rechazada por ser negra, a pesar del castrismo, que tanto presume de haber abolido el cáncer de la discriminación racial. Y era lógico. La Sección de Literatura de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, a la que pertenece, tenía entonces en su membresía cerca de doscientos miembros -dicen que hoy son más de quinientos-, mientras que los escritores negros no pasaban de diez.

"Golpeando la memoria es un libro ameno", lleno de vivencias que estremecen y desgarran. Como toda muchacha pobre de pueblo, la vida de Georgina transcurre igual o peor, sólo que la suya es diferente: escribe poesía y mira más allá de los pájaros que vuelan.

Me dolió en lo más hondo cuando leí que, de adolescente, se apretaba la nariz con un palito de tender ropa para tener una nariz de blancos, cuando la supe rebelde ante la tiranía del padre, cuando reconoce la necesidad infantil de creer en los Reyes Magos, cuando su madre le aconseja que no escriba sobre el amor, cuando recuerda con nostalgia los vagabundos y los vendedores ambulantes de Jovellanos, su pueblo natal. Pero sobre todo, me dolió Georgina cuando un día me contó en plena calle la muerte de su hijita, de mirada y sonrisa vivaracha, que recuerdo.

Es por eso que le perdono cualquier cosa a esta amiga, que al parecer ya no lo es, porque nos separa la triste realidad de nuestro pueblo. Ella se ha quedado del lado de los poderosos y yo del otro. Hasta le perdono que en su libro "Golpeando la memoria" no le agradezca a aquél noble y generoso amigo que teníamos en común, el poeta Francisco Riverón Hernández, el hecho de haberla dado a conocer en la Casa de los Poetas, como él también hizo conmigo. Cuando menciona al amigo muerto, de pasada, ni siquiera se acuerda de su nombre completo. ¿Lo olvidó acaso porque durante los primeros años de la Revolución fue Riverón el primer poeta en escribir poesía disidente, por haber sido reprimido salvajemente -sólo por eso- por agentes de la Seguridad del Estado?

Guardo con mucho cariño un libro deteriorado y viejo titulado "Gitana", del poeta y periodista independiente cubano Rafael Alcides. Me lo dedicó así en 1962: "Gracias, Tania, muchas gracias." Sólo él y yo sabemos por qué estamos agradecidos uno del otro. Es muy linda la gratitud.


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