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Decente
desafío
Oscar Peña, El
Nuevo Herald, 4 de noviembre de 2006.
Desde hace varios años participo en un
programa de Radio Martí donde abordamos
los diferentes temas de nuestro país. Comencé
exactamente con la entrada de Pedro Roig como
principal de Radio y TV Martí. Fue él
quien me propuso. Demostró ser un profesional,
un demócrata verdadero y un eficaz rector
de las transmisiones para Cuba. Quería
amplitud de opiniones y verdadero debate de ideas.
No quería mesas y programas de análisis
aburridos y totalitarios donde todos dicen lo
mismo, como las mesas redondas de Cuba.
Radio y TV Martí envían lecciones
democráticas para Cuba con el ejemplo.
La mejor arma para demoler dictaduras. No hay
censura de ningún punto de vista. Su proyección
es como la vida en los países libres: un
abanico de ideas. No editorializan las noticias,
no cambian ni agregan palabras al texto del cable
noticioso de la agencia que lo emite; no sacan
del aire, ni prohíben una intervención
de alguien porque la opinión del productor
o director del noticiero o programa no coincida
con ella. Su presentación es una invitación
responsable y democrática al oyente a discernir
libremente y tomar decisiones sobre lo que escuchan.
Radio y TV Martí están avaladas
con el crédito que da la seguridad del
valor político y democrático. Sólo
un ejemplo: yo he criticado duramente en ellas
los actos terroristas de Luis Posada Carriles
y Orlando Bosch como hechos criminales que, lejos
de derrumbar al régimen comunista de Cuba,
lo han alargado más. Han matado a inocentes.
Fidel Castro ha asesinado a centenares de cubanos,
ha tumbado avionetas civiles, hundido remolcadores
llenos de niños, ha separado a un pueblo,
y estos contrarios también han tumbado
aviones civiles, han puesto bombas en hoteles,
y han intentado aislarnos de la isla. Han sido
iguales de dañinos para la nación
cubana. La esencia de este punto es que jamás
he sido censurado, jamás se me ha dicho
en Radio y TV Martí qué puedo y
qué no puedo decir.
Hoy, llegando el pueblo cubano a medio siglo
sin alternativas de opinión, es Radio y
TV Martí quien han hecho la diferencia
en el panorama cubano. Yo emito mi opinión
moderna y moderada, pero también llegan
a Cuba las opiniones diferentes, duras, intransigentes
y de enfrentamiento poco productivo políticamente.
Y es propiamente ese arcoiris de opiniones en
su programación la mayor desmoralización
y victoria en la batalla de ideas ante el régimen
cubano. ¿Acaso pueden los miembros de la
Mesa Redonda de Cuba --como he podido hacer yo
en Radio y TV Martí-- criticar al Miami
cubano y a la disidencia interna, pero también
criticar al régimen por el crimen del remolcador
13 de Marzo, o últimamente por el dengue
que está matando a decenas y decenas de
cubanos? El miedo y el totalitarismo callan a
la prensa oficial de Cuba. Sin embargo, la libertad
y la democracia abren la boca a todos en Radio
y TV Martí.
Desde dentro de Cuba me jugaba mi vida y mi libertad
hablando por Radio Martí sin recibir ni
un centavo de dólar. Después de
mi llegada a Estados Unidos lo seguí haciendo
--más de 10 años-- sin recibir tampoco
un centavo. También lo hicieron Olga Connor,
Pablo Alfonso, Carlos Alberto Montaner, Wilfredo
Cancio Isla, Helen Aguirre (gracias por sentirte
cubana), Ninoska Pérez Castellón
y muchos más. Puro amor a la libertad de
Cuba. Es sólo en estos momentos que por
los códigos de la institución me
abonan una pequeña remuneración.
Pero, como expresó Juan Manuel Cao, también
lo seguiría haciendo gratis.
Hace apenas una semana he recibido la alta responsabilidad
de una invitación del compatriota Luis
Zúñiga, de la dirección de
Radio y TV Martí, para tener un pequeño
comentario semanal para Cuba. Y ante tanta confusión
sembrada en el pueblo de Cuba con los que hablamos
por Radio y TV Martí, quiero compartir
con los lectores parte del texto de mi primer
comentario, ya emitido, para la isla:
Pueblo de Cuba, deseo que mis primeras palabras
sean para establecer una cuestión de principios.
Hablo por Radio Martí y escribo en El Nuevo
Herald de Miami porque en Cuba no tenemos los
cubanos la oportunidad de hacerlo. Emplazo a la
dirección del gobierno cubano a que me
permita hacer estos libres comentarios por la
radio nacional de Cuba y no lo hago más
por Radio Martí. Reto a las autoridades
de Cuba a que me permitan tener una columna de
opinión en el periódico Granma y
no escribo más en El Nuevo Herald de Miami.
El desafío está hecho. No somos
mercenarios. Los que hablamos por Radio y TV Martí
somos cubanos sin tribuna dentro de nuestro país
y aprovechamos la solidaridad de Estados Unidos.
Deseo que mi pueblo tome este desafío y
declaración de principios como una bandera
de defensa del porqué tenemos que hablar
y escribir por medios extranjeros.
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